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Consulta, analisis sobre cuento de Julio Cortazar - No se culpe a nadie

instintoinstinto Anónimo s.XI
editado mayo 2010 en Preguntas perdidas
Que tal, espero estar en el foro correspondiente.

Estoy llevando a tablas (Teatro) algunos cuentos de Julio Cortázar, entre ellos "No se culpe a nadie". Junto con mi asistente de dirección estamos analizándolo y tenemos algunos puntos encontrados. Yo considero que el tipo termina suicidándose... las últimas líneas del cuento dicen...

"...y la baba azul le envuelve otra vez la cara mientras se endereza PARA HUIR A OTRA PARTE, para llegar por fin a ALGUNA PARTE SIN MANO y SIN PULOVER, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe, y lo acaricie y doce pisos"

Fundamentos...

El tipo quiere "escapar" de su realidad. El tipo quiere resolver lo que no puede desde hace mucho tiempo (por eso cuando sale del pulover, vuelve a ingresar a él). El tipo quiere dejar de sufrir. Cuando logra sacar la cabeza y sentir el aire, se encuentra con su mano (la cual tomo vida propia) apuntandole con sus uñas, el afuera ya es igual que el adentro o peor. Entonces regresa, viendose sin salida, entre la espada y la pared, y ahí, sucede lo que sucede y dice el final del cuento...

* Huir a otra parte (la unica parte referencial en el cuento es el afuera, dado por la ventana. Quien se suicida huye de la vida)

* Alguna parte sin mano y sin pulover (definitivamente matandolos, dejan de existir y con él mueren)

* Donde solamene haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe, y lo acaricie (esto sucede cuando corremos, cuando el viento nos acompaña, nos envuelve cuando giramos, lo sentimos, en síntesis, cuando caemos al aire libre)

* Y doce pisos (su salida para ello - ya que todas estas sensaciones sucederan al caer y finalizaran con lo que desea, su vida)

Mi humilde aporte y opinion al respecto.
Espero que quien lo haya leído pueda ayudarme en la interpretación del mismo.

Gracias.
Julian.
Bs. As.

Comentarios

  • artemisaartemisa Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2008
    No se culpe a nadie









    Hl frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas. por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tonteria de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendria que salir fácilmente pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahi arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridiculo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izqulerda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, sunque su mano izquierda le duela cads vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fria, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.







    de "Final de juego", Julio Cortázar 1956. © 1996 Alfaguara
  • instintoinstinto Anónimo s.XI
    editado diciembre 2008
    Hola, que tal.
    Por que pegas el cuento aca si yo deje un link al mismo??
  • artemisaartemisa Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2008
    Hola, tómatelo así : alcé el libro que citaste y lo dejé sobre la mesa...
  • instintoinstinto Anónimo s.XI
    editado diciembre 2008
    Me seria mas util e interesante una opinion sobre el cuento que es lo que solicite.

    Gracias.
    J.
  • BorgesBorges Pedro Abad s.XII
    editado julio 2009
    No pude leer el cuento por falta de tiempo, mas tarde lo leo, pero seguro que el hombre se suicido, se ve con claridad.
  • GarecaGareca Anónimo s.XI
    editado septiembre 2009
    Hola!
    A mi también me parece que es claro que el protagonista del cuento de Cortázar, No se culpe a nadie, termina cayendo por la ventana doce pisos para encontrar la muerte como liberación.

    Cuando leí este cuento por primera vez la única duda que tenía era si el protagonista se cae por la ventana por accidente o si se tira para liberarse de esa situación. Porque en una parte del relato queda claro que la lucha para liberarse del pulóver está limitada, además de por su propia mano ahora incontrolada y amenazante con garras, por una ventana abierta que limita sus movimientos ante el temor de caerse por la misma en la ceguera impuesta por el pulóver.

    Saludos
  • saraesthersaraesther Anónimo s.XI
    editado febrero 2010
    Creo que la clave está en el título: No se culpe a nadie es lo que suelen escribir los suicidas antes de matarse...
  • editado febrero 2010
    Yo siempre consideré que el hombre se caía por accidente por la ventana, pero la posibilidad que presentás es muy interesante, y le da un mejor giro a la historia.
    Yo elegiría ese final.
  • WatasiWatasi Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2010
    Sí, el tipo quiere huir, o su incipiente locura se lo ordena ("que no es lo mismo, pero es igual"), y huye lo más lejos posible, esto es, a la muerte.
    Es genial ese cuento. Recuerdo que es de los que más me gustó. Ese aire kafkiano pero desenvuelto, ese juego trepidante, ese careo con el lenguaje que tan bien afrontaba Cortázar, esa descripción enredada y volteada una y otra vez como las variaciones de música clásica, como la improvisación jazzística (que tanto emocionaba al autor), coherentes con la mínima historia que cuenta y con las sensaciones interiores del protagonista, todos estos elementos me parecen maravillosos. Me ha encantado releerlo.
    Instinto, permíteme una sugerencia para la adaptación teatral (muy compleja, ciertamente, por eso de la mano): localizad el tema de jazz más acorde con la escena y subidle el volumen.
  • luuciagervacioluuciagervacio Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    Me resultó increíble la propuesta que presentaste. Lo tuve que leer para el colegio y también sobreentendí que se había suicidado, pero lo relataste y expresaste de una forma tan detallada, que pocos podrían haber propuesto. Me ayudó mucho a entenderlo por partes.
    Excelente.
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