[FONT=Times New Roman, serif]PURÉ DE PATATAS.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Hoy mi hermano volvía de trabajar sobre las cuatro, así que he preparado la comida para que pudiera almorzar en cuanto llegara y se cambiara.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Esta mañana había ido a la biblioteca a estudiar Noruego y a mirar ciertos libros que me interesan y, a pesar de estar enfrascado con ciertas traducciones al español, sobre las dos de la tarde decidí dejarlo para preparar el almuerzo antes de que Kevin llegara.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]He estado batallando hora u hora y media en la cocina, pensando en cómo cocinar las verduras que siempre comemos aquí (tomate, pimiento, cebolla y zanahoria, “sospechosas habituales” de nuestra dieta verde nórdica porque todo lo demás está sensiblemente más caro) y con qué acompañarlas.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Finalmente, en gesto grandioso de creatividad culinaria, decidí hacer una ensalada de arroz con dichas verduras, más atún, huevo y patata (aprovechando así el resto de arroz de la olla tamaño familiar con la que solemos cocinar -con la ensalada, llevamos comiendo arroz tres días, jeje) y acompañar con unos filetes de panga a la plancha en salsa bearnesa (bearnesa, porque los sobres de esta salsa son los que están baratos en el Kiwi, nuestro supermercado de confianza) como plato principal.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Así que he hervido, pelado, cortado, vertido, aliñado, removido, comprobado de sal, vuelto a aliñar, vuelto a remover, guardado en nevera, puesto a la plancha, dado la vuelta, preparado la salsa, emplatado y dejado apartar, fregado los utensilios usados, sartenes y ollas empleados y pasado la bayeta en las superficies trabajadas. Ah, y como herví dos patatas de más que ya no me cabían en la ensalada, las he puesto en una sartén, con un poco de mantequilla, leche y un poco de queso y machacando y removiendo y removiendo...voilá, puré de papas (con un toque de queso) a la antigua usanza, sin depender del sobrecito de Maggi, jejeje. Ha sido de estas veces que hasta me he sentido orgulloso de lo que había hecho (...¡Dios mío!, ¡Un puré de patatas natural, sin sobre!), y esperaba el momento de la degustación de terceros y sus cumplidos en reconocimiento a mi gran aporte al mundo de la cocina...[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Mi hermano ha llegado, se ha subido a su cuarto, y no ha bajado a comer.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Su plato se ha quedado ahí, en la encimera de la cocina, enfriándose. Lo único que me ha preguntado ha sido: “¿Has hecho de comer?”, sin siquiera mirar.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Yo me he quedado en el sofá sentado, desde donde estoy escribiendo estas líneas. Yo sé que vendrá cansado del curro y que no le apetecerá comer, o que ha comido en el avión, y que seguramente cenará más tarde y le gustará la comida; pero he sentido como si mi corazón se estrujara así, un poquito.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]En ese momento la imagen de una cara muy familiar se ha ido conformando, como un punto que ves en un fondo de una pantalla y que va haciéndose más grande hasta ocuparlo todo, hasta ocupar el centro de mi pensamiento. Esa cara era la de mi madre.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]¿Cuántos cientos, miles, millones de veces nos habrá preparado ella la comida? Y cuántas de esas veces, por una cosa o la otra, la comida se ha quedado allí: llegar tarde (y sin avisar, cosa característica en mí, por ejemplo), porque no te gusta lo preparado y te preparas un bocadillo, porque “al niño/a le ha dado ahora por hacer dieta...¡si no le hace falta!” (cosa no característica de mí, jeje, siempre he estado de buen año)[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Y cuántas veces ha lavado nuestra ropa, cerros de ellos, siendo el aumento de la distancia de la base del cerro a su cúspide proporcional a los días de olvido al sacar la ropa para lavarla, en mi caso:[/FONT]
”[FONT=Times New Roman, serif]Chiquillo, ¿por qué no pones tu ropa para lavar cuando está sucia en vez de dejarla tirada por ahí?, “pues porque prefiero crear montículos de prendas a modo de malolientas dunas como experimento para ver a partir de qué cantidad se empiezan a manifestar enfermedades como la malaria o la tuberculosis”, o al grado de coquetería adolescente:[/FONT]
“[FONT=Times New Roman, serif]Hija, si esto te lo has puesto una vez nada más...¿por qué lo sacas a lavar?”, “ay, mamá, porque me lo puse ayer y ya no me lo puedo poner hasta dentro de varios lustros, cuando de la memoria de mis amigas se haya borrado el último vestigio de recuerdo de que me había puesto este conjunto en un lapso de tiempo relativamente corto”.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Y cuántas ha recogido y ordenado detrás nuestra, cuántas barrido, fregado, limpiado el polvo. Y llevado al médico, y cuidado y arropado... y querido (siempre)... y querido empotrarnos de cabeza contra una pared (algunas)[/FONT]
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[FONT=Times New Roman, serif]¿Cuántas veces su corazón se habrá estrujado así, un poquito?...[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Por la ventana del salón con la cortina todavía alzada puedo ver que ya se ha hecho de noche y que vuelve a nevar. El puré de papas está ya frío y duro. La saudade flota acompañando a los copos que caen y, mientras noto que algo húmedo y caliente resbala por mi mejilla, me hace gestos para que la invite a entrar... voy a dejar de escribir.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Joder, cada vez que vea un puto puré de patatas me voy a echar a llorar.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Daniel Moreno.[/FONT]
[FONT=Times New Roman, serif]Dedicado a mi madre.[/FONT]
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