De haber sabido la desdichada infancia que iba a soportar habría preferido no nacer, pero nació y ocurrió lo que tenía que ocurrir.
Su padre era alcohólico y lo maltrataba. Su madre era una enferma mental y él , que también padecía de cierta discapacidad mental , estaba allí en medio de ese infierno. Estaba allí no con la intención de convertirse en un asesino por muy mal dadas que le viniesen las cosas pero tenía que acabar, de una vez por todas, con tanto miedo y sufrimiento.
Su madre gritaba, como de costumbre, azorada ante la mirada indiferente de su padre y verdugo. Sus gritos descarnados iban subiendo de tono. Todo eso hubiese importado poco sin aquella trepidante angustia que le iba corroyendo por dentro. Un hecho insignificante para el mundo que asciende a significativo cuando el azar elige su segundo de gloria. El azar suele irrumpir en la vida de la gente corriente sin someterse a estructura alguna. El mundo le había olvidado y ahora él se vengaba sorbiendo el pánico , inflándose descomunalmente de rabia .Se vengaba también de toda la zozobra padecida, de todos los presentes truncados, de todas las veces que el humillante pánico le hizo orinarse encima, del dedo acusador del padre, de la cara inflamada y sangrante de su madre, de la docilidad de su madre…Nada era capaz de detener ese ímpetu ciego que nacía de las tripas empequeñecidas, acongojadas, vencidas.
La fe no vierte su agua milagrosa sobre la faz del necesitado, tan solo sobre los féretros y las lápidas de los difuntos.
Todo entero temblando encontró la fuerza para levantar la cabeza apoyada en los antebrazos. Se arriesgó a mirar al padre sin reparar en la exasperación patológica de los demonios cuando son observados por la inocencia. Un leve instante para encontrar el valor allá donde se encontrase.
Su madre le miraba fijamente mientras el padre continuaba golpeándola una y otra vez y Felipe no tuvo ninguna duda de lo que iba a ocurrir. Un flash revelador y centelleante fue sitiándole, apoderándose de cada uno de sus nervios y músculos encrespados, indomables, implacables. Se levantó como una negra y tórrida exhalación y atravesó el dintel de la cocina, la cara descompuesta, el corazón a punto de reventar en sus oídos. Segundos después estaba golpeando con un martillo el cráneo de su padre. Y seguía y seguía, una y otra vez y otra más, con toda su furia amurallada, con toda la fuerza que fue capaz de reunir.
Oía el crujido seco de los huesos al romperse, el gruñido salvaje de su padre, la soledad que iba invadiendo poco a poco el palpitar de su propia sangre. Inhaló una profunda bocanada de aire y deseó con toda su alma que estuviese muerto, muy muerto, totalmente muerto. Lo estaba.
La casa había regresado a una equilibrio precario, a una calma viscosa y roja.
Nunca había hablado de las cosas “poco comunes” que ocurrían es ese espacio tan inhóspito llamado hogar. Daba demasiado miedo, en sus circunstancias, hablar de ello.
Podía sentir su garganta tensándose, forzándose por emitir algún sonido articulado , algo parecido al lenguaje humano.
Su rostro adquiría , por momentos, un aspecto cetrino y brillante, cada músculo facial parecía retorcerse sobre su propio centro y destilar un sudor frío y horrorizado.
No tendría que haberlo hecho, no, no, era un momento inadecuado si es que había algún momento adecuado para cometer un parricidio. No, no era el momento adecuado cuando sobre su cabeza se cernía la negritud de la enfermedad de su madre. ¿ Y si decidían internar a su madre? ¿ Y si decidían que una esquizofrénica no tenía capacidad para cuidar a un retrasado mental? ¡ Malditos todos esos desconocidos que podían decidir sobre su vida con la crueldad del que se cree justo! ¿ Pero qué o quién era en definitiva la justicia?.
Estaba claro, necesitaba un abogado, lo había visto en cientos de películas. En cierta ocasión oyó a una psicóloga del Centro donde intentaban adiestrar sus capacidades para la vida cotidiana que podían conseguir uno para velar por los intereses de chicos de familias desestructuradas con problemas graves .
Se sentó al borde de la silla mirando los bordes deshilachados de la alfombra. Intentó poner orden en su cabeza. Su madre le miraba sin verle, tenía la mirada perdida y canturreaba de forma intermitente.
