2001
Caminaba por las calles húmedas y frías de la ciudad.
.Pequeña... ¿Por qué te escondes, pequeña?
En una de sus enguantadas manos llevaba una carta, en la otra, su arma predilecta, un cuchillo.
-Vamos pequeña, sal de tu esconditeeeee...
la calle estaba desierta a esas horas de la madrugada...
-Huyes y te escondes, pitufina... ¿De qué huye la princesa?
Las farolas simulaban centinelas guardando ambos lados de la calle, apenas existían sitios oscuros en donde refugiarse.
-Pobre, pequeñina... ¡Jejejejejejejejejejejejejejeje!
Un ruido a su derecha, y el asesino giro, ágilmente, saliendo disparada la carta hacía el lugar de donde provenía el ruido. Un gemido ahogado y acuoso sucedió al seco golpe de la carta, ensangrentada, al clavarse en el muro.
Con un cojear ostensible, deudor de las palizas en el reformatorio, se acerco al lugar donde había caído su presa.
-Aquí tenemos al conejito, podemos añadirlo a la rata cocainómana y al oso enamorado del conejo.
Dirigió la navaja a la entrepierna de la muchacha...
¿POR QUÉ TAN SERIOS?
APERTURA (Un chiste)
-Os contare un chiste...
“... Todo empieza con un joven tumbado en una cama de hospital... ¿Me seguís? Esta intubado, porque... Espera que se me ocurra algo... Ya esta, un muchacho empezó a reírse de él... Era uno de esos muchachos que siempre quieren ser el gallito del corral... entonces el chico se revolvió contra el gallito... Y el gallito le partió la cabeza, golpeándosela varias veces contra las mesas ancladas, y las que no, que había por toda el aula...
“... Al chico que nos ocupa... Le encantan las bromas, los chistes, hacer un poco el payaso... Cree que así al menos le aceptan en la clase... Quizá sea cierto, la vida es así de cruel...
“... Ok, vale, vale... Me calló...
ESPECTÁCULO (una gran broma)
La respiración era dificultosa, uno de los bordes de la mesa casi seccionó su traquea... El tipo le precipitó a azar contra las mesas, no le importaba el daño que hacía... Solo quería demostrar a aquel pringado quienes mandan y quienes han de humillarse...
... Había cicatrices por toda la cara... Algunas tan profundas que quizá nunca desaparecieran... Por no hablar de los huesos fracturados, y los dientes perdidos... Cuando lo trajeron al hospital, hubo dudas de que pudiera volver a hacer una vida normal... O sobrevivir a la siguiente hora...
Las enfermeras fueron a verle cada hora, en sus rostros se leía como estaba el rostro del joven... Su padre no fue a visitarle... Su madre no paraba de llorar cuando estaba junto a él...
-¿Que vamos a hacer ahora...?
o...
-No te preocupes, hijo mío, seguro que encontramos un buen cirujano plástico que te pueda devolver tu carita de ángel.
¿Carita de ángel, mama?, tengo acne desde los 11, gafas de pasta desde los 3, y ortodoncia desde los 8... Y tengo 14... Nunca he tenido una cara de ángel, má... Le hubiera gustado podérselo decir... Pero apenas podía abrir la boca, y menos proferir algún sonido que no fuera un gruñido... Los tubos, los hierros, el hilo, y, las cicatrices...
Cada noche enfocaba la cara de esos tipos, los médicos se preguntaban que le hacía seguir vivo... Si hubieran visto lo que él veía cada noche, imaginarían lo que él imaginaba... y no se tendrían que hacer esa pregunta cada vez que le veía... Rabia, rencor, venganza... Son palabras que, ese cuerpo inmóvil (conectado a maquinas y tubos para poder respirar y alimentarse), habían convertido en dogma de fe...
3 meses mas tarde...
... Dijeron que fue el shock de mirarse al espejo, dijeron que fue cuando le confesaron que sus cuerdas vocales habían sufrido daños y que debería vivir con esa voz de pito el resto de sus días, o, quizá fue el pavo que todo adolescente pasa... Quizá fuera que estaba enfadado con ellos por su comportamiento durante la recuperación... Hay tantos elementos que tener en cuenta...
... Sus padres colgaban, con sonrisas perfectas en sus perfectas bocas, del techo del inmenso salón de la, igualmente perfecta, casa...
... Él se quedó mirándoles, sonriente... Una perfecta sonrisa lograda con unas caras fundas...
-Mama... Ahora si que tengo cara de ángel ¿Verdad, má?
Salió de la casa, sonriendo... Aquel iba a ser un día perfecto... Aquel día volvía a la escuela...
Todos los niños retrocedían al verle... Los más pequeños, corrían llorando y gimoteando al amparo de las faldas de sus profesoras...
... La perfecta sonrisa no abandonaba el rostro de él...
El director se dirigió rápidamente a cortarle el paso...
