INACCIONES DE PAZ.
El 30 de septiembre de 2000, en Gaza y Cisjordania, al menos 16 palestinos murieron tras un enfrentamiento con tropas israelíes. En Gaza, Jamal y Rami Aldura, padre e hijo respectivamente, fueron dos de las víctimas fatales. Las fotografías que muestran la secuencia de su muerte siendo acribillados por las balas recorrieron toda la Tierra.
Este relato sólo intenta reflejar el dolor de lo que pasó ese día en ese lugar, tal como, lamentablemente, ha pasado y seguirá pasando en distintos lugares del planeta y con diferentes protagonistas y razones también distintas.
En mi corazón se abriga la esperanza de que comencemos a sentirnos ciudadanos de la Tierra, transformándola en un lugar para todos, donde crecer en igualdad de derechos y de obligaciones, y disfrutar de la justicia y la paz.
Mientras examina todo, Dios contempla a Rami y a su padre. Ya sabe el final y lloraría hondamente si fuera posible en él.
Llora Rami, él puede. No sabe el final pero su corazón lo intuye.
La distribución de la tierra entre los hombres reclama oblaciones de sangre. Eso eleva el precio del metro cuadrado para beneficio de algunos señores poderosos que se quedarán con ella cuando todo pase.
La tierra vuelve a llenarse de sangre; estalló la violencia entre dos bandos.
Si sólo pudiéramos pensar en lo cotidiano, diríamos que hoy es un día hermoso: ideal para disfrutar de la vida, de los que amamos, del calor del sol, de un sorbo de agua, de un árbol o de los gorriones.
Pero alguien (o algunos) planificó transformar todo en un matadero.
Se escucha el ruido seco de miles de balas de metralleta, su silbido en el aire, las infatigables sirenas de alarma, el rugido de autos de guerra, el sonido de puertas y ventanas siendo perforadas, corridas, gritos de mujeres, llantos de niños, maldiciones de hombres...
Todo es una mierda. Excremento que agusana el alma para que los que sobrevivan queden como muertos, recordando horror hasta el ultimo día. Todo es mierda o guerra, da igual, cualquiera sabe que son sinónimos.
El corazón de Rami tiene miedo. Su mente está agobiada por el dolor. Su alma quiere esconderse bajo la tierra. Los ojos de Rami quieren ver juguetes. Sus labios desean entonar una canción infantil.
Está gritando. Ve a su padre que también grita y llora y entonces comprende su inmensa desprotección.
Si papá grita -piensa - tiene miedo y no me puede cuidar.
Comienza a gritar mucho mas fuerte.
¡Animales necios y obstinados! - exclama Dios frente a la masacre y vomita - ¡Creerse semejantes a mí mientras desprestigian la razón y se subordinan a los instintos!.
Están sonando muy fuerte los celulares de líderes políticos, de servicios de inteligencia, de militares, de dirigentes religiosos.
Están sonando los teléfonos de la gente común que habita allí. Pero su timbre es menos potente que el de los otros. Además, las acciones de guerra favorecen la incomunicación entre los que, desde siempre, son los mayores afectados.
¿Quién empezó esto?, Quiero al responsable acá y ahora. - Dice uno que tiene autoridad para decirlo.
Señor, la situación se descontroló. Tomó una dimensión que no evaluamos - Dice otro del otro bando reportándose a su amo.
Sigue siendo un día hermoso y digno de ser vivido si no fuera por la guerra, por los cuerpos sin vida, por la mierda.
Rami y su padre, Jamal Aldura, se pertrechan, inútilmente, al lado de un barril. Buscan protección. No saben que sólo logran cambiar el marco escenográfico de su muerte.
Jamal abraza a su hijo, quiere transformarse en un muro impenetrable a los proyectiles, quiere ser una coraza infranqueable.
¡Dios, cuida de mi hijo! - ruega en su interior Jamal - ¡Que no se vaya de este mundo!. ¡Multiplícale sus doce infantiles años!.
