Capítulo 6
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[FONT="]Llegué a Santiago después de organizar y llevar a cabo mi viaje. Entre tanta sabiduría del sabio me di cuenta que tenía que ordenar mi vida. Cuando llegué a casa la observé estupefacto y no quise tenderme en mi cama. Toqué la guitarra y traté de entonar una canción que me hizo mucha gracia en mi juventud. En lustré mis zapatos y aproveché, con otro paño, de lustrar una piedra de cuarzo que la guardaba como recuerdo de la ida a Algarrobo con Marta y que la tenía sobre mi desván, no sé porqué contradictoria razón me tiré de espalda a la cama y miré al cielo. Lentamente me di cuenta que debía actuar ahora.[/FONT]
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[FONT="]Me alisté, hice ejercicios al pie de mi cama, abdominales puros y oblicuos, luego flexiones y otro poco de trote en el lugar para fortalecer las piernas. Todo con el sentido de generar fuerza de voluntad. Luego, viendo un programa de la televisión realicé ejercicios de yoga y luego de fuerza y pesas. Afirmé mi tórax y me miré al espejo. Estaba igual. Pero con más fuerza.[/FONT]
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[FONT="]Era fin de semana, y no había nada más que hacer. Me sentía triste pese a todo el ejercicio. Me faltaba una cosa, una cosa trivial pero potente, algo que había marcado toda mi vida, aquello que nos aqueja y nos mima, pero a la vez nos trae problemas y nos permite salir de aquellos: me faltaba Marta.[/FONT]
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[FONT="]Corrí fuera de la casa apenas lo pensé y fui a los aposentos de sus padres. Ellos vivían en las afueras de la ciudad en un casa de dos pisos con terraza, bella, con tejado rojo y pintada de blanco, como las casas antiguas, con terraza al más puro estilo italiano. Sentía nostalgia del café que se preparaba en aquel hogar, era agradable y saludable, nos sentábamos a conversar largas tardes días antes que tuviéramos al bebé. Era una sensación que no estaba dispuesto a perder y aquí estaba, corriendo a tomar una micro que me llevara a la casa de ella y poder decirle que la amo, todavía.[/FONT]
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[FONT="]Al llegar en micro, decidí fumarme un cigarro y pensar la estrategia. No sirvió, lo boté al suelo. Nada “pensado” serviría, sólo el amor por la vida estaba en juego. Corrí aún más fuerte hasta la casa con terraza de Marta. Nada pasaba por ahí, ni un auto, ni un perro, sólo un par de almas circulantes por las calles sin que yo supiera que están haciendo como normalmente se ve en ellas y sorprendidas por mi fuerte carrera. Al llegar toqué el timbre, pasó un tiempo, pero nadie me contestó. Al parecer me habían visto por la ventanilla pero no lo sabía con seguridad. Corrí hasta debajo de la terraza y la llamé vibrantemente. No salió hasta que yo la llamé cuando apareció su madre. Ella estaba ahí, y no me bendijo precisamente, pero hizo un ademán de hablar con su hija. Ella salió. Era el momento.[/FONT]
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[FONT="]- [/FONT][FONT="]Marta, sabes que yo te amo, lo que hice fue un error, lo debía cometer y no había más que hacerle, pero te pido perdón, tú eres todo para mí.- le dije desde la acera frente al balcón.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]No tienes nada que hacer aquí, tú no me amas. Vete.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]Mira, Marta- dije un poco inseguro y mirando al suelo- ahora tengo trabajo estable y… si lo ves de esta forma, no tienes como cuidar al bebé, yo te ayudaría, por favor ¡dame una oportunidad!.- derramé una lágrima con esa última frase.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]¡No, y no es no! Tú dañaste mi corazón con esa ramera, y lo sé porque yo misma contesté el teléfono aquella vez, no tienes mi perdón.- Terminó discursando y yéndose de la terraza.[/FONT]
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[FONT="]Yo, sin nada más que hacer, pensé sólo de manera emocional y errática, no hice otra cosa que esperarla en la entrada sentado donde fuera, en la entrada en el banco al frente de la casa, en cualquier parte. Al parecer no tenía intención de salir por miedo a verme. En cualquier caso, yo esperaría ahí todo el tiempo que fuera necesario. Tanto así fue, que me quedé a dormir al pie de la puerta de la casa, con el afán de encontrarla. Al día siguiente, después de despertar esperé un momento, y ella salió finalmente, a recoger el diario.[/FONT]
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[FONT="]- [/FONT][FONT="]Mira… Marta- dije mirando nuevamente al suelo- Yo, de verdad fui un tonto, podrás perdonarme, de verdad, te pido perdón del alma- dije con una pequeña lágrima en la garganta y otra bajo la nariz.[/FONT]
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[FONT="]Su estado de ánimo lucía más abierto que antes, pues estaba ligeramente sorprendida que lo que podía hacer por ella, pese a todo no fue fácil, puso caras desde de enojo hasta de extrañeza, pero después de decirme que no lo volviera a hacer accedió. Yo prometí que ella sería mi único y gran amor toda la vida y que había madurado lo suficiente como para cumplir mi promesa y que haría cosas como ésta y más de aquí al resto de mi vida. Finalmente nos besamos, ella en pijama y yo con la ropa de ayer en medio de la calle. Así, todos los que pasaban por ahí nos aplaudieron .[/FONT]
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[FONT="]El tiempo pasó, yo seguía siendo joven y buen vendedor, ella logró obtener su título de Diseñadora de Interiores. Yo sabía que ella era la única persona en mi vida, así que decidimos tener otro bebé para fomentar el amor entre los dos. Como dije, el tiempo pasó y así, yo me di cuenta que, con el tiempo y el amor, la felicidad, el mismo amor, la cópula, la amistad, todos fueron necesarios en la vida, si no es imprescindible, pero ninguno otro como madurar, aquel concepto que tenemos distinto a crecer, a saber que uno ya es grande y tiene que hacer las cosas lo suficientemente bien por la vida, y, a entender que este mismo es, saber que es y saber cómo pasar una etapa en la vida, además de no querer volver a vivirla.[/FONT]
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