-¿Dónde se cree que va? ¿Qué clase de broma es esta?
Él levantó la cabeza, el tipo era bastante más grande y voluminoso que él, pero, no perturba la perfecta sonrisa...
-Pues eso, Señor Director, una broma
El tipo bufó...
-Venga conmigo, que le voy a enseñar yo a pitorrearse de sus mayores...
Le agarró fuertemente del brazo, el rostro del chico hubiera mostrado dolor si no hubiera dejado de sonreír, mientras, aquel hombre, intentaba arrastrarlo hacía su despacho...
-German, deja al pobre muchacho... Ya lo ha pasado bastante mal... No le jodas en su primer día de clase después de aquello...
Era la señorita Ramírez, sobrina del director... Joven y guapa... Les dedicó a ambos una sonrisa... La presa, sobre el brazo del chico, se soltó...
-Por hoy te salvas, chaval... Vete al baño, y quítate eso de la cara... Esto no es un circo
Él siguió sonriendo, asintió y se marchó...
-Maldito bastardo... No pienso tratarle con preferencia, le haya pasado lo que le haya pasado... Así no se administra la disciplina, Señorita Ramirez... Así no se administra la disciplina
Y el voluminoso tipo se marchó por donde vino...
A la hora del recreo hubo fuegos artificiales... El despacho del director voló por los aires...
... Él chico tan solo sonreía...
Los bomberos no pudieron entrar hasta que no cesaran las explosiones... Para entonces... El señor Director...
-Que gran desgracia... Pobre German
La que habló fue Blanca, la profesora de los primeros cursos de la primaria... Su figura temblaba en las pupilas del sonriente muchacho, cuando este la miraba...
-Te vas a quedar aquí hasta que reconozcas que fuiste tu quien pinto la mesa de tu compañera...
-Pero... ¡Snif!... Es que no fui yo...
La garra se cerró sobre su cabellera de nuevo... Le zarandeó... Hasta que consiguió que el regara para que parara... Sus ojos se abrasaban... Su cabeza estaba llena de calvas, por los pelos arrancados... Sus compañeros no paraban de reírse... Humillado... Golpeado...
... Herido por siempre...
-¿Y tu que miras?
-A ti, Blanca
-Pues deja de mirarme sino quieres que te lleva a...
Ella se paró, al darse cuenta de lo que había estado a punto de decir...
... Él se reía... Y su risa era... era...
Blanca se echó las manos a la boca, reprimiendo el grito... Su rostro se manchó con el fruto del horror...
Dos jóvenes pasaron junto a la escena... Y él desvió su atención hacía ellos... Aquellos dos estaban aquel día, acompañando y animando al tipo grande que le dio la paliza...
Dejó a la temblorosa Blanca, allí inmóvil... Aparentemente, ya, ausente de la realidad que al rodeaba...
Siguió a los dos tipos... Y en cuanto, estos, se percataron de que eran seguidos...
-¿Qué quieres atontado?
-No, no es una atontado... Es un payaso, no lo ves
Esos dos nunca dejarían de mofarse de él... Nunca, aunque intentara convencerles con la palabra... Nunca dejarían de mofarse de él... Si lo hicieran, perderían su estatus... Su lugar en la cadena alimenticia... El León jamás dejara de comerse a la cebra... Ni el pez grande al chico... Arriesgarse a cambiar nuestro comportamiento, es arriesgarse a perder nuestro escalón dentro de la cadena... Cambiar hábitos puede ser razón de extinción... Así lo comprendía él chico sonriente...
... Así que les hizo cambiar su habito de respirar...
Se grabó en la memoria la cara de los dos tipos al verle sacar el arma... Horror... Terror... Espectáculo...
... Y que es un buen espectáculo, sin una salida triunfal y sorprendente...
La gente pensó que las explosiones habían parado... Algunos decidieron no esperar a los bomberos, y meterse dentro para sacar al Director... Quizá tuviesen la esperanza de que estuviese vivo...
Se equivocaron en dos cosas... La primera explosión había matado al Director... Y la otra... No hay espectáculo de fuegos pirotécnicos que antes de acabar no tenga su traca final...
... Los tres edificios volaron por los aires... Uno detrás del otro...
... A todos, de una forma o de otra, les guardaba rencor... Nadie se salvaba de su deseo de venganza, todos le habían pisoteado al menos una vez... No encontraba dentro de aquel lugar, dominado por adultos retorcidos y abusones, y, alumnos que habían de regirse por una jerarquía interna (Que ríete tú de las familias mafiosas, o de los estamentos del Antiguo Régimen en la Europa del S. XVIII) gobernada por los alumnos más populares...
... Encontró a aquel tipejo, aquel que le dio la paliza... Aquel a quien no le importo estar a punto de matarle, con tal de enseñarle la principal regla del lugar... Con tal de ponerle en el sitio que le habían asignado...
