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Ya no se bailar trompos ni jugar a "las querias"

rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
editado octubre 2008 en Narrativa
Dicen que lo que se aprende de niño como el montar en bicicleta, nadar o cazar pajaritos, nunca se olvida.

Eso creía yo hasta que un día paseando por el parque, con sorpresa, sospresiva y sorprendente, contemplé a un grupo de niños que jugaban, mas bien intentaban bailar unos trompos. Cosa curiosa aquella, me decía, sobre todo en estos tiempos de videoconsolas, móviles con juegos, ordenadores y demás artilugios informaticos que incitan a la soledad del niño, aunque más bien pensé que quizás algún padre había visto aquel juego de su tiempos y le había comprado uno a su hijo, y los demás niños por aquello de la novedad, al verlo habían salido corriendo al bazar de todo a 1€ y se habían hecho cada uno con una de esas peonza de madera ( las que vi eran Made in China y si acaso fueran de plastico o de cualquier extraño conglomerado) que enrollado en una cuerda, se lanza y gira y gira.

Y allí me quedé observando los esfuerzos de aquellos niños educados en los Petit Suite, el Bollicao y las Gomilonas por bailar, para ellos aquel extraño instrumento de la prehistoria de su padres, Pero para entonces yo dije.

.-¡queréis ver como se baila estos trompos!.-

Y los críos, al decir esto, viniendo de alguien que no conocían, se quedaron mirándome como al mayor que todo lo sabe. Uno de ellos me alargo el juguete y lo miré, que diferencia con los de mi época, pensé, estos eran de muy poca calidad, no pesaban, eran muy grandes y en la punta, en vez de la púa que le poníamos para romper a los demás trompos, tenían un punta pobre y roma, tan corta que se hundía en la tierra y frenaba su rotación. Y a ellos me puse, siempre bajo la pirada expectantes de mis ocasionales admiradores, y con pasinomia, como cuando se liaban los cigarrillos los abuelos de mi época, comencé a liarlo con aquella cuerda plastificada que no tensaba lo suficiente, finalmente, me enrollé el extremo sobrante entre los dedos y lo lance hacia una zona de tierra dura y aquello bailó, y no solo con fuerza, si no que recordando aquellos días que duraban tanto, y que daba tiempo para jugar por la mañana, por la tarde y hasta por la noche, agachándome, intenté pasármelo a la palma de la mano para volver a hacer las piruetas que recordaba, pero no pude. No había manera, lo intenté varias veces pero no podía. Entonces intenté cazarlo con la cuerda y voltearlo en el aire sin dejar nunca que el trompo parara en su girar pero lo único que conseguí fue frenarlo y que este parado y sin fuerzas, se quedará quieto en la tierra

Despuésde aquel fracaso, me hice "El Longui" miré a mi perrilla, la llamé, y silenciosamente abandoné el grupo de infantes que me miraron extrañados y sin decir palabra.

Pero aquel día tenia que seguir recordando otro juego al que jugamos sobre todo los niños, y aquí entraba el vil metal encarnado en perras gordas, y los 25 céntimos como culminación de la apuesta mas grande. Se trataba de hacer en el suelo de tierra (entonces por los barrios el asfalto era desconocido) un agujero pequeño de las dimensiones apropiadas que los niños de entonces nos sabíamos de memoria, ( por aquellos días de pan con aceite y azúcar en la merienda, teníamos todas las calles del barrio llena de agujeros) y tratar, lanzandolas desde una distancia determinada, y con una cantidad de monedas, meterlas todas y d euna vez, en el agujero. El jugador ganaba si conseguía meterlas todas y en cada mano, en dos o tres partidas, perdía el que al caer mas monedas le salieran del agujero.

Y así lo hice, solo como estaba en el parque, me agache hice un agujero en la tierra y reuniendo unas diez monedas de 20 Cts de €, me retire a la distancia que recordaba y las lance una y otra vez sin conseguir en ninguna de las veces meterlas todas de unas vez. Cuando me cansé del juego, mire´a mi alrededor y vi a una pareja de ancianos que tiraron hacia otro lado para no encontrarse conmigo en el camino.

Conclusión. Cada cosa a su tiempo, y cada tiempo a su edad.

Rocinante

Comentarios

  • KadeizoKadeizo Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2008
    Tu narracion me recuerda mucho al cuento de José Diez Canseco, "El trompo", ¿lo has leido?

    Kadeizo
  • rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
    editado octubre 2008
    Hola Kadelzo, no, no he leído nunca a este autor, y por lo que parece también habla del trompo, en una obra que tiene que ser interesante, y no es de extrañar porque los de nuestra epoca tuvimos juguetes que pasaron de padres a hijos sin quedar nunca anticuados, además eran juegos para la integración, que fomentaba el grupo, la solidaridad, el compañerismo, la camaradería.

    Parece que cada tiempo tiene sus juegos, pero algunos como este del trompo quedara para siempre.
  • KadeizoKadeizo Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2008
    Es verdad, la novela que te mencionaba, narra la historia de un niño, que tiene como único entrenimiento, su trompo. Cuenta sobre la creacion de un trompo único, inbatible. Sin embargo, el pequeño niño, pierde el trompo, por cosas del destino, en un juego llamado "la cocina", explico: se realizaba un hueco en el suelo y el trompo que cayera o fuera empujado por un rival, dejaba de pertencerle a su propietario. El niño, afligido, contruye uno nuevo para recuperarlo, y lo logra, pero el trompo ya tenia abolladuras y estaba viejo. Al final, termina por desecharlo.

    A pesar del continuo asedio de los juegos virtuales, el internet, la television, etc. El trompo, simpre reclamara, por su simpleza y bajo costo, un lugar en nuestra infancia.

    Kadeizo
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