Dentro de mi "pequeña" biblioteca personal he visto la presente obra escrita por mi. Está a punto de salir a la venta para una importante libreria multimedia por lo que solo puedo poner el primer capitulo. La historia nos traslada a la ciudad de Barcelona, el protagonista cansado de una absurda rutina, vivia por todos en una gran ciudad, desea cambiar su estilio de vida pero no sabe como. Finalmente la amistad con una chica le ayudará a ello aunque para se verá inmerso en una trama donde un asesino decide como debe hacer su vida. Amistad, valores, vida cuotidiana, pinceladas de sangre (en su grado más minimalista) y jovialidad se dan la mano en una novela que si bien no es un best seller es algo con lo que disfruté y eso se nota en el resultado final ^^
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Sus noches eran eternas cuando sus ojos no se cerraban más que para un breve respiro de tranquilidad. Estaba claro para Scout: sufría de alteraciones de sueño, giraba sobre su cama hacia un lado y otro intentando conciliar un sueño que nunca llegaba. Cruelmente se había acostumbrado a aquel hecho, no le importaba que cada noche se tuviera que pasar horas y horas frente a un ordenador navegando por internet. No le importaba ponerse a escribir sobre su escritorio bajo una tenue luz mientras conectaba unos auriculares a un reproductor de música para evitar molestar a sus padres. Scout era un ave nocturna capaz de ver más allá de la oscuridad, para el madrugar no era un suplicio: era una liberación.
Los días para Scout no eran más que simples rutinas monotemáticas: de casa al trabajo
y del trabajo a casa:
Absurda monotonía – pensaba.
Como cada mañana llegó tarde a su trabajo aparentando una sospechosa prisa que en realidad no era más que una ligera espera por permanecer libre del trabajo durante más tiempo. Y no era que su trabajo no le gustase: trabajaba en las oficinas de una fábrica de acero en un polígono industrial de su ciudad, sentado en una mesa de despacho rodeado de gente dedicada al trabajo. No le importaba que a menudo le encargasen recados más propios de gente con cargo inferior, no le importaba que cada dos por tres tuviese que salir de su empresa para ejercer de repartidor o de simple recadero. Lo que realmente le molestaba a Scout era el poco tiempo para vivir del que disponía, estaba claro: para él aquello no era vida, a sus 22 años su vida ya permanecía sumida en una cruel rutina de la que siempre es difícil escapar. Los buenos momentos no eran más que breves minutos de reloj que siempre corrían más de lo normal, los momentos de diversión eran más bien breves, carecientes de emociones fuertes. Por eso Scout aprovechaba cada uno de aquellos instantes como si fuera el último, un instante de risa podían significar varios instantes de agobio y de desilusión por aquella absurda monotonía que le había tocado vivir.
Cruelmente dentro de aquella vida en la que estaba sumido Scout sabía que aquello era ley de vida: la gente vivía para trabajar y no trabajaba para vivir y el no iba a ser menos. Él no era más que otra piedra mas en el mundo, conocía la palabra libertad pero para él aquella no era más que una palabra sacada de algún cuento de hadas, la libertad no era más que una panacea idealizada por un alto cargo de alguna empresa para disimular una cárcel. A pesar de aquello siempre soñaba con romper aquella rutina y escapar de todo aquello, y en cierto modo lo conseguía. Scout era más bien un atípico soñador de sangre joven, soñaba con que algún día el ser humano encontraría el real significado de la vida y tenía bien claro que vivir para trabajar no era vivir. Dentro de una lógica y esquematizada sociedad Scout no era más que un simple grano de arena, al fin y al cabo el mundo no se componía de castillos sino de granos de arena. Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes…todos los días el mismo camino, las mismas caras de sueño a las siete de la madrugada, los mismos autobuses, los mismos pasos, los mismos gestos, las mismas palabras. Los sábados eran más bien distintos, unas compras en supermercados y momentos para sí mismo basados mayoritariamente en conexiones a internet. Scout sonreía al verse a sí mismo: toda una vida pegada a una silla, cruelmente era feliz, dentro de su inamovible vida, cruel consigo mismo ¿a quien pretendía engañar? El trabajo la había borrado cualquier rastro de amistad con cualquier persona, cualquier ápice de conversación con alguien que no se escondiese detrás de la pantalla de un ordenador… a excepción de Frank, un amigo de la infancia que trabajaba en un bar familiar y con el cual pasaba breves instantes los fines de semana:
- ¿Te quejas de tu trabajo, tú que llegas, te sientas y esperas que te traigan el trabajo?
