Los alumnos habían ido abandonando el aula y Saint se hallaba sentado en la silla, y rebuscaba algo entre los cajones de la mesa. Mary pensó que lo mejor que podía hacer era quitarse de en medio antes de que llegara una recriminación en voz alta del profesor; sin embargo, Tanaka bajaba ya los escalones centrales del hemiciclo en pos de su mentor. La joven, en el fondo curiosa y ávida de conocimientos, suspiró mientras seguía a su compañero para reunirse con el catedrático.
- “El ojo de Horus y el de la Providencia”, dijo el muchacho cuando estuvo lo suficientemente cerca de la tarima, pero sin llegar a importunar a Saint en su búsqueda, simplemente con el deseo de que su profesor continuara la lección interrumpida por el final de la hora lectiva. “El primero es un símbolo egipcio y el segundo proviene de la francmasonería y aparece en el famoso billete de dólar”.
- “Correcto, señor Tanaka”, dijo Gabriel Saint sin despegar la cabeza de los cajones, mientras intensificaba su infructuosa búsqueda. A pesar de ello, desde detrás de la mesa le oyeron cuestionar: “¿Qué pueden tener en común esos dos símbolos, aparecidos en doctrinas tan diferentes y lejanas en el tiempo?...Veo que la señorita Clarke ha decidido recuperar el tiempo de clase perdido hoy”. Antes de que el japonés respondiera, se adelantó Mary intentando expiar su pecado:
- “Son el ojo que todo lo ve, el símbolo de la omnipotencia de Dios”
- “Correcto...bah, ya encontraré eso después” Gabriel Saint abandonaba la búsqueda y se levantaba del asiento, colocándose al lado de los símbolos y mirando a los estudiantes frente a él. También el tenía ganas de continuar la fiesta.
- “Aquí tenemos el ojo de halcón, símbolo de una deidad que regía los cultos de las personas más de 3000 años antes de que existiera Jesucristo. Y el otro, como bien has comentado, es un símbolo francmasón, aunque las primeras referencias al Ojo en las religiones monoteístas, judía y cristiana, aparecen en el libro de los Salmos, 33:18: “He aquí, los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia...”. Poema atribuído al rey David, aunque no se ha podido datar exactamente la fecha de su creación, su existencia se situaría aproximadamente entre los años 1040 y 970 a.C. Y mirándolos a los dos la sensación que primariamente provocan es la de vigilancia; te sientes observado, debes tener cuidado con lo que hagas porque te están viendo, y tus acciones tendrán consecuencia.”
- “Pero hay más, podríamos establecer como predecibles y normales las similitudes simbológicas entre religiones -egipcia, judía y cristiana- en un espacio geográfico cercano. Pero, ¿qué me decís del budismo? ¿Tiene elementos comunes al cristianismo?”.
Saint señaló al ojo enmarcado en el triángulo. “¿Qué hicieron los cristianos para diferenciar, o para hacer suyo el símbolo del ojo de Horus?”
Mary sólo veía una diferencia resaltable entre los dos dibujos:
- “Le encasquetaron un triangulo”
- “¿Por qué?
Ahora era Tanaka el que respondía seguro de sí mismo:
- “Tri-ángulo. Tres lados. Santísima trinidad. No es uno sólo el que vigila”
- “Muy bien, mis queridos alumnos”.
De nuevo giraba el catedrático sobre sus talones. De nuevo enarbolaba el clarión, y de nuevo aparecía un dibujo al lado de los otros. Esta vez aparecían tres círculos, que formaban también una pirámide, y estaban rodeados por una línea exterior, parecida a un trébol, y luego por unas llamas. Debajo del dibujo se leía Triratna.
- “Buddham saranam gacchami
Dhammam saranam gacchami
Sangham saranam gacchami”, recitó Gabriel Saint.
Esto sí que había sido un golpe de efecto. Los alumnos se miraron entre ellos, y el japonés encogió un poco los hombros en esta ocasión. Mary y Tanaka sabían que Saint intentaba explicarles la conexión del cristianismo con el budismo, pero iban a necesitar un empujoncito para alcanzar la iluminación en esta ocasión.
-“Estas son las Tres Joyas o Gemas de los budistas. En ellas toman refugio, bajo estos pilares buscan la guía hacia la sabiduría:
Tomo refugio en el Buda, el Bendito, el Iluminado, el Verdadero Conocimiento
Tomo refugio en el Dharma, la doctrina, el Camino al Conocimiento; ¿el “espíritu” de Buda, se podría decir?”
Tomo refugio en el Sangha, la comunidad que busca el Conocimiento; ¿podríamos hablar del “cuerpo de Buda en la Tierra?.”
La analogía ahora golpeaba claramente a los jóvenes: tres pilares centrales, tres figuras, tres caras de Buda. Gabriel Saint concluyó dramáticamente su exposición persignándose:
- “En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”. Y levantando y extendiendo sus brazos delante de él, abarcando a sus alumnos añadió:
- “Podéis ir en paz”.