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Eloben (relato corto)

GileblitGileblit Fernando de Rojas s.XV
editado noviembre 2010 en Fantástica
LA HISTORIA DE ELOBEN
Gileblit

Eloben se despertó aquella noche cuando la luna aún se hallaba alta y llena en el cielo. Se acostó de lado y volvió a cerrar los ojos, pero no se durmió. Finalmente, decidió salir a dar un paseo por el bosque para ver si así le entraba sueño, pues a la mañana siguiente tenía que estar bien despierto para seguir con su entrenamiento.
Se puso en pie y se sacudió las trazas de paja que tenía pegadas a la camisa y al pantalón, se metió los zapatos y salió con cuidado de no despertar a sus hermanas, que dormían plácidamente. No hacía frío, pero sí corría una débil brisa que agitaba sus cabellos oscuros y los peinaba a su antojo.
Se dirigió directamente hacia al bosque, hacia una zona sin senderos que le pareció de pronto inusualmente atractiva por alguna razón que se le escapaba. Aunque era noche cerrada, él estaba extrañamente despierto y la luna iluminaba tanto que se podía distinguir cada árbol y cada hierba perfectamente. Los árboles, con unos troncos tan grandes que no se podían abrazar, no eran marrones, ni verdes. Eran negros y plateados. Las hojas les brillaban como si fuesen del cristal más fino que pudiera existir. El suelo estaba cubierto de hierbecitas con reflejos de luna que les daba un aspecto de alfombra de hielo blando que no hería al ser pisada.
Eloben estaba maravillado. Muchas veces se había quedado por la noche a la luz de una hoguera escuchando cuentos de boca de algún bardo errante, pero nunca había ido al bosque. Sus padres siempre le habían dicho que no había nada que ver, que por la noche sólo hay oscuridad.
Pero aquello no era una oscuridad aterradora, como la de una habitación cerrada. Era una oscuridad especial. No, no era oscuridad. Era sólo una luz distinta. Era la luz de la luna.
Eloben respiro hondo. Hasta el aire era mejor de noche. Olía como siempre: a pino, lilas, margaritas.. pero con un nosequé especial. Olía a... magia.
Se paró a escuchar un instante. Distinguía el sonido de algún búho que se mantenía a distancia, el ruido de las hojas al rozarse entre sí, la hierba al ser aplastada por sus pies, un leve crujido, seguramente de algún animal nocturno, pero no había voces. Sólo unos sonidos suaves y casi espectrales que lo sumieron en una paz y sosiego no comparables a ninguno que hubiera sentido antes.
Siguió caminando, maravillándose con cada hoja, con cada brote, con cada estrella, con cada silbido del viento que le acariciaba la cara.
Y entonces la vio. Estaba encogida, abrazándose las rodillas a la orilla del río. Ella también brillaba como si estuviera hecha de plata y cristal. Se acercó hipnotizado, sin poder verla nada más que a ella. No le podía distinguir la cara, que tenía apoyada en las rodillas. Su pelo parecía morado, como hecho de miles de lilas trenzadas, bajo aquella luz. Le llegaba a la mitad de la espalda, la cual tenía cubierta por un fino tejido blanco. La tela estaba hecha de muchos trocitos cosidos hábilmente entre sí, formando un vestido que le ceñía el torso y le llegaba hasta medio muslo en el corte que él veía. Sus brazos eran largos y finos, y abrazaban unas piernas delgadas y de piel translúcida, casi transparente, que brillaba bajo las estrellas.
Se acercó con cuidado para no asustarla. Sin duda, no era una muchacha corriente. Tenía algo mágico en torno a sí. Se sentó cerca de ella, pero a una distancia prudencial. Entonces su pelo ondulado se movió, descubriendo unos grandes ojos verdes. Eloben se quedó hechizado. Sólo la veía a ella, sus ojos. Un algo indescriptible lo recorrió por dentro, haciéndole sentir mejor que nunca. Y entonces habló:

- ¿Qué haces aquí, Eloben?
Su voz sonaba como el agua del río, límpida, cristalina, musical. Y sin darle importancia al hecho de que sabía su nombre, respondió:
-Yo... – consiguió articular – no podía dormir.