– Replicaba Frank en tono irónico. – No sabes que es trabajar en un bar de ocho de la mañana a doce de la noche -.
- Al menos tú estás al lado de casa – respondía Scout.
- ¿Y crees que sirve de algo tener la casa al lado del trabajo si apenas puedes estar dentro de ella? –.
Scout debía callar a media sonrisa, si alguien conocía bien a Scout ese sin duda alguna era Frank, incluso podía decirse que lo conocía mejor que él mismo. A sus veintidós años y tras más de diecisiete años de amistad Frank conocía todas las reacciones de Scout…menos aquellas que Scout hacía sin que nadie se esperase que por desgracia solían ser bastantes.
A saber en qué estarás pensando – comentó Frank.
Buena pregunta… eso mismo me gustaría saber a mí – respondió Scout.
Frank miró extrañado a Scout, estaba claro que por más que Frank esperase cualquier tipo de reacción por parte de Scout este siempre le acabaría sorprendiendo. La mente de Scout era demasiado compleja como para relacionar un hecho con una palabra, no se podía esperar menos de una persona que combinaba a la perfección la música más radical con la poesía más romántica y tierna que se pudiese escribir. Los días pasaban en la vida de Scout sumidos en una absurda monotonía que algún día esperaba romper.
Pero aunque la realidad fuese con los pies en la tierra y sumiendo la vida que le había tocado vivir Scout soñaba, soñaba con escapar de todo, con romper esas cadenas que poco a poco le aprisionaban. Soñaba con escapar de aquella ciudad a pesar de saber que el mar a veces solo era silencio. Podía amar mucho a aquellas calles de una Barcelona que había crecido a base de ladrillos, a base de especulaciones, de manipulaciones electorales, de eventos temporales, de estatuas sin sentido de falsos héroes sin caballo. A pesar de todo aquello era su ciudad, había nacido en ella y se había criado en sus calles y no todo el mundo podía decirlo, unido estrechamente a su barrio Scout sabía que para conseguir la libertad que tanto añoraba tendría que perder todo aquello pero ¿ quién piensa en cuanto deja si sueña con la libertad ?.
Para Scout la patria no existía, podía echar de menos a la gente pero nunca a un pedazo de tierra por mucho tiempo que viviese en ella, uno no se siente terrateniente de nada excepto de los momentos vividos, uno no tiene objetos materiales: tiene recuerdos de instantes. Para Scout lo material era innecesario, lo necesario eran los sentimientos y los recuerdos, un hombre puede vivir sin un coche pero no sin una carretera, la vida estaba hecha de instantes no de objetos. Él era feliz con lo que tenía: una guitarra eléctrica, un ordenador y un reproductor de música, no era más feliz que nadie por tener más o menos objetos, estaba claro: era idealista. Tenía ideales, basados en la conjunción de varias ideas establecidas por una sociedad que él odiaba, era como coger migas del pan de diferentes lugares para crear una sola barra de pan y, a diferencia del resto de la gente, luchaba por conseguirlos a pesar de que para ello se tuviera que enfrentar a su peor enemigo: él mismo.
Un día más, un día menos, los mismos instantes, las mismas palabras, las mismas palabras, las mismas canciones en su reproductor de música, los mismos sueños, las mismas formas de conseguirlos. Scout tenía bien claro que si quería conseguir sus sueños tendría que replantearse su manera para conseguirlos, replantearse su actitud ante la vida, pensar un poco más con los pies en la tierra aunque siempre caminando hacia delante. No importaba dar un paso atrás si luego vendrían dos hacia delante, caer estaba permitido pero no el no quererse levantar. Scout se miraba el extraño vendaje negro que le gustaba ponerse en sus manos y preguntarse que en ellas podría estar la llave que abriese la puerta de su libertad aunque para ello tuviese que liberar a su bestia interior…esa que todos tenemos pero a la que todos
tememos.
Comentarios
Mucha suerte en las ventas.