-Ayu... Agyu... Ayudame...
Estaba atrapado bajo vigas y cascotes... Probablemente su espalda estuviera rota en varias secciones...
... Mejor así... Le dio lo mismo que le dierón a él... Sufrimiento... Agonía... Dolor... La humillación de una muerte lenta, la cual te sientes incapaz de frenar... De detener...
Se marchó de la escuela, por entre los cascotes y los restos de lo que habían sido la verja, y el muro sobre el que se asentaban...
CLAUSURA (o que ocurrió con la profesora Blanca, después de que huyera del lugar antes de que empezaran las explosiones)
... Pasó horas encerrada en su casa... Las ventanas cerradas, las cortinas echadas... Las persianas apenas dejaban entrar un hilo de luz...
Se tragó entero el frasco de su medicación para la esquizofrenia que padecía...
... No dejó de oír esa risa hasta que las luces se apagaron para siempre...
... Unos dicen que fue un vecino preocupado... Otros, que fue un agente de policía curioseando sobre la razón de, que no estuviera en el colegio en el momento de las explosiones...
... La que esperaba a ese individuo no fue una mujer ausente... Tampoco una mujer temerosa de ser descubierta como autora de atrocidades... No... Lo que se encontró fue un cuerpo balanceante en el vacío... Con una perfecta sonrisa iluminando su cara, vacía de cualquier otro rastro de vida...
Comentarios
Pasando de reformatorio en reformatorio, fueron sucediéndose dos años o tres. Hasta que apareció un familiar que se quiso hacer cargo del chico. El hombre se presento como el tío Samuel, y enseguida se lo llevó a su nuevo hogar.
-¿Os lo estáis pasando bien? – entró en el bar, con un seco golpe de la puerta, y, barajando un mazo de cartas - Me alegro. Yo también me lo paso muy bien, matando pokeros, yonkis y europeos del este... Vuestros móviles estarán seguros en vuestros bolsillos, después de esta pequeña cruzada. ¡Jajajajajajajajajajajajajajajajaja!
Los parroquianos se giraron hacia él, con la ira dibujada en sus pupilas...
-Mira, cacho mierda, será mejor que te vayas por donde has venido.
Le increpó un tipo con pinta de obrero de la construcción.
-¿Juegas?
Le dijo él con su cara de payaso y su tétrica sonrisa.
-Chaval, se está rifando una hostia, y, llevas todas las papeletas.
Él siguió barajando sin hacerle mucho caso al energúmeno.
Varios hombretones más se levantaron de sus mesas, todos con peor pinta que el anterior.
-Creo que esta es vuestra carta.
Dijo él, mostrándoles una de las cartas que había en el mazo.
-¿¡Estas loco chaval!?
-No sabes cuanto.
Y nada más decir esto, se aparto de la puerta, y, una lluvia de plomo barrio el bar.
-Samuel estará muy orgulloso de ti, chico, buen trabajo.
Dijo un hombre, en cual entró con su arma aún humeando, con la mano en el hombro del chico.
QUÉ SERIOS ESTAIS...
-Hola.
Él entro en el comedor del reformatorio, era su primer día y le acababan de dejar allí (Sin siquiera enseñarle el lugar donde dormiría). Cargó su bolsa al hombro, y se sentó en el primer lugar que vio. Los demás se habían girado al verle entrar, él les dedico su mejor sonrisa... Si alguno se pasaba de listo, saldría con los pies por delante de aquel lugar.
-Holaaaaaaaaaaaaa... ¿Como estas?
La chica, grandota, de tez morena y llena de granos, y claramente muy efusiva; le abrazó como si le conociera de toda la vida.
-Bien, ¿y vos?
La chica debía ser estúpida, o algo peor, pero él decidió que no la haría daño (si ella no quería, pensó tras echar una ojeada a sus curvas y sus carnosos labios)
-Pues ahí – comenzó a parlotear la chica - ¿Qué te puedo decir?... Luchando conmigo misma, y ¿Tu como vas con tus cosas?
Miro la bandeja de la chica, por el estado de la comida dedujo que llevaba mucho tiempo ahí y que ella no pensaba probar bocado... No solo estaba chalada, si no que era anoréxica. Ella le miraba impaciente, esperando al respuesta a la pregunta que le acababa de hacer.
-Bien, haciendo lo que se puede
-Si verdad ¿Qué hiciste?
-Volé un colegio, y, mate a mis padres... Además de a otra gente.
-¡uyyyyyy¡ ¡Si que andas graveeeeeeeee!
Agarró con fuerza el cuchillo, y pensó en sacarla con él aquellos ojos de sapo... y luego echarlos en su comida. Desistió de ello, por alguna razón, la chica le daba pena.