Ella le miró interesada y detenidamente.

-¿ Y tú?- preguntó Eloben sin saber muy bien por qué.
-Pienso – contestó ella bajando la vista hacia sus pies, metidos en el agua.

Se quedaron un rato mirando los pies de ella, que jugaban en el agua moviéndose grácilmente.

-¿Quieres servirme, Eloben? – preguntó volviendo a mirarle a la cara.
-Claro - dijo él muy seguro - ¿Cómo?

Ella no respondió. Se levantó con un ágil movimiento y le tendió la mano.

-Ven.

Eloben cogió su mano. Estaba fresca, como el agua del río. Se levantó torpemente, pero poniendo mucho cuidado en no tirarle del brazo, parecía frágil.

-No soy de porcelana. De hecho, creo que soy tan fuerte como tú, aunque no lo creas – dijo sonriendo y mostrando unos dientes pequeños y casi redondeados.

No era tan alta como parecía. De hecho, sus ojos estaban a la misma altura.
Ella echó a andar hacia unos árboles. Su paso era rápido, pero elegante al mismo tiempo. Eloben la siguió.
Caminaron un rato, pero no de la mano, pues Eloben había advertido el desagrado de ella cuando sus dedos la tocaron. Se olió la palma con disimulo. Olía a caballo, igual que su ropa. De pronto se sintió avergonzado, y ella lo notó.

-No es por eso, es sólo que no me gusta que me toquen. – Aclaró ella, respondiendo a una pregunta que no había llegado a formular el muchacho.

Eso no le sirvió de consuelo. Quería decir que posiblemente nunca más la tocaría.
Anduvieron hasta un pequeño claro lleno de aquella luz blanquecina.

-Hemos llegado- dijo girándose hacia él - ¿Quieres servirme?
-Claro, ya te lo he dicho antes – respondió Eloben tropezándose con las palabras de la emoción.
-Está bien.

En ese momento, ella cerró los ojos un segundo y luego los fijó en los de Eloben. Él notó que sus ojos se alejaban de los de ella. También un extraño picor en la cara y las manos.
Cuando ella dejó de mirarle, se dio cuenta de lo que había pasado. Ahora ante su cara se alzaban los finos y blancos tobillos de ella. Y tenía barba. Y un tricornio. Sus zapatos de tela se habían transformado en unos mocasines de cuero con dos grandes hebillas. Y notaba sus manos más toscas, pero también más hábiles, al mismo tiempo.
Entonces, Eloben supo que no volvería a su casa, que sería para siempre el zapatero del hada.

Comentarios

  • eanueanu Banned
    editado octubre 2010
    Me ha gustado tu relato, me parece evocador. Me gustó la conversación entre el hada y el muchacho.

    Crítica profesional: escribes demasiado bien. Por ejemplo:

    "Eran negros y plateados. Las hojas les brillaban como si fuesen del cristal más fino que pudiera existir. El suelo estaba cubierto de hierbecitas con reflejos de luna que les daba un aspecto de alfombra de hielo blando que no hería al ser pisada."

    Estaba leyendo sobre el muchacho y de pronto pones eso y tengo la sensación de que el relato ya casi va sobre el bosque. Pero también tengo la sensación de que esas palabras es una demostración de tu habilidad, pero que en el fondo te da igual el bosque.

    "Siguió caminando, maravillándose con cada hoja, con cada brote, con cada estrella, con cada silbido del viento que le acariciaba la cara." Aquí también te pasas.

    "Su voz sonaba como el agua del río, límpida, cristalina, musical."

