El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.
Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
Nadie dice todo. Nadie dice nada.
Lo deseable es decir poquísimo.
Callar no es más radical.
Callar es como raparse la cabeza:
el pelo vuelve a crecer.
Pero decir poquísimo, decir lo mínimo
que uno puede decir,
esto es lo que nos permite decir algo.
Amor, debemos separarnos: que no sea
terrible ni amargo. En el pasado
hubo demasiada luna y autocompasión:
dejemos que esto termine así: nunca antes el sol
atravesó el cielo de manera más intrépida,
nunca antes los corazones tuvieron más ganas
de ser libres, de acabar con mundos y devastar bosques;
tú y yo ya no los llevamos; somos cáscaras que miran
cómo el grano se emplea para un uso diferente.
Hay arrepentimiento, siempre hay arrepentimiento.
Pero es mejor que nuestras vidas se desaten,
como dos barcos llevados por el viento, húmedos de luz,
partiendo del estuario con sus cursos ya fijados,
y que saludándose se distancian, y se pierden de vista a lo lejos.
Amor, debemos separarnos: que no sea
terrible ni amargo. En el pasado
hubo demasiada luna y autocompasión:
dejemos que esto termine así: nunca antes el sol
atravesó el cielo de manera más intrépida,
nunca antes los corazones tuvieron más ganas
de ser libres, de acabar con mundos y devastar bosques;
tú y yo ya no los llevamos; somos cáscaras que miran
cómo el grano se emplea para un uso diferente.
Hay arrepentimiento, siempre hay arrepentimiento.
Pero es mejor que nuestras vidas se desaten,
como dos barcos llevados por el viento, húmedos de luz,
partiendo del estuario con sus cursos ya fijados,
y que saludándose se distancian, y se pierden de vista a lo lejos.
A algunos les han quitado las ganas de hablar,
pasan mudos por el amor, aman perros vagabundos
y tienen una piel tan sensible
que nuestros pequeños saludos cotidianos
pueden producirles heridas casi de muerte.
Nosotros, seres amables e inofensivos,
miramos los gatos enfermos, las mujeres con collares
que pasan por la calle
y sentimos un desamor agradable,
casi suficiente.
Yo no escribo poemas; no sé hacerlo.
Por éso valoro tanto a las personas que consiguen espolear en alma con unas pocas palabras.
Si me permitís, me gustaría dejar aquí aquellos poemas que más me han llegado.
Compruebo que te llegan muchos poemas.:rolleyes:
Con tu permiso, me gustaría compartir a Elena Medel, mi amante a lo lejos, entre otros.
EL SECRETO DE HEIDI - Luna llena
Cosas románticas como pintarse el mentón color troncodeárbol
cuando pase el tiempo, mucho tiempo — un mes— ,
y Heidi y yo nos perdamos alrededor suya.
Cuando cada otoño las sílabas de café
delinean las cuatro esquinas de este mapa,
yerran su coreografía las tazas del palacio encantado.
Entonces se desangra la porcelana rica de los vagabundos.
Y qué niña tan buena soy, porque
incluso descalza auxilio al príncipe eslavo.
Pero cuidado, porque todo mi tesoro será negro carbón
al atenuarse la constelación anaranjada de mi rostro.
Qué será de mí. Vendas de color violeta que hagan daño
para quienes marcan su territorio a golpe de talón;
por favor, los tacones más altos y punzantes
para quienes reposan con el tobillo entre las nalgas.
Heidi tiene hambre y me pide lamentarse con espadas,
donde paralelo y perpendicular fluyan dos y rían uno.
No sé decirle. Pienso en escribir versos que duelan,
que te rompan porque no deben decirse — pétrea la placenta— ,
que hagan espuma cada octubre,
parásitos para quien me desprecia.
Si tienes hambre recuerda que la tierra no está quieta,
Heidi, que los mausoleos se rompen y de todos sale tu abuelo,
que nos pide el fuego que arde en la garganta
para encender un pitillo. Si tienes sed, toma y bebe,
llevaba la palabra luna colgada en mi ombligo,
azul es la nuez de cada eunuco, azul es el cielo de mi boca,
que se licua para que Heidi cace mariposas en noviembre,
para que se unte con merengue y recorran las abejas su túnel.
Cuando estoy sentada en el borde de la ventana,
mis uñas son el átomo principal de las estrellas:
hoy, por ejemplo, he alcanzado por fin la palabra luna
en la frase viento que araña. Me la pongo en el ombligo.
