¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Reanimador

PseudonimoPseudonimo Pedro Abad s.XII
editado febrero 2011 en Terror
Hola a todos/as. Os subo uno de mis cuentos para conocer si os gusta o no, será mas bien lo segundo pero traquilos, mejorare. Es un placer disponer de este espacio para mostrar parte de mi trabajo. Este es un cuento "recortado" del original que espero os guste algo. Me interesan vuestras opiniones!:D





Reanimador




1



En alguna parte del estado de Maine debía brillar la luna pero aquí en Boad Hill todo estaba oscuro, completamente oscuro y a no ser por el grito del muerto, Ben Spruce seguiría durmiendo la borrachera aquella noche, pero un forcejeo y el grito le despertaron de forma fulminante. Él estaba dentro de un contenedor, cerca del Cementerio, más bien a las puertas del cementerio. Cuando se metió dentro, afortunadamente ya vacío, no sabia que estaba en la entrada misma del cementerio, pero eso daba igual cuando el alcohol fluye por tus venas. Un golpe seco y adentro que estaba él. Le llamó en su inconsciencia, el grito del muerto por el tipo de alarido pronunciado. Profundamente desgarrador, algo inhumano, ominoso. Espantoso en extremo.
Debía ser un ajuste de cuentas pensó tras abrir los ojos como platos y revolcarse dentro del contenedor. Asomó sus extremos ojos rojos por una rendija de la tapadera y vio gente, al menos dos o tres a pesar de la oscuridad, eran manchas en la propia oscuridad, pero que se movían. No hablaban. En el fondo de la pared, de espaldas. Estaban forcejeando un poco unos cuerpos arqueados. En el suelo un gran mueble de madera, que seria? Se preguntó. Un armario? Tal pensamiento le estuvo atormentando de manera vaga durante unos minutos, era un Ataúd. Vaya que si lo era. Se echo para atrás de repente, la tapadera sobre su cabeza era ahora más pesada, se cerró con un clic. Se encorvó de hombros y cerró los ojos, esperando no sé que, como si eso te protegiera de algo. No quería ser visto, pero entonces recordó que aquello no era un armario, sino un ataúd. Iban acaso a enterrar a un tipo en vida en él?. Se atragantó con su propia saliva. Tragó y evitó hacer más ruido de la cuenta. Fuera dos hombres o más seguían forcejeando con otro o acaso seria contra, algo. El grito del muerto le sobrecogió otra vez, cerró fuertemente los ojos y empezó a contar hasta cien, y mientras lo hacia poco a poco como un sedante, los ruidos se alejaban cada vez mas y más, y el grito despareció. Todo se difuminó hasta que se durmió presa de su propio terror. Al día siguiente, en una mañana fría de enero Ben Spruce vio lo más horrible de su vida, algo que le hizo fallar su corazón, pero él sin chillar abandonó este pobre mundo cuando lo vio, aunque se lo llevó en las retinas.
Justo a pocos metros de donde estaba él, efectivamente, un ataúd yacía abierto en el suelo, al lado mismo, medio cuerpo descompuesto de un cadáver putrefacto que movía sus extremidades superiores por espasmos. Convulsiones en toda la parte superior, y la mandíbula desencajada mostrando una hilera de amarillentos dientes sin labios, parecía suplicarle ayuda o quien sabe qué. Sólo le dio tiempo a ver los dos primeros espasmos de lo que quedaba del muerto sin extremidades inferiores, antes de irse de allí para siempre. Algo que nunca podría contar. En la noche había oído el grito del muerto.




