La agónica paz de un mosquito muerto,
la violenta caricia de una lágrima,
el caminar indiscreto de un reloj
por un bosque de hojalata
en el trayecto de los miedos,
de las dudas y los sueños.
El inmediato porvenir de una gota de lluvia,
la reserva en las baldosas de migas de pan,
la carrera hacia la vida de una hormiga
en el pequeño abismo entre cielo y suelo,
donde juegan tormentas, segundos,
minutos y horas.
El negocio con la muerte de una rafaga de viento.
Más pequeño aún, más indiferente, menos tierno.
Tu pelo y la punta de tus pies, tu retrato,
desde el espacio.
Comentarios
Como nos dejó dicho el autor de lo inmensamente pequeño y lo ínfimamente grande: