Corrí como nunca, perdía el tren.
Aquella noche, empezaba a escribir, sin saberlo, una nueva página de mi vida.
La reunión era tan densa y aburrida como siempre. Nuevos proyectos de venta, nueva imagen de marketing, números y más números. No veía la hora de que acabara.
Y, para colmo, esa misma noche había decidido viajar a otra ciudad, hacia otra existencia.
El reloj de la pared marcaba casi las 21,30. Sobresaltada, me levanté de la silla.
—Pierdo el tren —anuncié.
Sin dar tiempo a ningún comentario, tomé mi agenda y el dossier, y cerré de un portazo.
—Pídeme un taxi — le dije a mi secretaria —. Es urgente.
Entré en mi despacho, cogí la maleta que había preparado de antemano, y me dirigí al ascensor.
Cuando llegué al hall, descubrí un taxi, en marcha y con la portezuela entornada.
—A la estación Central —le dije al conductor, que murmuró algo—. Dése prisa por favor, pierdo el tren.
Tras una carrera, en la que el chofer zigzagueaba por la avenida, y yo no dejaba de consultar la hora, llegamos a la entrada principal. Sin comprobarlos, saqué unos billetes, y los arrojé sobre el asiento.
El silbato del tren anunció la inminente partida, y yo con mis tacones. Me descalcé y me lancé en su persecución El andén parecía interminable.
En el momento en que el convoy se ponía en movimiento, trepé al vagón.
Agitada, localicé mi compartimiento, donde solté mis bártulos, y me dejé caer sobre el asiento. Sólo un rato después, ya recuperado el aliento, comprobé que mis medias se habían destrozado. Colgué el abrigo, acomodé mi cabello, y revisé la maleta en busca de un nuevo par.
Antes de ponérmelo, decidí ir al baño para refrescarme el sudor que corría por las axilas, por el pecho. Tomé el neceser, el nuevo par de medias, me calcé los zapatos y salí en busca de la toilette de señoras. Tuve que recorrer todo el pasillo hasta encontrarlo, en el camino, descubrí que la mayoría de los compartimentos se encontraban a oscuras, quizá vacíos. Me estremecí al imaginar el tren corriendo sin pasajeros, rodando en medio de la noche.
Al encender la luz, comprobé la estrechez del cubículo. Desabroché la blusa botón por botón. El agua salía tibia, un chorro minúsculo, que recogí en la palma de mi mano. No quería salpicarme la falda, me incliné sobre el lavabo.
Fue entonces cuando se abrió la puerta, y alguien apagó la luz. Como en un flash recordé que no había corrido el pasador.
Supe que era tarde.
Alguien se colocó detrás de mí. Una mano enorme me tapó la boca, la otra mano se apretó sobre mis senos, y empezó a restregarlos con fuerza. Sentí que enganchaba el sujetador, que lo destrozaba de un golpe, el roce áspero me lastimó los pezones. Apretada contra el lavabo, no podía defenderme, sofocada, luché por arañarlo. Sentí una presión nueva sobre mis nalgas. Junto con el temor, percibí una ráfaga de excitación que me subía por los muslos.
La misma mano que me hacía daño, buscó mi falda, tiró de ella hacía arriba, y encontró el hilo de mi tanga. Oí el ris ras de las costuras al ceder, eso aumentó mi ardor. Una mezcla de miedo y deseo. Mi sexo se mojó como nunca con su propio jugo. Ya no quería gritar, ya no quería defenderme, dejé de resistir.
Quizá el atacante percibió las señales de mi cuerpo: destapó mi boca. Sentí su aliento sobre mi hombro, mi cuello. Me volqué más sobre el lavabo. Él me sujetó por las caderas, ahora desnudas.
Sus dedos se deslizaron por mi culo, explorándolo en esa oscuridad sofocante. Lo dejé hacer, disfrutando de cada uno de sus hallazgos.