Escribo otro nombre que no es el mío
con la punta de los dedos de los pies,
removiendo con cuchara las vísceras del vértigo.
Mirando el cielo en una noche de verano,
los cuerpos celestes son miguitas de pan
que los héroes arrastran para no olvidar volver a casa.
Y me digo que quizá la Heidi que los dioses veneran
es la misma que duerme en la copa del árbol
que yo derribo, que bombardeo con las migas de pan
— escupitajos que se engarzan en desiertos embetunados—
que recojo cuando todos me dejan sola.
Tremendamente sola, hilando Biodramina
en la punta de los dardos que arrojo
a los que se revuelven dentro de mi estómago.
Qué agradable es beberse la cuenca de los ojos,
armarse la boca de septiembre a mediodía.
Y si alguna vez me preguntan quién es Heidi, respondo:
manzana es una extraña forma del invierno.
Su acidez, el escalofrío de saberse en el camino acertado;
su aspereza, el beso envenenando de todas las leyendas.
Quien quería saber esto se asemejaba a esos sastres
que muestran todos los versos que riman
cogidos con alfiler a su traje carísimo.
Dime alguna metáfora bonita , hurgaba en mis calcetines.
Muerte. Eso no es una metáfora. ¿No? Dime algo más hermoso.
Una sola palabra no rima con nada. ¡Herejía!
Se fue con sus versos, todos iguales, como la ropa de Heidi.
Aquí dejó sus dientes. Al verlos supe que soy
todas esas veces en que mi espalda era un tobogán
y alguien se deslizó por ella sin pagar:
soy la pegatina que no viene con ningún chicle.
Chicles que saben a fresa como los lóbulos de Heidi.
Heidi afila cuchillos para cortar la tarta,
deseando mancharse con la palabra chocolate.
Después, uno a uno, los soldados le chuparán
la barbilla cuando sea febrero, por ejemplo.
Cuando se derrita la tarta que hice en casa.
Entonces la palabra luna se me zambullía en el ombligo.
Tremendamente sola, hilando Biodramina
en la punta de los dardos que arrojo
a los que se revuelven dentro de mi estómago.
Qué agradable es beberse la cuenca de los ojos,
armarse la boca de septiembre a mediodía.
Según Heidi, no soy lo que todos suponen que debo ser.
Huelo a pólvora y algún día fui sangre seca.
Ella y yo hacemos una hoguera de pergaminos legendarios,
de espuma gris que araña el pedestal,
de madera astillada y escamas metálicas,
hoguera de cuero negro y corazón desvencijado,
de estalactitas amontonadas, humo cósmico asciende,
hoguera sola, sola como yo, que me derramo epiléptica:
pero ni por ésas logro ser lo que todos suponen.
Cuando me quemo un poco los codos, la observo melancólica.
Heidi asegura acordarse mucho de Espinete,
punzones en su pelo, extraña Medusa, tan rosa la vulva de las yeguas.
Cuánto me duele ser una sombra en la puerta del colegio.
¿Justo ahora quieres tarta, Heidi? Yo te diré.
Te diré que derrumbo el pastel para que alguien
me enseñe a morder cerezas:
terciopelo por fuera, lino áspero por dentro.
Te diré que por tu culpa perdí la palabra luna mientras huía.
No llores, Heidi. No puedo rescatar los astrolabios.
Mira, Heidi, las letras de tabaco
esparciendo monigotes en cada primavera.
Tengo sueño. Mañana escalaremos la montaña
que tenga menos flores — tierra blanca como el mármol — ,
o la que más te recuerde a nuestro hogar. Somos fugitivas.
Aparco mi cabeza en el borde de este poema,
que es un mapa de metáforas manchado de café.
Parece que mi Heidi también duerme.
Pero no.
Ella es cruel como las institutrices políglotas.
Heidi, mientras rezo, se masturba al oeste de mi pecho.
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida,
déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de
piedras verdes en la casa de la noche, déjate
caer y doler, mi vida.
Mendiga voz
Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.
En mi mirada lo he perdido todo. Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.
Eva Vaz, poeta nacida en Huelva en el 72, es alguien a quien quiero desde tiempo.
PARA GRITAR
Mi madre siempre deseó
una parcela en el campo:
"Descansar
es invertir en calidad de
vida".
Para su último hogar
improvisó un alquiler
de cinco años y flores de
plástico.