Se sentía confuso y aturdido. Notaba el pensamiento de su madre planeando sobre su coronilla, sabía con total certeza que pensaba algo pero no sabía que era.
- Supongo que tenemos que llamar a la policía – Alcanzó a decir.
Allí estaba su madre , de pie junto a la ventana, como si no atendiese precisamente a otra cosa que a su propio ensimismamiento, una suerte de voz interna aprendida y honda, amordazada y desnuda.
Felipe, naturalmente, no lo podría comprender, tampoco era de vital importancia, en ese momento, hacerlo. De seguro , su sorpresa alentaba su propia voz interna, única, intransferible y febril. No solo la rabia , la cólera era capaz de hacerle vibrar y encenderle todo entero. Los pensamientos también iban ascendiendo, en su particular in crescendo, y explotando en lo más hondo de sí mismo. Sintió una sacudida en la espalda y en el cuello a modo de descarga eléctrica, casi un empujón infernal aunque no estaba muy seguro de esa presunta naturaleza diabólica , tal vez era solamente la brutalidad del arrepentimiento.
Nadie había visto nada, nadie había oído nada, al menos nada poco habitual en esa casa. Puede que los vecinos hubiesen oído algo, nada extraordinario por otra parte, pero no habían visto nada…
- Nada, no han visto nada- Mascullaba en un hilo de voz.
¿ A cuanta gente le importaba lo que ocurría con tanta frecuencia en esa casa? ¿ Quién podría darle alguna lección de bonhomía y humanidad?.
Felipe no se explicaba por qué no lograba recordar haber contado a alguien el infierno que tenía que soportar. Aunque puede que lo hubiese hecho y nadie le hubiese prestado la atención suficiente, la credibilidad suficiente ¿ Quién iba a dar crédito a un anormal?.
Con frecuencia la conciencia emite un agudo chirrido que golpea toda la cabeza, el cráneo y más concretamente el cerebro. Es un sonido feo y sordo, un sonido lacerante como una hoja de afeitar. En su cabeza se repetía el negativo de la misma escena una y otra vez, como un bucle publicitario.
El sabía distinguir perfectamente lo que estaba mal pero eso ahora no importaba. Tenía que elegir. No podía mirar, impasible por más tiempo, como golpeaban a su madre. Estaba enfadado, lo suficientemente enfadado con su padre y el resto del mundo como para actuar. A intervalos pautados buscaba la mirada extraviada de su madre, tal vez buscando un gesto de agradecimiento, quizás incluso aprobatorio, en esas pupilas misteriosas.
¿ Dónde está mi vestido azul? ¿ quién se ha llevado mi vestido azul? ¿ se lo han llevado verdad?– musita la madre. El , esboza una sonrisa y asiente. Sabe perfectamente que cuando la gente habla espera que alguien le preste atención y la escuche. A menudo sentía el menosprecio de la gente cuando le hacían el total y absoluto vacío. ¿ Por qué las personas normales no responden a las personas anormales? ¿ Cómo son las personas normales?. Nadie le había enseñado de verdad como eran las personas normales que responden cosas normales a preguntas normales. Siempre siente ese molesto nudo en la garganta y sus manos se vuelven sudorosas cuando le ignoran voluntariamente. ¿ Por qué no quieren verle, hablarle, oírle? . Ya es demasiado tarde para aprender a distinguir la normalidad de la anormalidad. Ya nada importa. Podía oír , clavándose en su cerebro, el rechinar de sus dientes. Normalmente sólo oye ese ruido doloroso cuando alguien grita muy fuerte y él aparta la mirada porque el sonido llega a su cabeza cargado de cosas muy oscuras. No alcanza a comprender el por qué ese sonido doloroso le sacudía tan violentamente ahora con tanto silencio a su alrededor…
Comentarios
Una descripción psicológica muy detallada, sin dudas muy difícil.
Excelente como todos tus escritos.
Un saludo afectuoso.
Impactante. Cruel y sagaz elección de adjetivos.
Una perspicaz mirada del averno.
Espero la continuidad de tu relato con auténtica expectación.
Tal vez el venir de sus letras predispuesto de otra manera.
Pero con el correr de las letras me empezo a resultar mas y mas atrapante, ademas seamos justos, cambio el angulo de la narrativa del foro, una brisa de aire frio por la mañana siempre nos despabila. Asi resulto.
Enhorabuena por este desgarrador relato. Seguiré leyéndote.