Viendo el otoño desde mi ventana,
oh, cuan hermosa criatura,
donde el viento sopla sus rizos de ángel
cuyo aroma ya no pertenece.
Ver la vida pasar frente a mis ojos,
sin poder tomar parte de ello.
Aquel orgullo desmesurado,
que dio fin a nuestra tregua.
Todo pasó tan rápido,
¿en qué momento comenzó todo?
Ya no me perteneces, eres ausente,
ahora ya ha pasado el tiempo de decir adiós.
Tanto que decir, pero ya culminó.
Tanto que dar, y errores por reparar.
Ya no me perteneces, tal vez nunca lo fuiste,
porque tan suave y rauda como una llovizna,
en brazos de otro yaces.
Comentarios
por tu magnífico pergamino donde prolifera la ausencia y la tristeza.
Felicitaciones y mis saludos.
Muchas gracias, Ligia! Complacido de que lo hayas leído y gustado, espero que disfrutes las otras historias que he creado. Saludos y a gozar esas gaitas allá!