La muerte también tiene
fecha de caducidad.
Ha vencido el alquiler
y mi padre le ha comprado
su propia parcela en el campo,
en el pueblo.
La muerte también entiende
de clases.
Vuelven a encontrarse,
por arte del negocio inmobiliario.
Su última cita,
en el paraíso del cementerio municipal:
mi padre asiste al siniestro desnudo
de huesos desordenados.
Y el anillo de matrimonio.
Su esposa, mi madre,
en una paz brutal como nunca tuvo.
Todo en una bolsa de plástico.
Sin más mística:
el espanto en una bolsa de basura.
Mi padre volvió a sentar
a su amante
en el asiento del copiloto.
Con cariño. Con la tragedia
instalada en el volante.
Con arcadas. Con amor.
Depositó la bolsa,
como el que regresa del supermercado,
en la propiedad, orgullo familiar,
en una bolsa de basura
de plástico
de marca.
Tantas bocas viven
de la muerte.
Hasta mi poema vive de la muerte.
Mi ego liba de tu muerte.
Muchas gracias, Quinti, por tu compañía y por los hermosos poemas.
pepeto, amigo !!! Maravilla tu regalo...
Canción de amor de la joven loca
Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente).
Me besa me desnuda hace de mí lo que quiere
estoy borracha todo me da vueltas tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima
Se marcha temprano a toda prisa no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana
todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie
Me besa me desnuda hace de mí lo que quiere
estoy borracha todo me da vueltas tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima
Se marcha temprano a toda prisa no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana
todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]como un tornado que pasara lentamente
la vida esparció los objetos por las cuatro
esquinas de este mapa objetos [/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif] [/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]de escaso valor souvenirs bolígrafos gastados
transistores sin pilas y prendas prendas como esa falda
tirada por el suelo
recuerdo el día que la compraste ¿qué es esto? no
no voy a ponérmela es demasiado corta cien mil veces[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif] [/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]en cócteles en verbenas en domingos estúpidos en casa
bailando para ti sólo para ti cien mil veces me la puse
sin bragas sin nada debajo como tú me pedías y ahora ves [/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif] [/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]tirada por el suelo
se la pone luisa para jugar con las amigas[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif] [/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]si vieras cómo ha crecido en pocos meses [/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]Pablo García Casado
Otros de mi preferidos e incondicionales es José Luis Piquero.
Alicia ya no vive aquí
Se busca a Alicia. Descripción:
pequeño cuerpo, tetas como niños dormidos.
En su culo anidaba nuestra felicidad
y en su cabeza todos los errores.
Se la busca. Yo no sé qué es más cruel:
si sus ojos cerrados en la gran madrugada de canciones,
si su regazo, pulpa democrática sobre la que jadean
-arf arf- perros y viejos.
Dulce Alicia: menuda cabraloca.
Pero yo la he querido, oídme, y ella a mí un poco menos.
Me llevaba cogido de la polla por el pasillo, igual
que una nanny perversa a un niño lujurioso,
y yo feliz, feliz.
La sucia colegiala ha arrojado los libros
y ha salido corriendo. ¡Dios, cómo corría!
Lo que es por mí no la atraparán nunca.
Alicia, en ti he dejado mis huellas dactilares:
¡ponedme las esposas! El guardián
se ha vuelto loco y ella ríe, ríe.
A tu salud cualquiera se emborracha lo menos una vez,
y eso que no eres buena, y qué más da.
Se busca a Alicia. Descripción:
la curva de su espalda un cristal empañado,
piernas que tienen maña para oprimir el mundo así y así.
Su precio, lo que lleves
en los bolsillos.
José Luis Piquero es poeta asturiano, nacido en 1967
Éste es mi contestador automático.
Para herir, simplemente,
marque 1.
Para contar mentiras que me crea,
marque 2.
Para las confesiones trasnochadas,
marque 4.
Para interpretaciones literarias
producto del alcohol,
marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono
(a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando
el aparato a intervalos de tiempo
cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.
[OCULTAR]La última estrofa es para enmarcar, y Piquero haciendo de mujer, escandaloso.
[/OCULTAR]
.
HISTORIA DE G
Déjate enseñar, déjate mandar, déjate sujetar y despreciar y serás perfecta. S. Juan de la Cruz, “Dichos de Luz y Amor”
“El amor es un miedo: una moneda,
un bien de cambio” -susurraba su voz
de borracho creíble, y sonriendo
añadía: “Cualquier amante es sólo
un chantajista”.