    Ahí comparas su voz con el agua del río, ¿pero por qué? A ver, del río apenas has hablado, ni siquiera una frase. Por muchos sinónimos que pongas, no cuela. ¿Te importa el río?
  • GileblitGileblit Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2010
    El pasar del muchacho al bosque alternativamante con esos términos es un intento (a lo mejor fallido por mi parte) de expresar que, durante lo que inicialmente era un paseo nocturno para poder dormir, Eloben se va olvidando de sí mismo, va entrando en la magia del bosque casi sin darse cuenta. El bosque es fundamental aquí.

    En cuanto a lo de a voz, tu comentario de que "no cuela" no lo entiendo. Es una comparación, me explico: en todo ese trozo faltaba el efecto sensorial del sonido, y decidí introducir los efectos del río, al que, como ya había citado antes, el lector ya "ha visto". Así vuelvo a lo de que Eloben se va perdiendo. Si hubiera añadido un elemento nuevo, hubiera roto eso. Digamos que intentaba meter ese efecto como por debajo, como si el sonido fuera algo que ya estaba pero no se había oído. El uso de los tres adjetivos con sus comas es para lo mismo: Eloben va perdiéndose, se va quedando hechizado, como si respirara ya embebido por lo que ve. Intenta recitar ese trozo y lo entenderás.

    Inicialmente escribí este cuentecillo para recitarlo en un evento, de ahí algunos de estos efectos. Lamentablemente, todo lo que añadía con mi voz, al parecer, no se discierne en el texto. :(

    Muchas gracias por la crítica. :D Espero que también mis aclaraciones tengan algún valor. Si puedes indicarme algún modo mejor de añadir los efectos que he citado, agradecería un par de consejos, aún no tengo mucha experiencia. :D

    Pd: quise añadir muchos efectos en parte como experimento y en parte para envolver en el aura del texto a mi público (que iba a ser un poco difícil) de forma que me siguieran hasta el final. ;)

    ¡Gracias!
  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2010
    Este relato esta bien hecho, con buen ritmo y sobre todo buena atmosfera, las comparaciones mejoran la intencion de los personajes y me ha encantado el manejo de las personalidades, el final tambien esta bueno y es adecuado, lo del rio la verdad no me parece que importe, desde el principio se ve al protagonista y sus impresiones, el entorno apenas interviene mas que como conductor de la historia

    Espero ver mas de tus escritos por aqui y no te olvides de opinar en los demas trabajos, la verdad es que no hay mucho movimiento en estos lugares y puede que seas bueno para hacer analisis
  • GileblitGileblit Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2010
    Muchas gracias, Hakatri. Me has subido la moral, de verdad. :)

    Intentaré opinar más en los relatos que se vayan colgando. Si no lo he hecho antes es porque pensaba que había que tener permiso de alguien o algo así. Pero ya sabiéndolo, según me lo permita el tiempo iré colaborando en esta labor.
  • Alejandro68Alejandro68 Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2010
    Hola,me gustó el ambiente de la caminata mencionando algunos detalles visuales y sonoros en el peculiar paseo evocado por un llamado fascinador.Asimismo el momento del encuentro frente al río,cuando"al sentarse a su lado(a cierta distancia)"fue un acto sereno,como el desarrollo de esa noche que siguió hasta el inesperado fin,hermoso y a la altura del cuento.Muchas gracias Gileblit
    Un abrazo
  • ValdoValdo Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2010
    Fantástico. Y nada cómodo. En la fantasía hay una cierta tendencia a los finales felices, y no, aquí no.
    La verdad es que notas algo raro a medida que vas leyendo, pero no me esperaba esto.
    Geniales las descripciones.
  • GileblitGileblit Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2010
    Muchas gracias a vosotros por leerme. :D
  • IbeamIbeam Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2010
    Por mas que lo reeleo.. no le veo pega alguna, es mas cada vez me gusta mas.

    Enhorabuena me ha encantado.
  • GileblitGileblit Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2010
    Pues la verdad es que tengo una versión mejorada. :D No la posteo porque no soy capaz de encontrarla justo ahora, tengo demasiados pendrives para el desastre de cabeza que mantengo... :rolleyes:

    Muchas gracias. :)
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