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No tengo sino mis solas palabras,
torpes, desapasionadas,
insensatas,
con la única embriaguez de inclinarme
y leer la seducción de tu silencio, mi más cálida ternura.
Mi naufragio ha concluido, la vida a ti te espera.
Es fácil decirlo,
tu camino aguarda
y no puede ser más que tuyo, el mio acaba.
El asombro de tu ensueño, el empuje
preclaro y único, el lúcido delirio que tu mente desata
oculto torrente de líquido cristal sonoro
ha de buscar su mar, su ilimitado océano.
Elevar su vuelo y en libérrimo ascenso,
construir su fascinante silogismo de luz nueva.
Sólo puedo desconocer mi nombre,
y quizá en oscura redención ciega,
- manos que se abren al misterio y a tu encuentro -,
olvidar al fin que alguna vez tuve uno.
Amor en femenino,
¿ qué hombre puede vivir en tu olvido ?
Tu esclarecida y sutil clarividencia
habita más allá de las esferas,
se te dió, también es tuyo
insólito y fulgurante el rayo que no cesa.
La noche me lo asegura:
en tu corazón de plata
resplandece sonora y eterna
luminosa y callada, mística armonía secreta.
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