Mirando al suelo, temblorosa y cansada de tanto aferrarse, observó cuidadosamente, cual sería su último recorrido hacia su cruel destino; no quería sucumbir y alejarse de esa calidez perfecta , que la envolvía; no quería y no debía entregarse a la derrota, un calor más intenso la constriñó y su lánguido cuerpo desdichado, respiró una última exhalación de existencia; confundida, se sintió atrapada en una enajenación tan sincera y cruel, supo al fin que no podía escapar de su agonía… sintió la caricia de un último pestañeo, su cuerpo vibró al deslizarse vertiginosamente por una colina tibia hasta unos labios trémulos, tan llenos de lamentos; su cuerpo casi disuelto, empujado por un suspiro, cayo fatalmente hacia el frio suelo, en la sala de un hospital, quedó derramada su esencia… Fue cuando ella supo que había muerto.
Comentarios
Gracias por dejarnos compartir esta lágrima.
Has logrado en un cuento tan corto, relatar la escena con todos sus detalles.
un abrazo,
La muerte siempre tan fría, acaba siendo cálida ante el trato que se le da por la mano que la escribe y el pensamiento que la describe.
Un saludo.
salud.