2


El corte de la mano amputada era un corte preciso y limpio. Apareció en las vías del Tren que van en dirección a Maine. Los dedos no estaban rígidos, sino que uno de ellos se movió en un espasmo bajo una fina capa de nieve. Era Febrero pero aún así nevaba en Boad Hill.
- Has visto eso?- Preguntó el Sheriff Benjamín Tiller. Un tipo alto de pobladas cejas y mirada profunda.
- El que, señor?. Respondió su ayudante Alan Johnson, con las manos apoyadas en el cinturón.
- Lo que vimos el mes pasado, el caso del muerto. Se ha movido.
- Serán los últimos espasmos
- Nunca había visto tantos espasmos en un cadáver o miembro créeme. Benjamín le miró aún más fijamente, como si todo aquello tuviera que ver con él. Frunció el ceño.
- La verdad es que no señor. Tiene toda la razón.

Uno de los agentes cogió la mano y la metió en una bolsa, esta no se movió. Estaba helada y no había visto el espasmo de antes. Faltaba el resto del cuerpo, ahora debían descubrirlo. Por suerte la mano conservaba las huellas dactilares y sería fácil conocer la identidad del hombre, ya que era una mano grande, burda y robusta. Lo que no sería tan fácil es encontrar el resto, pero a juzgar por las apariencias no debería ser tan difícil localizar un cadáver entero al que le faltaba sólo una mano, o eso creían.

- No quiero que digas ni una palabra de esto.- espetó el sheriff mientras mordisqueaba el palillo que tenia entre los dientes. Estaba dejando de fumar y por el momento en una fase muy avanzada de la terapia lo mejor era tener un palillo siempre entre los dientes.
- No diré nada señor.

Y después se marcharon de allí.



3


- Veamos, tenemos un caso de profanamiento de tumba con un mendigo muerto de muerte natural. Y ahora disponemos de una mano en un gran tarro de formol al que también pertenece al cementerio. Sin duda alguna estamos ante un profanador de tumbas, eso es.- Balbuceó Benjamín y prosiguió.- Una maldita mano que ha sido cortada a un cadáver, quizás porque lo enterraran con algo valioso aunque la familia no lo confirma si llevaba o no algo en su día de entierro. Aunque dudo mucho por las discusiones de la herencia.
- Normal jefe, joyas no declaradas.- Respondió su ayudante mientras se balanceaba en la silla. – O mejor dicho algo que querían llevarse de la maldita tumba antes de que despareciera bajo tierra. Herencias!
- Lo anormal fue el espasmo...
- ¿Qué?. - Le interrumpió.
- Ese movimiento... ya sabes. El cómo un espasmo recorría ese dedo de un extremo a otro. Nunca he estado preparado para una cosa así.
- Ah! Bueno eso mejor lo sabrá un medico forense. Podemos investigar si sucede muy a menudo este tipo de cosas con los cadáveres pasado un tiempo.
- Pero no debemos decir nada, quizás sean ilusiones nuestras y entonces la cagamos.
- Eso es jefe. Dejémoslo así.

Finalmente había resultado que la mano que se encontraron en las vías del tren, en el mes de Febrero bajo una fina capa de nieve, pertenecía tras numerosas pruebas realizadas, al Señor Chris Knopler. Un viejo hombre de buen ver y amable con todo el mundo. Poco o nada mas sé sabia de él salvo que tenia una gran fortuna, y hasta que lo encontraron muerto en su casa una fría mañana de Enero, por muerte natural. Había sido su sobrina quién lo encontró en la silla, pero eso no le asusto en absoluto ya que se esperaba algo así, estaba enfermo de los pulmones y solo pensaba en su futura herencia. El hombre tenia una estatura de metro ochenta a sus 69 años y era una enorme “bestia” le decía su sobrina continuamente no sin cierto cariño a pesar de todo lo interesada que era. Grandes manos para un hombre grande y elegante. Y rico.
Lo enterraron al día siguiente y no se supo nada mas de él hasta que encontraron su mano en el fatídico lugar. Obvio, ningún muerto se levanta de su tumba a los dos días para saludar a la gente. Había sido arrebatada de su lugar de descanso eterno. Ahora dentro de un bote de formol era una cuestión que resolver. Sin duda alguna pensaron, algún vándalo profanaba cada mes, ya llevaba dos, una tumba para saber que, robar objetos de valor, un juego macabro de rol, apuestas entre jóvenes. Cualquiera de ellas era valida. Pero había que realizar muchas investigaciones en adelante.
Pero sin duda alguna lo que más le preocupaba a Benjamín, aunque sus ojos no lo mostraran, era aquel espasmo muscular que llego a ver. Una sola vez, fue suficiente o quizás había sido imaginación, ya que después no lo vio repetir. Pero su socio, también lo había visto.

