Mi vida es un laberinto lleno de curvas, círculos viciosos y espejos que reflejan incertidumbre. Existen ventanas ocultas a través de las cuales se filtran destellos de realidades camufladas y voces que hablan en silencio, sin palabras. Un laberinto construido con dudas, contradicciones, sospechas y suposiciones inciertas. Los espejos muestran el reflejo de mi alma, aquello que alguna vez pretendí evitar en lugar de afrontar. Y digo círculos viciosos porque, aun habiendo tropezado varias veces con la misma piedra, sigo tropezando, cayendo en la tentación y cometiendo otra vez el mismo error. Me levanto para buscar la salida, pero vuelvo a caer sin saber qué hacer. No sé cuál es la causa de mi confusión: escasa experiencia, complicada adolescencia, o poca paciencia. Tal vez sea la edad, tal vez pequeños cambios en la personalidad; cambios que sorprenden y actitudes que ofenden. Ya no me reconozco, quizás el miedo a sufrir no me deja ser yo misma. Ahora me hallo dando pasos en falso, encadenada al laberinto de mi pensamiento. Pero aún tengo esperanza, los destellos de luz mostrarán el sendero, aunque serán horas llenas de dudas y arenas movedizas. Sólo entonces, cuando la claridad alcance mi mente, podré hallar la paz interior, la libertad y la calma que anhelan tanto mi cuerpo como mi alma.