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Lucha de Gigantes

Duny45Duny45 Anónimo s.XI
editado enero 2011 en Fantástica
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Parecía asustado cuando llegó a la arena, nunca había visto una de aquellas batallas de la que todos hablaban, era aún pequeño para asistir a ese espectáculo la última vez que habían ido a la ciudad, pero esta vez no se le iba a escapar. Ante él un inmenso lugar, ovalado, como una plaza de toros o un anfiteatro romano, pero mucho mas grande. Se sentó en una de las gradas superiores, vio que todo estaba hecho de piedra, y que los colores predominantes eran el ocre, amarillo y marrón, se fijó también en la enormidad de las puertas que llevaban a la arena. Nunca había salido de la ciudad, y aquel mundo en el que vivía aún le deparaba muchas sorpresas, más allá de los muros de Adhar, y de las explanadas en las que su padre cazaba, más allá aún del pacífico Reino de Rakothûrz, había seres diferentes, no cómo los enanos que servían en las tabernas de la ciudad, ni como los Elfos que en las noches de verano relataban sus cuentos y tocaban su música frente a las brasas. No, seres diferentes, que nadie podría definir ni aún habiéndolos visto cientos de veces, grandes, pequeños, feos y bellos, conocidos como las sirenas, odiados como los dragones, e imponentes como los Grifos, esos grandes animales mitad águila mitad león. Vio a algunos familiares sentados por allí cerca, pero estaba demasiado emocionado como para detenerse a hablar con nadie. Y al fin llegó la hora, sonaron las voces de júbilo de los asistentes mientras las grandes puertas rechinaban al abrirse lentamente.
-¡Barash, la bestia!, puro acero de las minas Fotkûrz, invicto hasta ahora.- Narró el presentador de la batalla desde una tarima en medio de la arena.
Salió de aquella puerta un magnífico gigante, impecable, de color amarillo, con tuercas del tamaño de una casa de dos plantas, echando humo por las extremidades, y alentando al público con sus enormes brazos.
La otra puerta se Abrió, y la presentación no fue menos.
-¡Naga, el silencioso!, capaz de hacer ataques rápidos y certeros en sus enemigos.
Salió de la otra puerta una bestia de color grisáceo, con músculos de piedra, y gritando algo en un idioma desconocido, tras eso, le dio un puñetazo al suelo que hizo que temblaran los cimientos del edificio.
Estaba boquiabierto, jamás había visto algo tan grande, se sintió una pequeña hormiga frente a la mayor montaña del mundo. Y no era para menos, pues aquellos gigantes eran increíbles.
Comenzó la lucha, y los movimientos de los dos enviaban ráfagas de aire al público, que vitoreaba a su favorito, a Barash, el gigante de Acero de un antiguo comerciante local, que tras haber visto varios combates, lo construyó, era el único humano que competía, y por supuesto, el único participante que desde el interior del gigante controlaba semejante cuerpo.
Naga consiguió propinarle varios golpes en la pierna derecha, pero Barash se recuperó rápidamente, y en unos minutos, había ganado el primer asalto tras un buen embate al pecho de su oponente.
Pudo sentir su fragilidad cuando Naga cayó derrotado, y vio como uno de los muros se resquebrajaba, sintió miedo cuando en el segundo asalto una de las tuercas de Barash se estrellaba contra el suelo haciéndolo retumbar, y sintió también una enorme felicidad, cuando, durante el último asalto, en el cual se les dejaba escoger un arma a cada gigante, Barash hundió su gran espada en el pecho de Naga, y todo el público se ponía en pie para aplaudir la magnífica actuación de su héroe.
Cuando salió del estadio y se fue caminando a su casa, se encontró con Brogud, el comerciante que había creado a Barash.
- Hola- Dijo.
-Hola- respondió Brogud,- ¿vienes de la arena?
-Sí, es la primera vez que voy, me gustó mucho.
-Me alegro, puede que algún día hagas algo como yo y te conviertas en gigante tú también.
-No creo, mi padre quiere que sea cazador como él, y dice que los espectáculos son estúpidos, por eso él nunca va.
-Yo debería haber sido un comerciante local como cualquier otro, ¿Sabes que es lo que me diferencia de todos ellos?, mi elección, si verdaderamente quieres algo más, no dejes que decidan por ti, álzate ante el mundo, se tú el gigante. Aunque sólo midas unos centímetros, tu alma debe medir kilómetros.- Dijo Brogud, y tras eso, se fue.
Entonces supo lo que quería hacer, lo dejó todo, cogió un pequeño papel que llevaba en su bolso, y escribió con letra bien clara;
Familia, he de dejaros para poder vivir como mi corazón me pide, no soy un mercader, ni un cazador, he nacido para ser un guerrero. Cuando leáis esto, estaré ya muy lejos de Adhar, me habré ido para volver tan solo bajo mi propia bandera, o muerto. Adiós, el mundo no puede esperar.
Dejó eso en la puerta de su casa, y se fue, miró una última vez los juros de su ciudad, y con una espada, un caballo, y algo de dinero que tenía guardado, se encaminó a escribir su destino.


Este era uno de mis últimos relatos, espero sus críticas y que les haya gustado.

Atte. Duny45

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