¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Amiga sledad

editado octubre 2008 en Romántica
Amiga soledad
Soledad, cada cual hablará de ti como quiera, yo nunca podría hablar mal aunque quisiera. Tú has estado en todas partes conmigo, en los buenos momentos y en aquellos que por su crueldad no olvido. En mi largo caminar ¡Cuantas palabras de desprecio hacia ti he oído! ¿Porqué soledad? ¿Tal vez porque nadie, como yo, te ha comprendido?
Hoy estoy otra vez contigo, y en lugar de hablarte te escribo, pues el silencio nos ayuda a los dos a entendernos mejor y si estamos juntos, es porque yo te necesito, no porque tú me lo hayas pedido. Siempre me he sentido a gusto a tu lado, cuando he reído, cuando he llorado, cuando me sentí abandonado, cuando abandoné a quien nunca tenía que haber abandonado.
Perdido por el mundo, entre gentes de otras lenguas, sin entender nada y sin forma de hacerme entender por ellas, donde hasta el Cielo y la Tierra, eran para mí diferentes, como lo era todo, incluidas las estrellas y aquellas personas que reían, o dibujaban muecas de risa en sus caras, mientras yo, con gesto inocente y tratando de agradar, dudaba si aquellas solo eran burlas, o la forma más corriente de entendernos sin hablar.
Allí estabas tú, soledad, en una habitación pequeña y fría, en una calle nevada, en la barra de un bar donde no cabía un alma más, allí estabas tú, en medio de la multitud y en medio de la nada, en aquel tren que entraba y salía en las entrañas de las montañas, como un gusano en una manzana. Nunca me has estorbado soledad, porque los momentos buenos me gustaba compartirlos contigo, mis amores, mis amistades, todos motivos de alegría.
Allí estabas y estás, en los peores tragos que me ha servido la vida en copa de arcilla, mal oliente y podrida ¡Cuánto te agradecí que estuvieras entonces! Cuando el amor de Carampanina se me iba, en aquel momento amargo en que la vida me tenía de rodillas y no osaba mirar atrás, allí estabas soledad, con tu silencio, tu calma y tu manto que me aisló del mundo para ayudarme a pensar, has conseguido levantarme del suelo una vez más, por eso no entiendo, amiga mía que yo te quiera a mi lado y otros no quieran saber de ti.
Que no me dejaras solo, casi por favor te pedí, aquel día, que debajo de un árbol que talaba, a mi mejor amigo perdí, eran días nevados, montañas blancas, caminos congelados y yo hablaba italiano a la perfección. Un hombre de allí, todo corazón de oro, amigo de todo lo que merezca amistad, daba de comer a los ciervos salvajes, porque era su afición y para cuidarlos mejor un pino quiso talar para hacerles un refugio, pero el destino, o lo que fuere, ya que en nada se puede creer, hizo que debajo de aquel pesado tronco, mi amigo pereciera en una larga agonía sin que nadie supiera de él.
¡Cómo no ibas a estar conmigo soledad! En aquel momento tan triste de ver partir para siempre a aquel hombre que no tuvo un momento de descanso en sus días, para sacar once hijos adelante sin perder la sonrisa, sin arrugarse ante los bofetones que le dio la vida, sin olvidarse de una caricia para cada uno cuando llegaba, siempre de noche, aquel hombre al que siempre le quedaban fuerzas y paciencia para intentar explicarme lo poco que él sabía ¡Como no ibas a estar conmigo soledad! Para ayudarme en el trago tan difícil de despedir a toda una vida de fatigas y amor a su familia, metida dentro de un simple cajón ¡Como no ibas a estar a mi lado para despedir a mi padre los dos!
No me dejes soledad, aunque un día te lo pida, sé más fuerte que yo y no escuches mis palabras, arrópame con tu manto y ayúdame con tu silencio, como siempre lo has hecho, a levantarme y elegir el camino y a caminar otra vez, ayúdame a ordenar mi mente después de caer y a secar las lagrimas de hombre, que tardan mucho en secar. Sabes que soy sensible y romántico, no sé para qué hablamos tú y yo, siempre me haces llorar y eso que hoy no vamos a tocar, aquellos amores que me llevaron contigo a escondidos rincones para que nadie más que tú supiera lo que me hacían sufrir.
Soledad, amiga mía, nos queda lo mejor en el tintero, pero los días son largos, yo me siento joven, tú más que yo todavía, vamos a tomarlo con calma, que las penas al contarlas desaniman y la próxima vez que hablemos, hablaremos de alegrías.
Hasta pronto soledad.
Viejo Zorro
Verónica y media, andaba buscando algo que leer, pues te dedico esta charla

Comentarios

  • CésarCésar Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2008
    Has dejado un trocito de corazón ahí, en esas letras escritas ¿verdad?... me ha gustado leerlas, es como si se viera uno -o todos- reflejado en un espejo.

    ¿Qué tendrá la soledad, el silencio que los sabios más sabios de entre los sabios aconsejan que se busquen?... quizás es porque es el mejor medio para conocernos a nosotros mismos.
    Enhorabuena, viejo zorro y ¡aupa la soledad!;)
    César
  • AinhoaAinhoa Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2008
    Me gusta.
    El silencio.
  • editado octubre 2008
    César escribió : »
    Has dejado un trocito de corazón ahí, en esas letras escritas ¿verdad?... me ha gustado leerlas, es como si se viera uno -o todos- reflejado en un espejo.

    ¿Qué tendrá la soledad, el silencio que los sabios más sabios de entre los sabios aconsejan que se busquen?... quizás es porque es el mejor medio para conocernos a nosotros mismos.
    Enhorabuena, viejo zorro y ¡aupa la soledad!;)
    César

    Gracias Cesar si te has visto en mi soledad, eres tan sensible como yo y tambien vas dejandos trozos de tu corazón po ahí, tus palabras son un aliento.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com