Su oración no es reclamo. Reconoce la certeza de que el problema es nuestro. Que somos nosotros, por lo que hacemos y por lo que no.
Están pasando el enfrentamiento por la televisión.
Era hora. - se sonríe un traficante de armas - Quedan muchos productos para colocar.
Frente a la pantalla, políticos de ambos bandos piensan como salvar su imagen, ensayan la mejor cara de preocupación y las frases mas apropiadas.
Jamal y Rami, el padre y el hijo, son dos animalitos acurrucados, arrollados de miedo, impotentes al costado de un barril.
¡Paren, por favor! - grita el padre.
¡Paren eso! - ordena un líder por teléfono.
¡Paren eso! - manda el otro líder a sus funcionarios.
Alguien filma la muerte del niño y su padre.
Una bala avanza buscando el cuerpo de Rami. Ya lo encontró. Lo está matando.
Otra bala vuela hasta Jamal. Ya penetró. Lo está matando también.
La muerte los está arrebatando. No hay un largo túnel con luz brillante al final. No hay. Sólo unos segundos para que Rami ame por última vez a su padre; para que Jamal ame por ultima vez a su hijo. Ni tiempo de despedirse.
Ya son muertos. Ya no existen. No podrán tener ilusiones de felicidad.
El momento de su fin aparece en la televisión.
La secuencia fotográfica de sus últimos momentos de agonía sale en el diario de un domingo en el que yo estoy (con tanto derecho como ellos tenían) gozando de mis seres amados, en un lugar en el que aun no hay guerra.
Porque veo esas fotos y pensé, vuelco en un papel estas palabras que me duelen.
Dios lee este relato mientras lo hago. Lo leyó muchas veces antes de que yo supiera los hechos y escribiera. Sabe que soy un hombre que no cree que ser diplomático para denunciar injusticias sea un camino honorable. Sabe que, frente a una evaluación que dé primacía a lo material y lo individual, soy un perfecto imbécil.
Dicen que se reunirán en un país europeo, para que esto no se repita. Para afirmar la paz.
Será oportunidad propicia para que algunos conozcan una nación con edificios y refinamientos encantadores y compren regalos caros.
Hay dos que no viajan. Hay cien que no viajan. Hay miles, millones, que la guerra no deja viajar. De muchas tierras distintas. De este tiempo y de otros anteriores.
Todas las clases dirigentes se muestran muy consternadas por los hechos, luego de escoger el traje y el peinado para la ocasión.
Esposas de hombres poderosos están agradecidas que sus hijos se encuentren en otras latitudes o, al menos, altamente protegidos y apartados del conflicto.
En el barrio de Rami y Jamal cesó la lucha.
Unos rayos de sol reposan sobre sus cuerpos sin vida. Las moscas saborean las heridas.
A lo lejos se ve venir corriendo a una mujer. Un vestido holgado, que llega hasta el piso, le cubre el cuerpo; un amplio pañuelo oculta su cabello. No es feminista y ha sido feliz con sus costumbres hasta dentro de unos pocos metros más. Ya está cerca. Por la ropa reconoce a su hijo sobre el cuerpo de su esposo. Ahora ve la sangre sobre ellos. Llegó. Abraza a sus muertos y grita como no sabía que podía gritar. Ya no es feliz. Ya no volverá a ser feliz.
Corre desesperada, loca, arruinada. Unos hombres la abrazan y la contienen. No son machistas. Habían sido felices con sus costumbres hasta varios muertos atrás. Ya no lo son. Han aprendido a matar y a morir como no sabían que podían hacerlo.
En el noticiero hay rostros ilustres que hablan de culpas que son ajenas.
En los dos lados se preparan actos religiosos recordando a las víctimas.
Dios dejó de mirar y llora aunque no quiera. Quizá también estés llorando tú.
Escuché que Dios dijo que, como hasta el día de hoy, no hará nada para cambiar esto hasta vernos a todos haciendo algo para cambiarlo definitivamente.