Mientras la tipa seguía hablando, él hecho una mirada por todo el comedor... Dos tipos de personas: Cazadores y presas... y las presas eran chicos y chicas que, en su mayoría, tenían alguna tara psicológica. Seguramente, la chica que tenía al lado, era una más del rebaño de presas... Seguramente por eso se acercó al chico nuevo, en busca de protección. La cosa era: ¿El chico nuevo se la iba a dar, o se la comería como haría cualquier cazador con su presa? Él meditó esto largo tiempo, mientras ella no paraba de hablar.
Tres de los chicos, de los que se podían calificar como parte de los cazadores, se acercaron a la mesa, de camino a la salida, y escupieron consecutivamente en la comida del nuevo. Él les dedicó una sonrisa, mientras se grababa en la mente la cara de cada uno de los tres.
-¡No os asustéis!... ¡Aquí hay sitio para todos!... ¡Jajajajajajajajajajajajajajajaja!
Como era previsible, acabo el día con una camisa de fuerza y aislado en una habitación fría y vacía, que se reservaba para los casos de chavales muy violentos.
-¡Hi, señora! – le gritó a dos pies hinchados, que caminaban sobre tacones, al verlos pasar - ¿¡Como andamos!? ¡Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!
Los hechos no quedaron muy claros... Se le había encontrado, maquillado como un payaso, con aquella sonrisa de maniaco, y, cubierto de sangre... No se supo, hasta más tarde, de quien era la sangre, pero enseguida se le destino a aquella habitación con aquel atuendo tan represivo.
-¡Adela... Gran coño mío! ¡Ven aquí a consolar a tu papaito! ¡Jajajajajajajajajajajajaja!
Adela era la muchacha con la que había comido aquel día... Fue la primera persona en la que se pensó como victima, pero se la encontró en su habitación, muy tranquila.
Él se agitaba de un lado a otro de la habitación, como un enloquecido... como un animal rabioso, que no abandonaba esa tétrica y enloquecida sonrisa ni un momento. Los vigilantes, que observaban por las cámaras de seguridad, dijeron que parecía una hiena rabiosa... y, desde entonces, con ese nombre le empezaron a conocer entre los funcionarios de aquel correccional de menores.
La pregunta se pudo resolver, ¿De quien procedía la sangre que bañaba las ropas del muchacho?, tiempo después, cuando encontraron a uno de los muchachos, que habían escupido en la comida de aquel, desangrado en su habitación... le habían seccionado la lengua. Pero aún quedo una pregunta sin resolver: ¿Dónde estaba la lengua?... Ni siquiera él chico, bajo promesa de liberarle de su confinamiento, quiso confesar donde estaba tan truculento trofeo.
-Tuuuuuuuuu – se escuchó un susurro bajo la puerta - ¿Me oyes?
-Si... – dijo él con desgana, había reconocido la voz de Adela - ¿Dónde sino?
-BIEN.
Por su mente pasaron mil cosas sobre que hacerla si conseguía franquear la entrada aquel solitario y frío habitáculo...
-Mamacita... ¿Te gustaría entrar?
La dijo sin disimular la lascivia en el tono.
-ESTOY OCULTA.
Él asintió ante lo evidente de lo que ella declaraba.
-Ok... Me gustaría metertela aquí mismo.
-¿Cómo?
Él se rió.
-Nada.
-BIEN – dijo ella, claramente no tenía idea de nada... pobre tontita -. Oye... que me acuesto ya
-Ciao
Su risa resonó por todo el corredor, en ese momento decidió que se comería a esa ilusa en cuanto tuviera oportunidad... Era una presa tentadora.
Su cuerpo era voluminoso, aunque evidentemente sensual; su piel era de un color cobrizo, manchada por múltiples marcas, cicatrices, y manchas. Pero ahí estaba ella, postrada en aquella fría camilla, a la cual la habían sujetado con correas, y desnuda de cuerpo entero. Él, en cuclillas sobre la camilla, y, frente a los pies de la muchacha, la miraba con una sonrisa maniaca mientras jugueteaba con un juego de bisturís...
-Mmmmm... Doctor, el cordero esta listo para trincharlo...
Él despertó de aquel sueño, con una placida sensación de bienestar.
Al escuchar el ruido de llaves, y el movimiento seco de los cerrojos, supo que ese día le tocaba sesión con el psicólogo...
...
-¿Qué has hecho últimamente, Hy... José.
Dijo él psicólogo.
-¿Iba a llamarme Hyena? – dijo él, torciendo la cabeza como un animalillo - ¿Así me llaman a mis espaldas aquí?
El psicólogo no sabía que responder, se sentía incomodo debido a su desliz.
-Hace calor.
Dice el psicólogo, para justificar su azoramiento.
-Estamos en verano ¿Qué espera, doctor?
-Sí, claro.
Tomó aire, debía retomar el control de la sesión, por lo poco que sabían aquel no era un paciente inofensivo.
