Una boleta y algo más
Un recibo de esmalte para uñas esta dentro de uno de mis bolsillos. Llego a mí un miércoles, un miércoles del mes de mayo. Sigue en mis bolsillos, más que una ayuda a mi memoria, es una justificación de ¿Por qué diantres sigo pensando en el tema? El tormento vivo y presente, que, por alguna razón es el disidente en la dictadura de mis sentimientos, este tormento, me ayuda a recordarla, ya que si fuese solo una sensación agradable, de satisfacción y buen porvenir, la chica del recibo solamente sería una mujer que recibió un esmalte de uñas en algún momento de mi tiempo, donde ella fue lo que yo dispuse que fuera.
La primera vez que la vi, fue un día de esos en donde las personas te hablan y tu respondes, ellos asienten y discrepan con un sereno tono de voz y un rostro impío, no rígido, si no planificado, como si ellos hubiesen dispuesto una escena o si ellos mismos fuesen los personajes de su propia obra. Pero, en esas obras escogidas para cierto tipo de público, para cierto escenario, cuando escoges tu vestuario y maquillaje con respecto al dinero o material que se disponga, cuando te acoplas a lo que el público desea, es decir el teatro de nuestros tiempos. Entonces ¿Qué puedes hacer más que responder?, ¡Tu eres el publico! Y a la vez el actor. Aplaudir seria disipar mucho en la entonación del dialogo y su armonía en el tiempo, a la par del caos social que produciría, no nos queda más que gesticular programando la respuesta condicionada por lo que pregunta el tipo o chica, solo si es un día de esos en que respondes todo lo que te preguntan, diciendo, absolutamente nada
Bueno, en uno de esos días pude observarla… ¿Observarla?, creo que no la observe, tampoco la divise ya que no me fije en su todo, su todo no me atrajo tampoco ni en ese momento o en otro, por lo tanto no la vi. Fue tal vez su despampanante retraso de adaptación, al mundo que ella había escogido para transitar ese día, era una extraña en un ambiente hostil y desconocido, quizás fue eso, o tal vez la sombra que contrastaba su nariz respingada, una fina nariz la cual amparaba sus labios húmedos, carcomidos a simple vista por sus feroces dientes, que a ojo primerizo presentaba nerviosismo, rabia o simple aburrimiento. Toda la fantasía era escoltada por una capucha oscura de lana sintética.
Me otorgaba, a mí, un lacayo, un discípulo de su imagen, una representación viva de lo que a mi vida le faltaba, o quizás no faltaba, tal vez ella simplemente era un intruso, que no siendo llamado, que queriendo hacer nada, penetra mis defensas que fingen combatir, y se recuesta a mi lado, no conmigo, espalda frente a espalda, mirando las paredes grises de una habitación gris, que sin acogernos, nos recibe y nos pan tiene encerrados en ese sucucho en el tiempo.
La primera parte de un cuento corto en el que trabaje hace unos años, la segunda parte la enviare cuando este corregida, y preparada para que puedan disfrutarla, si gustan.
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