Me soltó de pronto, escuché que se bajaba la cremallera. Sentí el calor húmedo de su pene entre mis nalgas. Supe lo que iba a suceder y aspiré hondo.
Era un miembro grueso, duro, que ardía al penetrar. Los dos empujábamos, él por clavarse en mí, y yo, porque llegara hasta el fondo. Ahogué un gemido, pero no contuve el espasmo de doloroso placer. Al mismo tiempo que me sodomizaba, buscó mi clítoris hinchado, acariciándolo. Apretó los labios de mi vagina, mientras daba pequeños golpecitos sobre él.
Su respiración se agitaba junto con la mía.
—Más —murmuré—, más.
Los movimientos se aceleraron, el golpeteo de sus testículos contra mi sexo me arrastraba al clímax. Un clímax delirante. Me contraje entera, y estallé. Me inundó su semen, un chorro intermitente. Él siguió con sus movimientos, a cada pujo, un jadeo, un suspiro ronco; hasta que fue relajándose. Su sexo perdió turgencia, resbaló fuera de mi culo. El líquido caliente se escurrió por mis piernas, que aún temblaban.
Iba a decir algo, cualquier cosa, cuando él me soltó, y salió dando un portazo. En cuanto pude rehacerme, asomé la cabeza al pasillo: nadie a la vista.
Encendí la luz, reconocí sus señales en mi cuerpo.
Volví al compartimiento, espiando en cada uno de los que se encontraban iluminados. No pude reconocer a nadie.
Sólo una cosa supe.
Aquella noche, empezaba de verdad a escribir una nueva página de mi vida
Comentarios
Este, de verdad, es el primero.
La narración va "sobre rieles".
Decía lo de "además" porque siempre me he preguntado si en alguna violación o agresión sexual en las condiciones que aqui se relata el miedo puede quedar anulado por el placer, o sin embargo la sorpresa y el miedo anulan toda sensación placentera de la víctima.
Saludos.
Rocinante
Respecto a lo que dices sobre el placer o el miedo , en una situación como la relatada; la verdad es que no sabría decirte lo que se siente. Pero imagino que más que miedo se sentiría terror, y creo que, ese terror, inhibiría cualquier posible sensación placentera.
Otra cosa muy distinta es que sea un juego en la pareja.
En cuanto a la pregunta de Roci, imposible que exista placer en un intento de violencia, de agresión, es destrozar la voluntad de una persona..., casos reales que han sido contados asi lo manifiestan, donde la victima queda traumatizada por dolor y espanto.
un abrazo,
Le falla el contexto (bajo mi punto de vista), dado como violación "agradable" ,no me parece verosímil. Por lo demás hay que felicitar el como está escrito, algo flojo el principio, porque es muy típico, pero no está mal.
yo no lo titularia violación.
un abrazo,
Hola Haiku.
Primero, agradecerte la lectura del texto.
En segundo lugar, decirte que es obvio que para "gustos los colores", aunque quisiera hacerte notar algo.
Tú hablas de verosimilitud haciendo referencia a "violación agradable". Sólo quiero indicar que el término "violar" está definido (R.A.E.) como: "Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento". Si te fijas bien, la referencia a esa supuesta "violación" se limita únicamente a tres palabras "...luché por arañarlo". No hay ningún otro dato que dé por hecho que sigue la acción contra la voluntad de la protagonista.
En el párrafo siguiente hay un cambio que refleja la aceptación de ella "ya no quería gritar, ya no quería defenderme, dejé de resistir" donde no da muestras de sumisión, sino participación activa. Por lo que, para mÍ, queda totalmente descartada la violación como tal, y todo lo que ello supone.
También dices que, más que un relato parece una fantasía, bueno eso queda a gusto del lector, como ya te dije. Puedes catalogarlo de "fantasía inverosímil relatada".
Saludos.
Un saludo y felicitación para Cloe.
salud.