Y en las noches aquellas, como extraños libertos,
dejábamos atrás mi trabajo y sus libros
para beber, beber.
Hicimos el amor
en calles y portales.
Cuando hablábamos,
hablábamos los dos a cuchilladas.
De él sé decir que era un producto típico
de su ciudad y de sus años: frío
y gregario. Su raza:
jóvenes ilustrados y poetas,
cansados de un dinero que no tienen
y una seguridad. Yo estaba sola,
iba de paso: una bala perdida.
Él ya se castigaba -su costumbre-
haciendo daño a todos.
Tenía que dar con él.
Me dijo que las chicas como yo
tenemos el valor de una experiencia,
somos útiles. “Tú eres muy consciente
de estar representando el papel que te toca.
Pudiste estar con otro, ¿no es así?
Si eres lista puedes aprender algo,
pero recuerda siempre que yo te necesito”.
¿Soy injusta? También me quiso un poco,
a su modo. Perdonó mis mentiras,
y no era culpa suya no saber del amor
sino lo que le habían enseñado
en su impreciso mundo de palabras a medias
y de fáciles gestos.
Admiraba
esa capacidad-para-encajar-los-golpes
que yo he llegado a ser,
ese estar siempre dispuesta.
Y me daba su tiempo a manos llenas.
Hoy sé perfectamente que me usó
para sembrar recelos en su grupo.
Yo le he visto humillar a alguien que le quería,
ignorarle y marcharse conmigo, y disfrutarlo.
O exhibirme como a una vaca sana
en su circo de locas, sin recato, triunfante.
Me empujó
en otros brazos; eso fue un pretexto
para nuevos reproches -“Puta, puta”.
Cuando pude dejarle,
tuvo el talento -y la complicidad de sus amigos-
para hacer de mí la única culpable.
“Nos ha engañado a todos” (y quizá
él tenía razón).
A menudo estoy sola y pienso en él,
ya sin rencor, pero escucho de nuevo
esa voz en mi oído, amable, lenta:
“Eres producto mío. Tú, ¿quién eres?
Un apellido y un trabajo triste
y unos padres lejanos. Sin talento
ni belleza, no eres inteligente...
No tienes perspectivas, bobita, saltarás
de un amante a otro amante. Como mucho
eres la novedad, tan sólo un coño.
Yo te he querido siempre. Quédate.
Imagina que ahora te murieses:
el recuerdo romántico, tan frágil, de esos tontos
y quizá un mal poema -Aquella chica...-,
y nada más. Te quiero, no te marches,
qué voy a hacer sin ti, vuelve conmigo...”.
Si alguna vez hemos sido inocentes
como mascotas, puros igual que las manzanas,
nosotros hemos visto pudrirse las manzanas.
Toda su poesía amorosa, constituye un mundo aparte y, en cierto modo, de rara originalidad. Vinculado al mundo literario árabe en su libro “Zejel del libro del amor” (1.970)
VENDEDORES
Al sentido, al sentido a los sextos sentidos hombres con gorras blandas vendedores los papeles del suelo se arrastran por el circo desguazado.
Al sentido, al sentido a la caliente bolsa sostén color de carne que sostiene los tiros en el viento hoy no usaré la bala anaranjada.
Al limón de ginebra te recuerdo el negro que de luto se convierte en el hombre acuciante levantando la gasa de tus puntos.
A los gritos, los gritos vocear sin descanso mi mercancía entera desalmada abajo los crepúsculos las rosas, y la brisa, y las palabras.
Eso que ofreces tibio a la mano que cortas en su búsqueda oscura rectilínea no es poesía, verbo sino el sentido, amor, sino el sentido.
Jesús Riosalido (1937-)es poeta. Ha sido Embajador de España en Zimbawe, Siria y en diferentes paises árabes, es arabista y orientalista.
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cunado pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
... y recibirte
... y festejarte
... tomar tu mano
... sentir tu vida entera
... trepar hasta tus ojos
... suplicar que todo esté bien
... que ha merecido la pena,
celebrar, ahora sí, tu encuentro
¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡Oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto,
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa:
-¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales!
¡Y que no hay más trigo que el de los trigales!
Que requiere líneas y color y forma
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: -voy con la dulzura,
de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: -Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia,
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
...Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.
Comentarios
El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.
El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.
Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
Roberto Juarroz
Lo deseable es decir poquísimo.
Callar no es más radical.
Callar es como raparse la cabeza:
el pelo vuelve a crecer.
Pero decir poquísimo, decir lo mínimo
que uno puede decir,
esto es lo que nos permite decir algo.
Mario Montalbetti
Saludos, pepeto.....
Amor, debemos separarnos: que no sea
terrible ni amargo. En el pasado
hubo demasiada luna y autocompasión:
dejemos que esto termine así: nunca antes el sol
atravesó el cielo de manera más intrépida,
nunca antes los corazones tuvieron más ganas
de ser libres, de acabar con mundos y devastar bosques;
tú y yo ya no los llevamos; somos cáscaras que miran
cómo el grano se emplea para un uso diferente.
Hay arrepentimiento, siempre hay arrepentimiento.
Pero es mejor que nuestras vidas se desaten,
como dos barcos llevados por el viento, húmedos de luz,
partiendo del estuario con sus cursos ya fijados,
y que saludándose se distancian, y se pierden de vista a lo lejos.
Philip Larkin
de mi verdadero corazón: no conozco ya la noche.
Odiseas Elytis
pasan mudos por el amor, aman perros vagabundos
y tienen una piel tan sensible
que nuestros pequeños saludos cotidianos
pueden producirles heridas casi de muerte.
Nosotros, seres amables e inofensivos,
miramos los gatos enfermos, las mujeres con collares
que pasan por la calle
y sentimos un desamor agradable,
casi suficiente.
Juana Bignozzi
‘el sueño de la Razón
engendra monstruos’
yo deseo que la Razón
no sueñe,
sino que obedezca al deseo
y sirva a la necesidad.
Liliana Lukin
Compruebo que te llegan muchos poemas.:rolleyes:
Con tu permiso, me gustaría compartir a Elena Medel, mi amante a lo lejos, entre otros.
EL SECRETO DE HEIDI - Luna llena
Cosas románticas como pintarse el mentón color troncodeárbol
cuando pase el tiempo, mucho tiempo — un mes— ,
y Heidi y yo nos perdamos alrededor suya.
Cuando cada otoño las sílabas de café
delinean las cuatro esquinas de este mapa,
yerran su coreografía las tazas del palacio encantado.
Entonces se desangra la porcelana rica de los vagabundos.
Y qué niña tan buena soy, porque
incluso descalza auxilio al príncipe eslavo.
Pero cuidado, porque todo mi tesoro será negro carbón
al atenuarse la constelación anaranjada de mi rostro.
Qué será de mí. Vendas de color violeta que hagan daño
para quienes marcan su territorio a golpe de talón;
por favor, los tacones más altos y punzantes
para quienes reposan con el tobillo entre las nalgas.
Heidi tiene hambre y me pide lamentarse con espadas,
donde paralelo y perpendicular fluyan dos y rían uno.
No sé decirle. Pienso en escribir versos que duelan,
que te rompan porque no deben decirse — pétrea la placenta— ,
que hagan espuma cada octubre,
parásitos para quien me desprecia.
Si tienes hambre recuerda que la tierra no está quieta,
Heidi, que los mausoleos se rompen y de todos sale tu abuelo,
que nos pide el fuego que arde en la garganta
para encender un pitillo. Si tienes sed, toma y bebe,
llevaba la palabra luna colgada en mi ombligo,
azul es la nuez de cada eunuco, azul es el cielo de mi boca,
que se licua para que Heidi cace mariposas en noviembre,
para que se unte con merengue y recorran las abejas su túnel.
Elena Medel es cordobesa (1985-)
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EL SECRETO DE HEIDI - Luna creciente
Cuando estoy sentada en el borde de la ventana,
mis uñas son el átomo principal de las estrellas:
hoy, por ejemplo, he alcanzado por fin la palabra luna
en la frase viento que araña. Me la pongo en el ombligo.
Escribo otro nombre que no es el mío
con la punta de los dedos de los pies,
removiendo con cuchara las vísceras del vértigo.
Mirando el cielo en una noche de verano,
los cuerpos celestes son miguitas de pan
que los héroes arrastran para no olvidar volver a casa.
Y me digo que quizá la Heidi que los dioses veneran
es la misma que duerme en la copa del árbol
que yo derribo, que bombardeo con las migas de pan
— escupitajos que se engarzan en desiertos embetunados—
que recojo cuando todos me dejan sola.