Espasmos, son sólo espasmos, pensó un día tras otro.


By Pseudonimo 2011:cool:

Comentarios

  • PseudonimoPseudonimo Pedro Abad s.XII
    editado enero 2011
    4

    Laila Campbell amaba la vida, amaba el amor y todo cuanto le rodeaba. A pesar de haber perdido su ultimo trabajo de camarera, no veía las cosas especialmente negativas, y eso que tenia que llevar adelante una vivienda. No estaba casada, no tenia hijos, a decir verdad, era Virgen. De modo que todo eran sueños para ella... Oh el amor pasa deprisa y no se detiene.- Quizás por su aspecto quizás no por necesidad, Laila no había “cuajado” con los últimos dos pretendientes, y únicos. Su aspecto rechoncho, de grandes pechos caídos y curvas en el físico que se confundían con una montaña rusa, delataban a una mujer poco agraciada físicamente en esta vida de tantas exigencias. O entras por el ojo a la primera o no vales.

    Pero ella valía, como persona claro estaba. Pero una parte de ella sufriría toda la vida en este aspecto, de modo que dios se la llevó un día de marzo. Sencillamente cayó fulminada al suelo. Mientras se estaba peinando delante del enorme espejo de muñequitas que ella siempre llamaba la pequeña bruja personal. La enterraron como un lunes y su cabeza decapitada apareció en el bosque dos días después. Sin expresión con la boca abierta y un ojo abierto. El hombre que lo encontró dijo haber visto parpadear uno de los ojos, precisamente el que se había quedado abierto. El agente rápidamente le pregunta si había bebido algo esa noche. Al cual el hombre declaro que nunca bebió nada en su vida. Solo agua, mientras perjuraba que el ojo había parpadeado.

    - Según el testigo encontró la cabeza de laila Campbell enterrada hace unas dos semanas en una paraje a las afueras, al este. No vio nada extraño alrededor, salvo un conejo corriendo despavorido a lo lejos.- Explicaba Benjamín apoyado sobre la mesa con buena parte de su culo.
    - El agente darnells comentó algo más. –Le dijo su ayudante.
    - ¿ Cómo que?
    - Que uno de sus ojos parpadeo. Se movió. – Alan Jonson estaba sentado en su lugar de trabajo, corrigiendo un informe. El sombrero encima del monitor del ordenador.


    Benjamín se giró bruscamente hacia él.

    - ¿Parpadeo?. Frunció los ceños y movió la cabeza. – Ya estamos otra vez con esas, los espasmos, que horror me da todo esto, miembros que se mueven después de muertos! .- se irguió y añadió.- Desde un tiempo a esta parte cada ve me gusta menos este trabajo.

    Efectivamente. El párpado se había movido, solo una vez, muy lentamente, hasta abrirse del todo, se movió, removió, malditos espasmos. Solo son espasmos musculares de una pequeña porción de energía que queda en la masa muscular, es eso nada más. La idea que tenia Benjamín era esa. Todo el día rondándoles por la dolorida cabeza. Malditos espasmos.
    5