El chico, libre de la camisa de fuerza (aunque esposado los pies a las patas de la silla), cierra los ojos y deja a sus manos juguetear con un mazo de cartas...
-Tenéis una oportunidad, es una juego muy simple... Si sale comodín os como, si sale otra carta os salváis...
“... Uy, creo que habéis perdido.... ¡jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!
“Iré preparando la mesa, y, sobre todo, los cuchillos... Adoro los cuchillos...
-¿José?... ¿Me estas escuchando?
Dijo el psicólogo mientras tamborileaba, con el bolígrafo, sobre la mesa.
-Perdóneme, Doctor – y le regaló su mejor sonrisa de psicópata – Me quede en las nubes... Un momento.
-¿Dónde esta la lengua de aquel chico?
-Doctor, usted si que sabe ir al grano – dijo, simulando ofenderse -... Lo hace igual con todos los loquitos del lugar... Seguro que le encanta que algunas loquitas, lloren encima de su entrepierna... O ¿quizá es de los que le gusta usar el diván para tener más a tiro el culito de un loquito?
-No estoy dispuesto a soportar este ultraje.
El psicólogo se levantó de la mesa lleno de cólera.
-Tranquilo, doctor... ¿Acaso mi bromita ha tocado algún punto sensible?
El psicólogo se abalanzó sobre él, y, agarrándole por las solapas, lo levanyo en vilo.
-Sigue así, pequeña mierdecilla, y te juro que te pudrirás en esa habitación, y, con esa puta camisa puesta en todo momento.
-¿Q-u-i-e-r-e f-o-l-l-a-r-m-e, d-o-c-t-o-r?
-¡Hijo de pita!
Y lanzó el cuerpo del joven, silla incluida, contra la pared que tenía enfrente.
-Sigue, papito, sigue... Más alto, papito, más alto... ¡Jajajajajajajajajajajajajajajaajajaja!
Él joven reía enloquecido, mientras, ardiendo de cólera, el psicólogo le pateaba y blasfemaba...
-Siiiiiii, papi, siiiiiiiiiii...
Contra más parecía disfrutarlo el chico, más eufórico se ponía el psicólogo.
El crujido de los huesos al quebrarse, pronto fue acompañado por un chapotear de sangre... La risa enloquecida del chico, fue acompañada por la risa maniaca del medico...
-Dime, doctor... ¿A qué no es nada malo volverse un poco loco de vez en cuando?
Los guardias de seguridad actuaron antes de que lo matara a golpes, aunque por las risas del chico pareciera todo lo contrario.
Pocas horas después, se encontró al psicólogo con un tiro en la sien, y, sonriendo como nunca. La pistola, que sujetaba en su mano derecha, delataba el suicidio.
No hizo falta que se lo dijeran al chico, él lo olió en el mismo aire del lugar.
-Siempre hay que morir con una sonrisa.
Y cerró los ojos, para llamar al placido sueño.
Al día siguiente le trasladaron de reformatorio... Querían quitárselo de encima lo antes posible.
Caminó hacía aquel antro, empuñando aquella recortada en su mano... Las ordenes eran claras, eliminación total de todos los allí presentes...
... Cruzo como una exhalación la puertas batientes del lugar, apoyo el cañon en su antebrazo... Uno, dos... Cargar... tres, cuatro... Cargar... cinco, seis... Cargar... siete, ocho... Cargar... nueve y diez... En menos de 10 segundos, y sin dar tiempo a sus victimas a reaccionar, había limpiado el lugar... Entonces escucho el sollozo...
... Cargo dos cartuchos más, y, se encamino al rincón de donde procedía el ruido...
-No me mate, por favor.
Acurrucada tras la barra encontró a una muchacha, era hermosa y sus ojos le convencieron de que no debía matarla.
-Huye.
La dijo.
-Gracias... Por cierto, me llamo Rose.
-José.
Dijo él, y al girarse vio que ella se había detenido en la puerta y le sonreía.
-Gracias, José.
Aquel día fue su último día en el Credo.
Ella caminó con paso nervioso por la calle, dejando aquel local lo más lejos posible de ella. De pronto una mano enguantada y la manga de una casaca escarlata, surgieron de un callejón para atraparla, y, atraerla hacía el interior de este.
-Tranquila, Rose, soy yo: Felipe.
Ella suspiró aliviada.
LA NIÑA DESAPARECIDA
Traspasó la puerta del local, y todos los rostros se giraron hacía él. Su aspecto era estrambótico, como mínimo. El traje (El uniforme de un Dragón frances) no pegaba en aquel lugar ni en aquella época, la maraña de pelo teñida de rubio pajizo y la barba mal cuidada, le daban aspecto de pordiosero (Algo que desmintió el billete que dejo caer sobre la barra).
-Acabo de cobrar... Sírveme una botella de martini rosso.
El camarero comprobó que el billete no fuera falso, luego fue a la bodega y le abrió una botella de dicho licor al recién llegado.
