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Nebulosa

Tom BraheTom Brahe Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado febrero 2013 en Ciencia Ficción
Nebulosa


"La suerte favorece sólo a la mente preparada."
(Isaac Asimov)


Como un vigía sobre una torre, observaba aquel trozo de tela espacial; como aquel que contempla a un prestidigitador que agita un colorido pañuelo entre el asombrado público. ¿Cómo era posible que los egipcios ignorasen aquella maravilla para evocar todas sus súplicas hacia el thalid del mítico cazador estelar?; pensó.

No podía precisar con exactitud cuanto tiempo llevaba con el ojo derecho adherido al ocular. Sin embargo… ¿Cuántas veces habría apuntado hacia la nebulosa de Orión, sin prestarle la atención que merecía? Aunque jamás había dirigido un instrumento de tanta potencia hacia ningún astro similar. Sin duda, era alguien muy afortunado.
Y no sólo por acertar todos los números de la primitiva, en un sorteo con un bote estratosférico.
Se sentía afortunado por haber decidido gastar casi el sesenta por ciento del multimillonario premio en comprar una enorme parcela, y mandar construir en ella el mejor observatorio del continente entero. Antes, era un vulgar vendedor de muebles de cocina. Ahora, podía sentirse como un William Herschel moderno.
¿Habría él observado la misma mancha luminosa situada bajo el cinturón de Orión? ¿Le habría subyugado la razón durante un tiempo indeterminado?¿Qué pensamientos recorrieron la mente de aquel astrónomo germano al contemplar semejante cuna de estrellas? Aunque claro… Seguro que Herschel no estaba fumando marihuana cuando hacía todas estas elucubraciones.
Sólo separó el ojo para agarrar la gran bolsa de yerba y manufacturar seguidamente un enorme pero delicado porro.

Era otra de las satisfacciones que conllevaba el tener un observatorio. No había reglas que no hubiese impuesto él.
Encendió el rugoso cilindro y propinó una gran calada. Varios segundos después, evacuó entre toses y aspavientos una enorme bocanada de humareda, blanquecina y densa. La neblina ascendió, formando caprichosas formas en el aire.
Arturo creyó discernir en una el contorno de la nebulosa que estaba observando.
Tras dar otra larga calada, dejó el humeante cilindro en el cenicero; y volvió a adherir el ojo al ocular.
Instintivamente, gritó. Aunque no pudo apartar el ojo ni mover la cabeza. Algo se lo impedía.
La nebulosa había tomado color. Ante su retina desfilaban cortinas de colores rosados que parecían mecerse en un gran océano cósmico.
Las estrellas que formaban el trapecio rotaban sobre un eje invisible, a una velocidad acelerada y vertiginosa. En sus alrededores, decenas parecían explotar, y otras tantas emergían allí donde antes no había nada. Lo último que su cerebro procesó antes de ser bañado por la inmensidad de la luz blanca, fue el acre olor del cannabis.
Después, tuvo un largo sueño.
Cuando despertó, estaba sentado, con la cabeza ladeada sobre un pupitre de tacto caliente. Sus mangas eran cubiertas por una especie de tela iridiscente, que ajustabase continuamente a su contorno.

—Bienvenido—le saludó alguien que se situaba en otro pupitre a su derecha.

Cuando Arturo levantó la vista hacia la voz, comprendió que estaba en un mundo diferente.

Albert Einstein le saludaba, dirigiéndole una sonrisa que le curvaba el poblado bigote. Al girar la vista, descubrió que el pupitre siguiente estaba ocupado por Carl Sagan, que le saludó con la misma educación. En la sala distinguió a Herschel, a Copérnico e incluso a Tycho Brahe con su nariz de oro.

—Has sido el último designado. Tu presencia honra a tu nuevo hogar—espetó Sagan, el cual Arturo recordaba como fallecido haría unos veinte años.

Deseando que el sueño acabara, se desmayó sobre el pupitre.

Horas después recobró la consciencia.
Pero no se encontraba en su observatorio. Estaba en un enorme campo de cultivo. No le sorprendió identificar aquella planta que crecía como Cannabis Sativa, con los tallos alabeándose ante la leve brisa; rodeado de los científicos que había conocido con efímera anterioridad. Todos observaban aquél insólito firmamento.
Entonces, Arturo descubrió que estaba muy lejos de casa. La nebulosa de Orión se alzaba en los cielos ocupando más de un tercio del firmamento de aquel extraño planeta. Recordaba que ésta distaba quince mil años-luz de La Tierra. Si ahora tenía ese tamaño, es que estaba mucho más cerca. No sabía como, pero empezó a comprender que la nebulosa lo había hecho viajar. Empezó a digerir las primeras palabras de Sagan.

—Has sido el último designado.

Un maravilloso mundo esperaba para ser descubierto. Y La Nebulosa los había elegido a ellos para comenzar de nuevo.
En ese instante, Arturo se sintió el ser más afortunado de todo el Universo.

Y no precisamente por acertar la primitiva.

Comentarios

  • editado enero 2011
    Puede considerarse un relato sobre el llamado "arrebato" del Apocalipsis. Desde la nebulosa de Orión, de acuerdo con lo leído. Me parece muy original. Pero creo que das un juicio de valor al colocar a "ciertos" científicos dentro de ese nuevo mundo. Me parece que los juicios de valor implícitos pueden llegar a ser incluso más lesivos que lo explícitos. Pero como diría el gran Asimov: "La suerte favorece sólo a la mente preparada." Por otro lado, lo repentino definitivamente es tu estilo. Logras que el lector lo termine aceptando al abrumarlo con un argumento fuera de lo común. La originalidad reiterando como siempre, es rescatable. Probablemente esté primero en la lista de prioridades para elaborar un cuento o relato. Te seguiré leyendo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2011
    yo me quedé en la nebulosa, pero si tiene continuacion, la seguiré.
  • Tom BraheTom Brahe Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2012
    Hola liberato:
    Bueno, quizás sea un juicio de valor, se lo diré a las neuronas a las que encargué tal relato, a ver que les parece a ellas.
    Oye, que me dicen que no entienden por qué, dicen que había que elegir cinco tíos para hacer el relato y que eligieron esos en base a nada.
    Sería interesante saber por qué piensas que hago juicios de valor.
    Espero tu hipotética respuesta, y agradezco tu tiempo, como siempre. Un saludo, también a Amparo.
  • editado febrero 2013
    Bueno tal vez haya estado equivocado Tom. Supongo que lo dije en un momento de poco razonamiento... creo que lo dije por una razón en especial: que tomas en cuenta a los más destacados en vez de sugerir como un escape a alguien no TAN destacado. Eso sin saber su lugar en el consciente colectivo relacionado a esas áreas de la ciencia al parecer. Supongo que pequé de ignorante. Pido compasión y buenos deseos de tu parte. No es sarcasmo... Y lo siento...
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