Tremendamente sola, hilando Biodramina
en la punta de los dardos que arrojo
a los que se revuelven dentro de mi estómago.
Qué agradable es beberse la cuenca de los ojos,
armarse la boca de septiembre a mediodía.
Elena Medel
.
.
Y si alguna vez me preguntan quién es Heidi, respondo:
manzana es una extraña forma del invierno.
Su acidez, el escalofrío de saberse en el camino acertado;
su aspereza, el beso envenenando de todas las leyendas.
Quien quería saber esto se asemejaba a esos sastres
que muestran todos los versos que riman
cogidos con alfiler a su traje carísimo.
Dime alguna metáfora bonita , hurgaba en mis calcetines.
Muerte. Eso no es una metáfora. ¿No? Dime algo más hermoso.
Una sola palabra no rima con nada. ¡Herejía!
Se fue con sus versos, todos iguales, como la ropa de Heidi.
Aquí dejó sus dientes. Al verlos supe que soy
todas esas veces en que mi espalda era un tobogán
y alguien se deslizó por ella sin pagar:
soy la pegatina que no viene con ningún chicle.
Chicles que saben a fresa como los lóbulos de Heidi.
Heidi afila cuchillos para cortar la tarta,
deseando mancharse con la palabra chocolate.
Después, uno a uno, los soldados le chuparán
la barbilla cuando sea febrero, por ejemplo.
Cuando se derrita la tarta que hice en casa.
Entonces la palabra luna se me zambullía en el ombligo.
Tremendamente sola, hilando Biodramina
en la punta de los dardos que arrojo
a los que se revuelven dentro de mi estómago.
Qué agradable es beberse la cuenca de los ojos,
armarse la boca de septiembre a mediodía.
Elena Medel
.
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EL SECRETO DE HEIDI - Luna nueva
Ella y yo hacemos una hoguera de pergaminos legendarios,
de espuma gris que araña el pedestal,
de madera astillada y escamas metálicas,
hoguera de cuero negro y corazón desvencijado,
de estalactitas amontonadas, humo cósmico asciende,
hoguera sola, sola como yo, que me derramo epiléptica:
pero ni por ésas logro ser lo que todos suponen.
Cuando me quemo un poco los codos, la observo melancólica.
Heidi asegura acordarse mucho de Espinete,
punzones en su pelo, extraña Medusa, tan rosa la vulva de las yeguas.
Cuánto me duele ser una sombra en la puerta del colegio.
¿Justo ahora quieres tarta, Heidi? Yo te diré.
Te diré que derrumbo el pastel para que alguien
me enseñe a morder cerezas:
terciopelo por fuera, lino áspero por dentro.
Te diré que por tu culpa perdí la palabra luna mientras huía.
No llores, Heidi. No puedo rescatar los astrolabios.
Mira, Heidi, las letras de tabaco
esparciendo monigotes en cada primavera.
Tengo sueño. Mañana escalaremos la montaña
que tenga menos flores — tierra blanca como el mármol — ,
o la que más te recuerde a nuestro hogar. Somos fugitivas.
Aparco mi cabeza en el borde de este poema,
que es un mapa de metáforas manchado de café.
Parece que mi Heidi también duerme.
Pero no.
Ella es cruel como las institutrices políglotas.
Heidi, mientras rezo, se masturba al oeste de mi pecho.
Elena Medel
.
.
Poema 35
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida,
déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de
piedras verdes en la casa de la noche, déjate
caer y doler, mi vida.
Mendiga voz
Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.
En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.
PARA GRITAR
Mi madre siempre deseó
una parcela en el campo:
"Descansar
es invertir en calidad de
vida".
Para su último hogar
improvisó un alquiler
de cinco años y flores de
plástico.
La muerte también tiene
fecha de caducidad.
Ha vencido el alquiler
y mi padre le ha comprado
su propia parcela en el campo,
en el pueblo.
La muerte también entiende
de clases.
Vuelven a encontrarse,
por arte del negocio inmobiliario.
Su última cita,
en el paraíso del cementerio municipal:
mi padre asiste al siniestro desnudo
de huesos desordenados.
Y el anillo de matrimonio.
Su esposa, mi madre,
en una paz brutal como nunca tuvo.
Todo en una bolsa de plástico.
Sin más mística:
el espanto en una bolsa de basura.
Mi padre volvió a sentar
a su amante
en el asiento del copiloto.
Con cariño. Con la tragedia
instalada en el volante.
Con arcadas. Con amor.
Depositó la bolsa,
como el que regresa del supermercado,
en la propiedad, orgullo familiar,
en una bolsa de basura
de plástico
de marca.
Tantas bocas viven
de la muerte.
Hasta mi poema vive de la muerte.
Mi ego liba de tu muerte.
Perdóname,
mamá,
has tenido una nieta.
.
.
pepeto, amigo !!! Maravilla tu regalo...
Canción de amor de la joven loca
Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente).
Sylvia Plath
Me besa me desnuda hace de mí lo que quiere
estoy borracha todo me da vueltas tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima
Se marcha temprano a toda prisa no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana
todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie
Pablo García Casado es poeta cordobés, (1972-)
.
.
Me gusta..... No conocía a este poeta.
Gracias!
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]como un tornado que pasara lentamente
la vida esparció los objetos por las cuatro
esquinas de este mapa objetos
[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]
[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]de escaso valor souvenirs bolígrafos gastados
transistores sin pilas y prendas prendas como esa falda
tirada por el suelo
recuerdo el día que la compraste ¿qué es esto? no
no voy a ponérmela es demasiado corta cien mil veces[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]
[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]en cócteles en verbenas en domingos estúpidos en casa
bailando para ti sólo para ti cien mil veces me la puse
sin bragas sin nada debajo como tú me pedías y ahora ves
[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]
[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]tirada por el suelo
se la pone luisa para jugar con las amigas[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]
[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]si vieras cómo ha crecido en pocos meses
[/FONT]
[FONT=Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif]Pablo García Casado
.
.
[/FONT]
Alicia ya no vive aquí
Se busca a Alicia. Descripción:
pequeño cuerpo, tetas como niños dormidos.
En su culo anidaba nuestra felicidad
y en su cabeza todos los errores.
Se la busca. Yo no sé qué es más cruel:
si sus ojos cerrados en la gran madrugada de canciones,
si su regazo, pulpa democrática sobre la que jadean
-arf arf- perros y viejos.
Dulce Alicia: menuda cabraloca.
Pero yo la he querido, oídme, y ella a mí un poco menos.
Me llevaba cogido de la polla por el pasillo, igual
que una nanny perversa a un niño lujurioso,
y yo feliz, feliz.
La sucia colegiala ha arrojado los libros
y ha salido corriendo. ¡Dios, cómo corría!
Lo que es por mí no la atraparán nunca.
Alicia, en ti he dejado mis huellas dactilares:
¡ponedme las esposas! El guardián
se ha vuelto loco y ella ríe, ríe.
A tu salud cualquiera se emborracha lo menos una vez,
y eso que no eres buena, y qué más da.
Se busca a Alicia. Descripción:
la curva de su espalda un cristal empañado,
piernas que tienen maña para oprimir el mundo así y así.
Su precio, lo que lleves
en los bolsillos.
José Luis Piquero es poeta asturiano, nacido en 1967
.
.
.
Éste es mi contestador automático.
Para herir, simplemente,
marque 1.
Para contar mentiras que me crea,
marque 2.
Para las confesiones trasnochadas,
marque 4.
Para interpretaciones literarias
producto del alcohol,
marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono
(a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando
el aparato a intervalos de tiempo
cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.
Vanesa Pérez-Sauquillo
[/OCULTAR]
.
HISTORIA DE G
y despreciar y serás perfecta.
S. Juan de la Cruz, “Dichos de Luz y Amor”
“El amor es un miedo: una moneda,
un bien de cambio” -susurraba su voz
de borracho creíble, y sonriendo
añadía: “Cualquier amante es sólo
un chantajista”.
Y en las noches aquellas, como extraños libertos,
dejábamos atrás mi trabajo y sus libros
para beber, beber.
Hicimos el amor
en calles y portales.
Cuando hablábamos,
hablábamos los dos a cuchilladas.
De él sé decir que era un producto típico
de su ciudad y de sus años: frío
y gregario. Su raza:
jóvenes ilustrados y poetas,
cansados de un dinero que no tienen
y una seguridad. Yo estaba sola,
iba de paso: una bala perdida.
Él ya se castigaba -su costumbre-
haciendo daño a todos.
Tenía que dar con él.
Me dijo que las chicas como yo
tenemos el valor de una experiencia,
somos útiles. “Tú eres muy consciente
de estar representando el papel que te toca.