-¿Quiere un vaso?
El camarero debía estar acostumbrado a los borrachos de poca monta, este demostró, con una mirada que empalideció al viejo camarero, que no lo era.
-Échale un par de hielos al vaso.
Dijo el desconocido.
Por mucho que lo intentaban, nadie lograba ver su rostro con claridad, y temían acercarse un poco por miedo a que aquel tipo fuera algún loco psicópata.
Él tipo pegó un respingo, y después saco un móvil de debajo de la casaca.
-Hola – dijo el desconocido -... Rose, ¿Eres tu? – guardo silencio un momento, luego volvió a hablar - Si, cielo, mucho tiempo ¿Qué es de tu vida? – de nuevo escucho, luego le tocó hablar de nuevo - ¿Tu sobrinita? ¿Desde cuando esta desaparecida? – asentía mientras escuchaba la voz del otro lado de la línea – Ok... No te preocupes, en cuanto sepa algo te llamo... Sí, también un beso para ti... Ciao, bellisinma.
Colgó el teléfono, se lo volvió a guardar en un bolsillo interior de la casaca, y siguió bebiendo.
Miro a su alrededor, y rebuscando, de nuevo, bajo la casaca, saco un paquete de “Next” y de él extrajo un cigarro con los labios.
-Camarero, ¿tienes fuego?
Él hombre sacó un mechero de su bolsillo y lo encendió frente al desconocido. Por un instante, la llama le mostró las facciones del desconocido, y, eso lo dejo petrificado.
-Si lo acercas un poco más no te voy a morder, joder.
Dijo el desconocido.
El camarero, tembloroso acerco la llama al cigarro, intentando no volver a mirar aquellos rasgos.
-Gracias.
Y una bocanada de humo salió expulsada de aquellos labios.
Los dedos del desconocido tamborileaban nerviosos sobre la barra, mientras parecía que su mente estaba inmersa en lagunas bien profundas.
Me fui de la oficina. Estoy saturado después de lo de ayer con Helen, ¿como me pudo enfrascar en esa discusión sobre los chicos oscuros? Es gilipollas, definitivamente creo que debería despedirla... Si, claro, pero es la hija de Sandro... Me pregunto si ¿siguen las cosas raras en la oficina? No estar conectado al mundo real te hace preguntarte tontería... pero paso hoy de oficina. Aunque, supongo que aun siguen raras las cosas allí... Ná, paso, solo quiero descansar.
Para cuando el desconocido volvió a mirar a su mano izquierda, el cigarro se había consumido por completo. Lleno de nuevo el vaso, y siguió pensando.
Es complicado avanzar... Debería pasarme por casa de Rose, y coger al menos una foto de la niña. No creo que sirva para nada especial, pero nunca se sabe... Necesito ayuda.
-Ey, chico, te veo depre.
Una voz cascada, aunque claramente femenina, le sacó de sus cavilaciones.
-¿Tu crees?
Y al volverse, dejó que ella viera su rostro un instante.
La mujer comenzó a retroceder lentamente mientras balbuceaba:
-¿Que...Qué clase de degenerado eres?
-Uno de la peor calaña, hermosura.
La dijo antes de verla desaparecer por la puerta del local. Se volvió a girar hacía la barra, y siguió atendiendo a su bebida.
Me vence la desgana... Debería buscarme un nuevo trabajo... quizá...
Chasqueó los dedos, para volver a pedirle fuego al camarero. Este le dejó el encendedor junto a la botella, no quería volver ha arriesgarse a mirar ese rostro.
Se encendió el segundo cigarro en lo que llevaba sentado allí.
Apenas se nada sobre la niña... Sé que es sobrina de Rose... ¿Qué más? Debo dejar que los detalles se definan en mi mente, solo hace falta que me relaje para que mis intuiciones y mi instinto tomen el control... Al menos, así he resuelto todos mis casos. Espero que todo me vaya igual esta vez.
Unas horas antes, en la oficina, había recibido una visita un tanto extraña... Se había anunciado como Maria Toledo.
-Hola, Mari, soy Felipe Dumas
La dijo, él, indicándola que se sentara.
-Hola.
-¿Cómo estas?
-Bien
-Háblame de la desilusión de la que te has recuperado
-¡Uy! No quiero hablar de eso
-Ok... ¿De qué quiere hablar, entonces?
-No lo sé – la mujer se puso nerviosa de repente -... La verdad es que no sé que hago aquí... Me tengo que ir... Discúlpeme...
Se levanto, y se marcho de la oficina con paso nervioso y rápido.
No sabía bien porque se le había venido ese recuerdo a la mente ahora, ni que tenía que ver con el caso de la sobrina de Rose... Aunque estaba seguro que su mente le estaba enviando un mensaje, así que apunto en su libreta el nombre de la mujer, y, se propuso investigarla en cuanto pudiera. De nuevo se encontró fumándose el filtro, tiró la colilla al suelo, y, la pisó con el pie derecho. Dio otro trago a su bebida.
Pasó su mirada por el local, por este bar solían pasar algunos de sus amigos y amigas... Esa noche se sentía solo, no le hubiera venido mal un poco de compañía. Nadie había conocido en aquel lugar esa noche, así que volvió de nuevo a centrarse en el martini. Sacó el móvil, y marco el número de Rose.
-¿Rose?... Si, soy yo, Felipe... ¿No tendrás alguna foto de la niña?... Te lo agradecería... Sí, a mi correo electrónico... No, el de hotmail, no, mejor el de yahoo... Ok, gracias.
Colgó el teléfono, y volvió a guardárselo. Dio otro trago a su bebida, mientras echaba un nuevo vistazo al local... Seguía sin encontrar rostros conocidos.
Se encendió un nuevo cigarro... Mientras su mente sopesaba todos los datos que pudiera haber acumulada, y le fueran útiles para desentrañar el caso que se le presentaba... Había conseguido éxitos con menos información de la que tenía ahora, conocía el alma de Rose, y cada parte de ella, así que tenía ya muchos cabos para encontrar a la niña. Muchas veces le había bastado con mirar a los ojos a una persona para saber todo lo que quería, o necesitaba, de ella.
Esta vez tiro el cigarro antes de que llegara al filtro. Este hacía el numero tres, así que apuró la botella, y, luego, se marchó.
En su piso tenía la guía telefónica actualizada que había recogido ayer mismo, así que, en cuento llegó, lo primero que hizo fue ir al revistero y buscar la dirección de Maria Toledo.
No estaba lejos de donde vivía, así que descarto buscar un taxi, e, hizo el camino andando.
No quería que lo dejaran esperando fuera, así que, en cuanto vio a alguien salir del portal, se coló y subió las escaleras hasta el piso de la señorita Toledo. No hizo falta llamar, en ese momento la joven salía del piso, y, cuando sus miradas se cruzaron, ella reprimió un grito y corrió hacía el ascensor. Él intentó darla caza, pero las puertas se cerraron antes de que él llegara. Bajo las escaleras corriendo, pero cuando llego abajo, ella ya estaba saliendo por el portal.
La persecución se prolongo hasta el puerto, allí la encontró, sentada, jadeando, mientras le miraba, aterrorizada, acercarse.
-¿Puedo hablar antes de que me haga algo?
Dijo ella entre jadeos.
-Claro, hablé.
-Me han destrozado la vida – comenzó diciendo – Un día estaba en mi casa, preparándome para salir... Bueno, para salir con unas amigas que también estaban en mi casa... Entonces llego ese tipo, una de mis amigas le conocía, y, había quedado con él en mi casa sin decírmelo... La cosa es que empezamos a beber, con la excusas de abrir el fuego antes de salir de juerga, y...
La chica fue poniéndose cada vez más blanca.
-Continúe, por favor.
-Él me llevó a un aparte, me dijo que le gustaba porque era más alta que mi amiga... Me dijo cosas muy bonitas, y caí como una tonta – ella le miró con ojos suplicantes -... ¿Sabe? Soy la más alta del grupo.
Él se sentó junto a ella, y dejo que llorara en su hombro.
-También debes ser la más guapa.
Se le ocurrió decirla. Quizá fuera el alcohol, pero comenzaba a ponerle demasiado caliente aquella jovencita.
-No creo... jejejeje... Gracias – dijo ella acercando sus ojos a él -... Eres un sol.
Sus labios se fundieron en un beso, quizá fueran las lagrimas, pero le extrañó que ella no sintiera repulsión al verle de cerca y, aún más, al besarle.
Dejo que ella recostara la cabeza sobre su pecho, y antes de que se diera cuenta, la joven, estaba dormida. Alcanzó su cajetilla, y se encendió un nuevo pitillo.
No pensó en nada, simplemente dejo la mente en blanco... mientras el cigarrillo se consumía entre calada y calada...
... Un ángel de un blanco puro caminaba hacía él con una cabeza, recién cercenada, de demonio en su diestra y un cuchillo en su zurda...
... Abrió los ojos, se había quedado dormido un instante, ella aún dormía sobre su pecho. Su móvil volvió a sonar, lo saco, con cuidado de no despertarla, era Rose.
-¿Hola? – espero a que le contestaran al otro lado - ¿Rose? – miró la pantalla del móvil, para percatarse, de nuevo, y, para ver si había colgado... No, seguía en línea - ¿Rose?
-¿This isnt your picture right?
Aquella voz no era de Rose... ¿Quien coño era?... Comenzó a temerse lo peor...
-¿¡Rose!? ¡Joder, contesta!
-¿Qué ocurre?
Ella se acababa de despertar, al mismo tiempo que se corto la llamada.
-Nada.
Dijo él sin prestarla mucha atención.
-Oye – dijo ella – Tengo hambre, ¿por qué no buscamos algún sitio donde cenar?
Él la miró, sopeso la invitación... y la desestimo.
-Lo siento, me acaba de llamar una amiga.
-Que extraño – dijo ella – te puedes creer que creí oírte hablar con el chico del que te hable antes.
-¿Como?
-Si, es que tiene una voz muy peculiar... Apenas habla español, es del Este, pero nos comunicábamos en ingles... Creí oír su voz... A lo mejor era parte del sueño...
Él la agarró fuertemente del brazo.
-¿Qué sabes de una niña desaparecida?
-¿Qué niña? No me asustes por favor... No he vuelto a verle, por eso fui a tu despacho esta mañana... Después de que... Bueno, a la mañana siguiente, al despertarme encontré que me había robado ropa interior, y fotos de la infancia que guardaba en el armario... Yo me atrevía a denunciarlo a la policía, por eso acudí a ti... Quería recuperar mis cosas...
-¿De que color era la ropa interior?
-Blanca... ¿Por qué?
Dijo ella asustada.
-Ese tipo es un pervertido sexual... Un pedófilo, y, al parecer bastante peligroso... tuviste suerte.
Él se levantó, disponiéndose a marcharse. Ella le detuvo.
-Por favor, si eso que dices es cierto... No quiero que me dejes sola... Él sabe donde vivo...
Se quedó mirándola, unos instantes, sopesando los pros y los contras...
-Bueno... acompáñame – la ayudó a levantarse – Por cierto ¿tienes el numero de radio taxi?
El taxi tardó 10 minutos en llegar, más otros 10 que tardaron en llegar a la casa de Rose. Él no tenía muchas esperanzas en encontrarla con vida, pero aún así apuro el paso.
-¿Tienes una horquilla?
Ella asintió, y se desprendió de una de las que sujetaban su pelo. Él la usó para abrir el portal del edificio. Él subió las escaleras de tres en tres, no había tiempo que perder... A ella le costo seguirle, pero no quería quedarse sola, así que, apuro el paso lo más que pudo para no perderle de vista.
Cuando llegaron al piso, la puerta estaba abierta de par en par...
-¡Rose!
Grito él, se quedó esperando una respuesta sin adentrarse en la casa... El olor característico de una instalación eléctrica quemada, le indico que adentrarse a oscuras, y sin saber si el otro seguía o no allí, no era buena idea.
-¡Estoy aquí!
La voz sonó débil y asustada.
A tientas consiguieron llegar a la habitación donde ella, apoyada, con las ropas rasgadas, sobre el marco de la puerta, les esperaba.
-Ha sido horrible - dijo Rose, cayendo sobre los brazos de Felipe – Menos mal que pude quitármelo de encima, y encerrarme en esta habitación...
-¿Qué quería?
-No... No lo sé... Llamaron a la puerta, me dijo que era el del butano... Luego, en cuanto vio que le abría, golpeo la puerta, y, se abalanzo sobre mí. Luche cuanto pude, pero sus manos... Intento desnudarme... No comprendía lo que decía... La primera vez que me lo quite de encima, intente llamarte... Antes de que contestaras, él ya me había cogido otra vez... Finalmente conseguí alcanzarle en los testículos, y correr hasta aquí... Oí un chisporroteo, y todo se quedo a oscuras... Pase mucho miedo... Golpeo la puerta tan fuerte, que pensé que la iba a astillar... Luego oí que se iba a la habitación de invitados, donde había estado instalada mi sobrina antes de – rompió a llorar con mayor fuerza -... Oí como rebuscaba en los cajones... Después le oí volverse a acercar... pero pasó de largo, y luego se fue... No me he atrevido a salir de la habitación hasta que te he oído llamarme.
-Tranquila, ya pasó todo.
La susurro, él, mientras la acunaba entre sus brazos.
El caso estaba resuelto, ahora solo tenían que agarrar al tipejo, y, esperar que la niña aún siguiera viva.
Dejó a las dos muchachas con la policía, que las tomaría declaración, y él se marchó de la casa (a la gente solía ponerle nerviosa el tenerle cerca, así que se marchó para que los agentes pudieran trabajar sin sentirse intimidados, asustados, o nerviosos, por su presencia)
Dos días después, leyó en el periódico que habían detenido a un ciudadano de nacionalidad rumana que mantenía secuestrada a una menor de edad... Además de pornografía infantil, se había encontrado en su casa, la cual compartía con otros 4 individuos de la misma nacionalidad (y que declararon no saber nada del tema), ropa interior femenina de color blanco (manchadas con restos de semen). Aunque algo de esto ya lo sabía, pues Rose le había telefoneado en cuanto liberaron a su sobrina.
-Caso cerrado.
Doblo el periódico, y se encendió un pitillo.