    Le preocupaban mas los espasmos que el propio profanador de tumbas. De modo que empezó a investigar profundamente si los músculos podrían contraerse o estirarse en un momento determinado después de la vida, tras la muerte. No hallo respuesta hasta que accidentalmente dio con una novela en la que un tal doctor medio loco Herbert West reanimaba a los muertos con una solución liquida que inyectaba a los muertos. Pero estos debían ser frescos muy frescos según rezaba una y otra vez los párrafos del cuento. Vaya una estupidez pensó. Como cuento de horror estaba muy bien, pero como idea principal del caso era tan absurda como ninguna. Benjamín se rió en la penumbra, cerró el libro y lo dejó caer sobre la mesa en un sonado plaf!. De repente todos los ojos de la biblioteca fijándose en su encorvado rostro. Un segundo después, todos volvían la mirada a sus lecturas.
    Lo más interesante seria interrogar a todos los chicos del instituto para sacar al capitán de todo aquel gamberrismo para aterrorizar a la gente de Boad Hill. Eso era lo más sensato, así lo haría. Pero mientras su mente divagaba por ese sendero de ideas inmerso en su mundo se cruzó con alguien en la calle al que todos conocían. Alguien cercano a todo el pueblo, alguien que todos saludaban todos los días y que estaba detrás de todo este asunto, sin saberlo nadie todavía.
    6

    Por supuesto no era Herbert West, pero su poción mágica diluida con varios líquidos de diferentes tubos de colores inyectado a un cadáver realmente fresco y notan fresco, hacia que se produjeran espasmos en la musculatura y éste se moviera. El reverendo Lodge estaba tan obsesionado con la muerte que quería descubrir en que manera era esta y hacer regresar a los muertos para sus seres queridos. En realidad no quería ver sufrir a tanta gente despidiéndose de su ser querido, sino poder decirles he aquí el milagro de Dios que ha obrado en él, y el muerto se levantara.

    Fue también una casualidad que el Sheriff Benjamín y su ayudante lo descubrieran allí mismo, encorvado sobre el muerto, con una inyección en una mano mientras con la otra sostenía el brazo ya rígido. Iban a preguntarle sobre unas quejas de un cristal roto en la iglesia por unos chicos recién pocos días, algo que no tenia nada que ver con el caso que estaban llevando.

    - Oh! Dios misericordioso. Haz que esta vez funcione!.- Gritaba el reverendo ausente de la presencia de ambos. Inyecto el contenido sobre la vena y esperó un milisegundo para ver las primeras reacciones sobre el cadáver. Espasmos, empezó a sufrir espasmos.
    - Por el amor de Dios que esta haciendo!. Gritó Benjamín mientras se acercaba a toda prisa hacia a él.

    El reverendo haciéndose cuenta de su presencia se giro furtivamente. Por la ventana rota entraban los rayos del sol y de alguna manera se las arreglaba para ilimunar la zona en la que estaban ellos.

    - No! No os acerquéis, puede ser peligroso!.- vociferó el reverendo con los ojos como platos y algo angustiado.
    - Deja eso en el suelo señor reverendo. –Le dijo el ayudante del Sheriff. Tenia el arma entre las dos manos firmemente empuñada.- no quería tener que hacer nada que no quisiera.
    - No hace falta llegar a tanto. Dijo Benjamín. .- Todo se puede arreglar hablando, seguro que sí.- Miró a su ayudante y prosiguió.- Verdad señor reverendo?.


    Ya estando cerca de él, el reverendo dejó caer la jeringuilla sobre el muerto. Estaba aterrorizado y de espaldas a él, el muerto se movía compulsivamente. Como si de un ataque de rabia le hubiese dado.

    - Yo solo quería ayudar a mis feligreses. Dijo el reverendo antes de ser arañado por el muerto en un brazo. Ahora estaba infectado y sólo Dios sabe como acabó aquello.


    Ahora estaba infectado y lo que eran simples espasmos se había convertido en un virus reanimador. Una nueva era había empezado en ese preciso momento.

    By Pseudonimo 2011:cool:
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2011
    jugar con fuego es peligroso, ahora sí se metió en la grande el reverendo.
    Me gustó la narracción, :eek::cool:
  • PseudonimoPseudonimo Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    Animo a todos a comentar mi obra:cool:
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com