Comentarios
Todos somos débiles y no hay nadie que no pueda defenderse. Mientras relatas y escribes esto, al tiempo que disfrutas ese domingo con tus seres queridos, pierdes de vista la perspectiva en tu intento desafortunado de elevarte espiritualmente a costa de los que según tú hacen lo que no deben.
Te diré algo. Ese mismo domingo en el que disfrutas con tus seres queridos, un vagabundo se arrastra por un callejón, acurrucándose para no pasar frío. El cielo acerado es su techo. El viento es su único amigo.
Ese domingo mientras disfrutas de tus seres queridos, una mujer solitaria abre la ventana de su apartamento. Mira hacia abajo, en sus ojos no hay nada más que un silencioso vacío. Y salta.
¿Tienes idea de cuantas personas se suicidan, madeiro? Bajate de la burra y enfréntate a la realidad, deja de escapar tras tus arengas.
No hay lugar para la paz en tu mundo de teleñecos, ni respiro en tu tierra de barrio sésamo. La muerte te rodea detrás de débiles paredes. Tus vecinos están peleandose, sus gritos resuenan mientras dos niños se acurrucan en una habitación. Y está ocurriendo ahora, madeiro. Vuelve en ti. ¡Reacciona! Este es tu momento de demostrar que eres algo más que palabras.
¿Qué te pasa madeiro? ¿Por qué no haces nada? ¿Es esta la fuerza de tus valores?
Prefiero mil veces el instinto antes que tu luz engañosa.
debiles han sido los esclavos , los judios ,los indios americanos ; y ahora lo son los civiles palestinos , las mujeres golpeadas por sus esposos , los niños abandonados y asesinados cuando los abortan , la gente que se muere de hambre en africa , los toros sacrificados en aras de la diversion del sector mas poderoso de la especie humana , etc , etc .y aunq el problema de la esclavitud y de los judios hoy en dia practicamente ya esta resuelto aun falta que la solidaridad y la justicia social le de solucion a los otros problemas que todavia subsisten en el mundo .
es como si unos pocos dispusieran de un gran barco en el cual viajan por la vida lleno de lujos y comodidades contemplando , totalmente ajenos a ellos , a sus semejantes que a unos pocos metros del barco se ahogan en un mar de miseria e injusticia, a los cuales les bastaria para seguir con vida , no que los subas a tu privilegiado crucero ,sino que simplemente les extiendas una soga para que no se hundan y si consideras que lanzarles esa cuerda te empobreceria en grado sumo, al menos dedicales unas palabras de aliento que activen y refuercen su instinto de supervivencia (como cuando unos mineros quedan atrapados en un socavon y resisten porq escuchan que sus compañeros hacen hasta lo imposible por rescatarlos); y si hasta unas sencillas palabras de animo te resultan fatigosas ,aun ese mutismo resultaria preferible a escupirlos con el desprecio .
Muéstranos tus obras.
Enséñanos a todos.
Guíanos.
¿Qué mueve tu vida?
¿Quién te trasforma en juez o en mi juez?
¿Qué sabes sobre lo que yo hago, aparte de escribir?
Pareces tener la lengua más imprudente que el cerebro.
Quizá te cueste entender que no sirve lo individual sino lo colectivo y hasta tanto no pase eso no pasará nada.
Quizá te cueste entender que hacer saber a los otros nuestros sentimientos no es lo mismo que mentir.
Ve a gritar a la cancha, descárgate entre las masas, pero no te creas superior a nadie.
Que no hay entre nosotros uno solo que valga más ni menos que el resto.
Gracias por enseñarnos una pequeña parte de lo que haces en tu vida por cambiar el mundo.
Un placer leerte y descubrir que hay gente aún a quien le importa este mundo en que vivimos.
