Negra noche, en coche mal parado me hallo
aparcado a la deriva del sano camino.
La palabra me suplica rezar con un soplo de mi alma,
pero mi mente se encierra y no le permite derecho a la consciencia.
Recorro con radiografia los desajustes que confluyen en mi, la conflagración interna de mis tribus neuronales me complotan.
Pido un empujón a gritos mudos, una ayuda confite
alguna fuerza que ahuyente los ogros que me atan nudos.
La turbulencia del pensar siquiera en todo, me genera convulsión emocional.
No hallo refugio alguno para convalecer sino un sotano oscuro donde contristar.
La lasítud de mi moral, la lesiva magnitud de ser contraventor me empapa de decepción y me descascaro sin ningun confín que me ampare.
El abatimiento me abatata y me obliga a abdicar de mi esencia, mi existir.
Abombado me arrastro con el poco impulso caliente que radica en mi de mi aborrecible y abrasivo cuerpo.
A casi duras penas y semi desvanecido viendo destellos fugaces incoloros, suelto mi mano que abre abrumada sin tacto, resignada
la puerta de esta abyección.
El acaecer acerbo de mi acogida y súbita salvación bagatela,
observa aciago con acívar mi insolita oportunidad al azar que fue mi mi basca,
que sin noción e intención de rescatarme, logró boicotear el destino dandome un bólido despertar con bonanza de mi borrico lamento.
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