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Imagínate

MisaeMisae Pedro Abad s.XII
editado enero 2010 en Narrativa
Hay veces que no es cuestión de ser más inteligente que la media, o más experimentado. Solo hay que tener mejor corazón. La semana pasada ocurrió algo que me ha reconciliado bastante con mi profesión (soy veterinaria y profesora sustituta de vez en cuando).
Hasta la persona más insegura puede darte lecciones sin pretenderlo.
No es un relato ambicioso, solo algo que escribí para decirle a una amiga que es mucho mejor de lo que ella cree.
Además así me estreno, que aún no había subido nada mío. ^_^
Ahí va:


Imagínate que eres un cachorro mestizo de seis meses. Apenas pesas tres kilos. Tus dueños no te han vacunado ni de casualidad, pero estás sano. Dentro de todo, tienes suerte.
Como eres un cachorro que no sabe nada del mundo, te encuentras dos anzuelos de pesca con carnada, y te los comes, ignorante y feliz. Después de una semana vomitando y esperando a ver si los cagas tú solo, tus dueños (haciendo uso de su tremenda capacidad intelectual) finalmente ven que va a ser que no, y te llevan a una clínica para pedir una segunda opinión. Inma, la veterinaria que te atiende horrorizada, te hospitaliza y le explica a tu dueño (con toda la educación de la que es capaz) que cómo narices va a salir solo un artilugio que esta diseñado para clavarse y desgarrar, que después de tanto tiempo lo más normal es que tengas varios trozos de intestino completamente podridos, que hay que operar YA, y que como estás muy débil, es posible que te mueras durante la anestesia. Ante tal perspectiva, tu dueño, rebosante de humanidad, dice que si le va a costar mucho dinero te sacrifica. La historia de siempre. Así que tu “doctora”, para evitarlo, no tiene más remedio que rebajar la cirugía prácticamente a precio de coste.
Total, que al día siguiente, aunque Inma nunca ha hecho antes esa cirugía, se arremanga y se pone a ello después de estudiar el asunto detalladamente. Ella y Ana, la otra vete, se pasan más de dos horas contigo en el quirófano. Y saltan y bailan cuando por fin sacan el primer anzuelo, tan clavado en tu estómago que te lo tienen que abrir por dos sitios. El segundo ya es más fácil. Están contentas. Aunque todavía queda un trozo de hilo de pescar pululando por ahí, en tus tripillas…al final deciden que la anestesia se está prolongando demasiado. El hilo tendrás que sacarlo tú.
Pero la cirugía ha sido muy larga, tú eres un enanito y te quedan muy pocas fuerzas después de una semana sin comer. Te quedas muy frío. No te quieres despertar. Para colmo, la torpe de Ana saca el tubo de tu tráquea antes de tiempo. Y como al final todo esto es demasiado para ti, se te olvida respirar. Menos mal que Inma está pendiente de todo y se da cuenta. Vuelve a colocarte el tubo y respira por ti, bombeándote aire con sus manos desde un balón de oxígeno. Existen máquinas que hacen eso, pero esto es una clínica cualquiera y aquí no tienen esos medios. Así que ella lo hace por tí. Durante más de tres horas. Ni siquiera se va a comer.
Durante ese tiempo llegas a las puertas del cielo de los perros y San Pedro te dice que ya que estás allí, eches una partida a las cartas con él. Mientras jugais te pregunta si piensas volver, pero tú no lo tienes claro. Es que con los dueños que te han tocao…te lo estás pensando.
Llevas casi dos horas así. Ana ha tirado la toalla. Dice que si en este tiempo no has mejorado nada, es muy complicado que despiertes ya. Que tu cerebro posiblemente tendrá daños irreversibles por la falta de oxígeno. Pero Inma no la escucha y sigue dándole al balón. Intenta que entres en calor con un secador de pelo. Te pincha cosas para que espabile tu pequeño y perezoso corazón.
Y tú la ves desde allá arriba y piensas “ bueno, ya que se lo está currando tanto…por no hacerle el feo… ”.
A las cinco y pico de la tarde Inma pega un grito. Ana, que estaba pasando consulta, entra corriendo al quirófano y la ve llorar, porque ya respiras. Y le da un abrazo, pa que no llore.
A eso de las siete abres un ojo. No sabes ni donde estás. Joder que frío. Y qué dolor. ¿Qué ha pasao? No te acuerdas. El mundo es un sitio tan extraño...
A la mañana siguiente te ofrecen agua, y por primera vez en más de una semana, no la vomitas. Te sienta bien. Con el estómago recién cosido y todo, porque eres un machote. Esa misma tarde empiezas a comer, ¡¡qué hambre!!
Ha llamado tu dueño. Dice que como es sábado y le pilla un poco mal acercarse a verte, que ya se pasa el lunes si eso.
También dice que te quiere.
Hay que joderse.

Comentarios

  • efezoefezo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2010
    muy buen punto de vista desde la perspectiva de un cachorro, imagínate si la vida fuera tan fácil como un "si cuesta mucho sacrifícalo"

    me encanto esta parte "te hospitaliza y le explica a tu dueño (con toda la educación de la que es capaz) que cómo narices va a salir solo un artilugio que esta diseñado para clavarse y desgarrar"


    salud. buena entrega, buen aporte, gracias!
  • isabel veigaisabel veiga Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2010
    Precioso. Siempre hay alguien que se interesa por nosotros y es gracias a esas personas que somos capaces de salir adelante de las peores situaciones. También hay que tener en cuenta que el cachorro vivió gracias a ellas, pero ellas también aprendieron cómo hacer una operación así, lo que equivale a aprender a salvar más vidas, aunque espero que no les hiciese falta porque no todos los dueños son así de negados.
  • MisaeMisae Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    Gracias por vuestros comentarios!
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