Supongo que el título no deja mucho a la imaginación :rolleyes:
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Después de comer, con la tripa llena y ganas de siesta, tuve que sacar al perro, como todos los días. Menudo plasta que se pone a veces.
Pues resulta que íbamos caminando, y de pronto veo a un borracho en un banco, sentado, mirándolo todo, o quizás no mirando nada. Chispa, que iba suelto, se acercó a él con ánimo amistoso, aunque fui a por él por si las moscas.
- Es un bonito perro -me dijo el hombre.- ¿Cómo se llama?
Era mayor, cuarentón, e iba desarreglado y ojeroso, con una barba de muchos días y una bolsa llena de latas de cerveza a los pies. Articulaba con algo de dificultad las palabras, y me miraba de una manera extraña, como con curiosidad.
- Se llama Chispa, porque de pequeño era muy revoltoso -contesté, con mi habitual simpatía. Yo y mi inocente mundo de críos.
- Mmh, parece inteligente, el chucho -comentó él,- yo he tenido un par de perros, y son magníficos...
- ¿Verdad? -entré de lleno en la conversación- Si yo ya te digo, a veces el perro es mejor que el hombre... En este mundo hay gente tan mala...
- Yo creo -dijo un poco más lúcido- que no hay gente mala, simplemente están malcriados o no entienden... Bueno... Verás, te hablaría más decentemente si no estuviera ebrio -me sonrió.
- Ná, no te preocupes, que te entiendo igual -le devolví el gesto.- Si para mí es realmente agradable charlar con la gente; pareces culto, además.
Él empezó a hablarme de lo que pensaba acerca de la Humanidad, de Dios, del mundo en general; después me dijo, en contra de mi opinión, que la vida es muy larga, y me habló de su familia, de sus amigos...
Resulta que el tipo tenía unos pensamientos realmente filosóficos. Pasada hora y media, con el perro a mis pies relajadamente, el borracho me dijo:
- No deberías confiarte tanto; eres muy pequeña y podrían hacerte cualquier cosa... Incluso has hecho mal en hablar conmigo.
- No te creas, sé más de lo que aparento -dije.
- Anda, lárgate a tu casa, niña.
- Bien... Encantada -me despedí cálidamente de él.
- Más lo estoy yo... Ha sido una buena conversación -me sonrió- supongo que tendría que darte las gracias. A ver si alguna vez volvemos a coincidir.
- Ojalá -respondí- bueno, tengo que irme... -miré mi reloj- ¡HAY MADRE! ¡Me voy! ¡Hasta la próxima!
Y dejé al hombre con un gesto de despedida allí, tirado en el banco.
A veces pienso en lo que podría haber llegado a ser aquel hombre.
Me dan repentinamente ganas de estudiar...
Comentarios
Leo todo lo que escribís, aunque no siempre comente. Y realmente sos una persona muy dulce.
No podría tratarte de tolerante, porque lo excedés. Sos una persona noble. No es muy común encontrar personas verdaderamente nobles.
Y lo que es mejor, para mí, leerte es muy placentero por lo bien que escribís. Deberías abordar temas más profundos. Con tu visión tan optimista, tan generosa de la vida y de las cosas, sin duda tus reflexiones, cuando más profundas, serán más esquisitas y reconfortantes.
Un muy cariñoso saludo, Barton.
PD: Me quedé en verdad asombrada con aquel hombre; estaba borracho hasta los cimientos y sin embargo se notaba su cultura tras esa cortina de apariencia pobre...
Saludos.
S. Cid
Muy bonito el acercamiento inicial, el perro, seguido por la niña, que se acerca al hombre sin miedo y sin prejuicios. Un adulto no lo hubiera hecho seguramente. Un buen ejemplo de ética y de tolerancia: la diversidad no es mala, es sólo distinta. Un aplauso, Barton.