La puerta de cristal, empujada por la fuerza del tensor, se cierra dejandolo fuera. Ojalá te pegue en la jodida cara, mamón. El frío glacial de la calle lo recibe. Mira a ambos lados. Gente que camina, lluvia. Un vómito de alcohol llega a su boca, escupe. ¿Que miran estos imbéciles?... ¿Que mirarán estos imbéciles?. Busca en los bolsos mientras se apoya en el pie de un semáforo. ¿Dónde habré metido el tabaco?. Mechero, otro mechero, papeles, llaves, una foto arrugada. Ahora también está mojada. Mierda, seguro que lo dejé encima de la barra. Se gira, mira hacia la puerta por donde acaba de salir. Desde el interior, un joven, los brazos cruzados delante del pecho, retador, lo mira. Decide no entrar. Ahí no te mojas... ¿He? ... jodido listo. Le dirige, lo intenta, una sonrisa mientras se pasa la mano por los, cada vez más húmedos, cabellos. Que te den por el culo... a la mierda el tabaco... ¡Dios!, que ganas de fumar... Mañana lo dejo. Logra separarse del apoyo, caminar por una calle que parece no querer quedarse quieta. Neones que se reflejan en el encharcado suelo, luces de colores reventadas en trozos por las rodaduras de los coches que pasan en su húmedo circular. Mierda, mierda, mierda... que coño té pasa. Se mira. En los pantalones, oscuras salpicaduras de barro y agua, escupidas con estrépito por la tapa de una alcantarilla. Pisada, todos los días. Una; cien veces atropellada, por el autobús urbano nº 14 que ha pasado, peligrosamente cerca de su tambaleante cuerpo. Gente mirando por las empañadas ventanillas, alguien parece que dice adiós con la enguantada mano. Camina al borde de la acera, amenazando, por momentos, con caerse a la calzada. Puta alcantarilla... puta mierda... puta vida. Las gentes que se cruza, apartan la cara como tratando de evitar respirar el vaho que la fría noche les permite ver saliendo de su boca. Después se vuelven para mirarlo. La niña arrastrada por su madre, también. Remolino de paraguas. Tropiezan con él, se ve en el suelo. Se para, los pies separados, vuelve a rebuscar en sus bolsillos. Será posible, ni un jodido cigarro...
.- ¡Por fador!, pefiosidá, ¿Tendrás un figarrillo?.
La joven, no entiende nada, mira extrañada y sale pitando. Una luz verde avanza desde el fondo de la calle. ¿Será un taxi?. Levanta, agita, la mano sobre la cabeza, al llegar a su altura, el vehículo, se detiene. Si un taxi... que suerte... con lo que llueve. Dentro, calor en el ambiente y frío en la cara del conductor. ¡Vaya por Dios!. Medio pueblo esperando un taxi y a mí me toca un mamao.
.- ¿ A donde?.
.- Llévame a un sitio en donde tengan alcohol, tabaco y mujeres... y tabaco. ¡Me cago en la... seguro que en este pueblo hay cien taxis con noventa y ocho amables taxistas y a mí me toca uno de los dos con cara de vinagre... Joderrrrr!. De fumar ni siquiera pregunto. Total, mañana lo dejo.
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