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Evasión II

lalokuplalokup Anónimo s.XI
editado mayo 2010 en Narrativa
Me quedé triste por un instante, al creer que había perdido al único amigo que había hecho hasta el momento; pero al ratito y con sólo querelo, me hice de un montón de amiguitos. Jugamos a lo que se me ocurría. No divertíamos a más no poder, y cuando nos cansábamos, nos sentábamos a charlar y a contemplar el paisaje que se nos viniera en mente (Por ejemplo, yo quería ver mariposas de colores volando a mi alrededor, y eso era lo que veía. Quería bañarme al pie de una cascada de agua pura y eso ocurría). Pero algo me molestaba. Sentí una gran tristeza por el recuerdo de una vida sin cariño y sin amor. Era de esos momentos donde uno tenía que estar triste. Entonces algo ocurrió: Observé como se me acercaban un hombre y una mujer que no pude reconocer hasta tenerlos al lado, y ¡¿No saben quienes eran?! Papá y mamá. ¡Sí, eran papá y mamá! Pero esta vez me levantaron en sus brazos y me llenaron de besos y caricias. Se divirtieron conmigo. Papá jugó a la pelota, y mamá reía mientras lo hacíamos. Me llevaron en andas, corrimos, cazamos mariposas. Me llenaron de cariño. Mis hermanitos, que llegaron al rato, se divirtieron mucho con nosotros, riendo a más no poder ¡Qué felicidad! Era como si toda mi tristeza y mi angustia de siete años, era compensada en un pequeño instante. Hubiera vivido para siempre esos momentos, pero pensé que los disfrutaría más si no fueran continuos; así que me dedique a alternar entre el juego, las emociones, los otros deseos, y el amor de mi familia. Desconozco cuanto tiempo pasó, pero de pronto apareció el conejo, y me dijo:
—Es hora de volver.
No sé porque lo decidí así. No entendía bien a que se refería con volver, pero de pronto me desperté en la cama de lo que creí era un hospital. Una enfermera que estaba a mi lado y me vio abrir los ojos, saltó de contenta y fue en busca de un médico. Sentí como si un gran peso cayera sobre mi cuerpo, todavía dolorido. La alegría a mi alrededor era tremenda.
—¡Volvió! —gritaba o gritaban la o las enfermeras.
Los médicos se acercaban a mí, e intentaban mirarme algo en el ojo con esa luz que tanto me molestaba.
—Es increíble —decía ese médico que parecía mucho más joven que el otro que estaba a su lado.
—Salir de un coma de ese tipo —decía alguien— ¡Es un milagro¡
Parece ser que me recuperé de una situación grave. Nunca me preocupó cual había sido esa situación. También me enteré que hubo una investigación por el estado en que me habían encontrado, pero parecía ser que no le pudieron comprobar nada a papá, ya que mamá mintió para defenderlo. Así que después que salí del hospital, volví a mi casa con mis padres. Pasó un buen tiempo donde, a pesar de darme el mismo cariño de antes, por lo menos papá intentó alejar la bebida de su lado para no volver a golpearme. Seguimos en las calles, con mis hermanitos menores, tratando de conseguir las monedas que nos pudieran dar de comer; pero como ya saben ustedes, aunque por le momento papá no tomaba alcohol, tenía otras necesidades donde iban a parar gran parte de nuestra plata.
Un buen día, estaba yo pidiendo en la ventanilla de un auto —recuerdo que llovía—, y había empezado a sentirme mal. Creo que tenía fiebre, por que me acerqué a mamá y le dije que tenía mucho frío.
—¡Qué macana! —dijo
Igual esperó un rato hasta que decidió llevarme a casa. Llegamos temprano y entramos. Escuché unos gritos de mujer, y de hombre, aunque nunca supe de que se trataba, pero no podía creer que mamá le estuviera recriminando a papá por el hecho. Sí, pude ver como una mujer, que había estado en casa, y con poca ropa, salía corriendo. Papá dijo algo, y después de vestirse, salió atrás de ella.
Fue un día que no me hubiera gustado tener que vivir. Yo, con fiebre. Mamá preocupada y con miedo (no por mi fiebre, sino por papá) y mis hermanitos, todavía en la calle, bajo la lluvia.
No sé si ella quería llevarme al médico. Creo que sí, porque siempre que estábamos enfermos, nos llevaba al hospital para que nos vean, pero nunca lo hacía hasta que estuviéramos muy enfermos, por eso no me preocupe.
Estaba durmiendo y los gritos me despertaron. Temblaba por la fiebre, pero lo que escuchaba me había asustado todavía más. Papá había vuelto a casa, y gritaba. Estaba totalmente borracho, y decía no sé que cosa de mi culpa, por haber enfermado, y no sé que otras cosas más. Mamá esta vez se había puesto firme. Se paró enfrente de él, pero papá era más fuerte; de un golpe en la cara, creo que la desmayó. Mis otros hermanitos que ya habían vuelto a casa, también quisieron ponerse adelante, pero los sacó a los empujones. Se acercó donde estaba yo, y me levantó de golpe. Me pegó; me pegó hasta que le dolieron las manos (Me di cuenta porque las sacudía); pero él era débil, no podía dominarse. Me repetía algo de mi culpa y no sé que otra cosa, y me pegaba, mientras mis hermanitos lloraban. No sé cuanto tiempo pasó hasta que se calmó, y creo que por los gritos, vino por primera vez la policía (A lo mejor lo estaban vigilando por la vez anterior). Yo ya no sentía nada cuando ellos llegaron. No tenía frío. Ni me dolía el cuerpo. Lo único que escuchaba era la sirena de la ambulancia. Creo que llegué al hospital y me pusieron en una cama. Me pareció sentir a muchas personas que corrían y gritaban algo de operar y rayos y la fiebre y no sé que otras cosas. Lo cierto es que, en ese momento, pasó algo que me puso muy contento: Sin darme cuenta estaba abrazando al conejo de peluche. Creo que empecé a tirarle de la orejas, sin hablarle (¡Qué maleducado fui!), pero me frenó de golpe y me dijo:
—Ramiro. Antes que te permita tirarme de las orejas, necesito saber si estás seguro que querés viajar para siempre; porque esta vez es para siempre—aclaró.
No quise pensar demasiado. Lo mire fijo. Empecé a llorar, y sin decir ninguna palabra, le dije que sí, con mi cabeza.
—¡Se nos va!—escuché que gritaba alguien.
Tomé al conejito con la mano izquierda, y con la derecha. Tiré de sus orejas. Se juntaron muchas cosas. Escuché gritos, que venían de algún lado. Un hombre dijo: —Se nos fue— y otras cosas se mezclaron en ese momento..
Pero quieren que les diga algo. Soy la persona más feliz del universo. Juego, me divierto, hago lo que quiero; pero lo más hermoso que me pasó y me sigue pasando es poder tener a mi familia, y se amado, muy amado, por papá y mamá.
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