Pudiste estar con otro, ¿no es así?
Si eres lista puedes aprender algo,
pero recuerda siempre que yo te necesito”.
¿Soy injusta? También me quiso un poco,
a su modo. Perdonó mis mentiras,
y no era culpa suya no saber del amor
sino lo que le habían enseñado
en su impreciso mundo de palabras a medias
y de fáciles gestos.
Admiraba
esa capacidad-para-encajar-los-golpes
que yo he llegado a ser,
ese estar siempre dispuesta.
Y me daba su tiempo a manos llenas.
Hoy sé perfectamente que me usó
para sembrar recelos en su grupo.
Yo le he visto humillar a alguien que le quería,
ignorarle y marcharse conmigo, y disfrutarlo.
O exhibirme como a una vaca sana
en su circo de locas, sin recato, triunfante.
Me empujó
en otros brazos; eso fue un pretexto
para nuevos reproches -“Puta, puta”.
Cuando pude dejarle,
tuvo el talento -y la complicidad de sus amigos-
para hacer de mí la única culpable.
“Nos ha engañado a todos” (y quizá
él tenía razón).
A menudo estoy sola y pienso en él,
ya sin rencor, pero escucho de nuevo
esa voz en mi oído, amable, lenta:
“Eres producto mío. Tú, ¿quién eres?
Un apellido y un trabajo triste
y unos padres lejanos. Sin talento
ni belleza, no eres inteligente...
No tienes perspectivas, bobita, saltarás
de un amante a otro amante. Como mucho
eres la novedad, tan sólo un coño.
Yo te he querido siempre. Quédate.
Imagina que ahora te murieses:
el recuerdo romántico, tan frágil, de esos tontos
y quizá un mal poema -Aquella chica...-,
y nada más. Te quiero, no te marches,
qué voy a hacer sin ti, vuelve conmigo...”.
Si alguna vez hemos sido inocentes
como mascotas, puros igual que las manzanas,
nosotros hemos visto pudrirse las manzanas.
Piquero, José Luis
.
.
.
Como un insecto
inmóvil en la rama
quiero semejar
algo que nadie
busque, vea, persiga.
(Eila Kivikkaho)
Por qué??
Espero que se reconsidere...
Abrazo, Negu
Toda su poesía amorosa, constituye un mundo aparte y, en cierto modo, de rara originalidad. Vinculado al mundo literario árabe en su libro “Zejel del libro del amor” (1.970)
VENDEDORES
Al sentido, al sentido
a los sextos sentidos
hombres con gorras blandas vendedores
los papeles del suelo
se arrastran por el circo desguazado.
Al sentido, al sentido
a la caliente bolsa
sostén color de carne que sostiene
los tiros en el viento
hoy no usaré la bala anaranjada.
Al limón de ginebra
te recuerdo
el negro que de luto se convierte
en el hombre acuciante
levantando la gasa de tus puntos.
A los gritos, los gritos
vocear sin descanso
mi mercancía entera desalmada
abajo los crepúsculos
las rosas, y la brisa, y las palabras.
Eso que ofreces tibio
a la mano que cortas
en su búsqueda oscura rectilínea
no es poesía, verbo
sino el sentido, amor, sino el sentido.
Jesús Riosalido (1937-)es poeta. Ha sido Embajador de España en Zimbawe, Siria y en diferentes paises árabes, es arabista y orientalista.
.
.
García Montero
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cunado pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
... y festejarte
... tomar tu mano
... sentir tu vida entera
... trepar hasta tus ojos
... suplicar que todo esté bien
... que ha merecido la pena,
celebrar, ahora sí, tu encuentro
-Marie Silb-
¡Qué blandos ojos
sobre tu falda!
No sé. Pero tenías
de todas partes, largas
mujeres, negras aguas.
Quise decirte: hermana.
Para incestar contigo
rosas y lágrimas.
Duele bastante, es cierto,
todo lo que se alcanza.
Es cierto, duele
no tener nada.
¡Qué linda estás, tristeza:
cuando así callas!
¡Sácale con un beso
todas las lágrimas!
¡Que el tiempo, ah,
te hiciera estatua!
Jaime Sabines
.
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.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡Oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto,
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa:
-¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales!
¡Y que no hay más trigo que el de los trigales!
Que requiere líneas y color y forma
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: -voy con la dulzura,
de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: -Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia,
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
Juana de Ibarbourou
Todos ustedes parecen felices...
...Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.