Y lo peor es que en verdad se cree el cuento, dice, pide, ordena Guíanos, como el que dice: ¿si no soy yo, quién? ¿Si no es adonde digo entonces dónde? ¡Quien no te entienda que te compre, reyezuelo! O yo o el caos, a lo Núñez, regeneración o catástrofe, como si eso constituyera argumento alguno, como si fungir de dioses hiciera dioses a los hombres. No hay que ser genio para saber de dónde lo sacó, de dónde lo ha aprendido. Pero se equivoca. No porque no tenga razón en su quejido sino porque con su lenguaje panfletario lo que en realidad le salió fue un chillido intrascendente.
En el fondo de todo es la candidez lo que lo lleva a esto, y fastidia, eso sí, que tenga razón: los hombres son cada vez más potentes y la potencia los hace cada vez más animales, más bestiales, más fatales. Pero ese no es el foco. Para mostrar la atrocidad de un lechero asesino no hay que servirle al público vasos de sangre con una vaquita sonriendo en el asa. Eso se llama patetismo, la estulticia en su máxima expresión.
El dios, el contradictorio dios que concede a sus hijos el libre albedrío para que forjen el camino con sus actos y a la vez posa de vidente, de saber el futuro (como basado en la magia o en la mala fe de sus creaciones), la deidad que desde los cielos contempla, ya con delicia, ya con impotencia la bala morbosa que se clava, y se clava, y se clava en la carne es también un asidero absurdo, y ni siquiera porque su existencia sea tan dudosa como la de los elfos sino porque ya está viejo para el fin que el ágrafo pretende: construir una tierra digna (a secas, porque es para los niños de los niños, y para las niñas, y para los que ya no son niños; para ser moralista no hace falta explotar a los infantes sino demostrar que los valores pesan más que las pasiones). La humanidad lleva cinco mil años en guerra y lo único que estos faros baratos han alumbrado son nubes perdidas en el cielo, lo único que idean son dioses, la única solución convertir a las turbas asesinas en sectarios religiosos para que se maten menos. No les ha servido en cinco mil años, no les va a servir ahora. Porque el problema de los que asesinan y roban y violan es precisamente que son ruedas sueltas que desdeñan las normas por las que se rige el resto de la sociedad; derramar lágrimas a sus pies y recitar en sus oídos los mandamientos no va a servir, lo más que conseguirá va a ser redoblar su molestia. Hasta los fanáticos religiosos deberían entender, por el peso que implica el incesante desfile del tiempo, que es hora de encontrar argumentos diferentes, es hora de cerrar la biblia y explicar, sin recitar, que los seres humanos somos malos, somos perversos, somos horrendos, pero podemos controlarnos, podemos civilizarnos y, aunque con esfuerzos descomunales de voluntad y de intelecto, suprimir o cuando menos reprimir o cuando menos dirimir las atrocidades que se nos ocurren. Para luchar contra la violencia hay que empuñar (pero bien) las plumas, y contarle a los que no saben que en toda vida hay un infierno pero que alguien bueno, alguien responsable, alguien digno no descarga su furia, sus llamas en los demás.
Hay que enseñar a perdonar, pero no a los otros sino a sí mismos, no hay que condenar los sentimientos de venganza sino comprenderlos y aplacarlos. La venganza y el odio deben de ser de los sentimientos más puros y fuertes que alberga la raza humana, hay que tratarlos así, más sicoanálisis y menos biblia. Y obvio, muchos menos faros baratos, parecen a la larga películas de terror, Kill bill, Hostal, Tarantino, que quieren mostrar más que todo el ojo salido de su cuenca y uno lleno de asco, vomitando en el baño se pierde la parte en que le cuentan que una cofradía secreta se reúne a matar gente.
Aunque no importa qué se haga, los hombres se van a seguir matando, para eso el DIOS de Madeiro y el Mahoma de mi madre y el buda de los orientales dejaron aquí las piedras y el uranio, el plutonio, el einstenio y el mendelevio, por eso no llenaron de agua el infierno: porque lo necesitan. Aquí hay trabajo para todo el mundo.