VÍBORAS
Las víboras empezaron a aparecer sin anuncio. No en la canícula del verano, como uno puede esperar, sino en los alargados atardeceres de agosto.
Al principio fueron dos, enroscadas junto al seto en una inmovilidad de esfinge. Parecían muertas, pero al acercarme, salieron repentinamente de su letargo y elevaron las cabezas monstruosas, mirándome con odio gélido. No me tembló el pulso; los dos disparos cumplieron eficazmente su cometido y un casal de palomas que triscaba hierbas y gusanos en el césped, levantó un aterrorizado alboroto de plumas. No siento particular animadversión por las víboras, pero una náusea de misterio y vago presentimiento me arruinó el humor por el resto de la tarde.
Al segundo día, y gracias a un escozor providencial en el tobillo, vi, al agacharme, los reflejos escamosos de sus cuerpos debajo de la mata de hortensias. Las conté y eran seis; para matarlas a todas, tuve que apresurar hasta la desesperación mis movimientos. Una casi llega hasta mis pies. Venciendo la repulsión, las embolsé y fui a arrojar sus cuerpos nauseabundos en el torrente del río.
Dos días después, el boj completo amaneció convertido en un arabesco irracional. Aquí y allá, como excrecencias de pesadilla, cientos de culebras se entrelazaban y retorcían sobre el verde antes virginal. No vacilé un instante. Busqué frenéticamente el tanque-bomba de fumigar, arrumbado por años en la caseta del fondo, lo llené de kerosene y empapé el seto. Cuando lo encendí, pude ver que algunas habían logrado saltar por entre las llamas y se desplazaban, repulsivamente chamuscadas, hacia la casa. No tuve más remedio que volver a llenar el tanque y rociar el perímetro completo de la construcción. El incendio atrajo a mucha gente de las fincas vecinas. Yo me quedé mirando las llamas con alegría feroz. Nadie entendía que ésa era mi revancha.
¿Cómo he podido ser tan ingenua? ¿creer que podía acabar con todas ellas, por el solo hecho de inmolar mi casa? Ahora estoy aquí, esperando que me alcancen. No hay más que una puerta, que es por donde vendrán por mí. No tengo kerosene, ni cerillos. Y aunque los tuviere, estas paredes blancas y esmaltadas no pueden arder.
Comentarios
Cordial saludo, coterránea.
La historia te mantiene en tensión todo el relato. Teniendo en cuenta que las víboras no son unos bichos muy queridos por casi nadie (siempre hay excepciones) entiendes la fobia exagerada del protagonista por acabar con ellas (si hubiesen sido ratas o cucarachas también hubiese funcionado:rolleyes2:). Muy bueno el final claustrofóbico y sin escape que abre los ojos al lector sobre el estado del protagonista.
Me encantó.
Aunque me parece que este relato va más allá de víboras en sentido literal. Podría buscarse las diversas representaciones simbólicas de la víbora y así determinar qué es lo que llevó a la mujer a la locura; ¿qué es lo que vio/imaginó para terminar entre paredes blancas? Un conflicto interno.
No sé si soy yo, pero unos últimos textos suyos que he leído me hacen pensar que vienen con distintos simbolismos bíblicos.
Ya sabe, la siyo leyendo.
He de admitir que el final no me ha sorprendido, pero está tan bien escrito que esa circunstancia no me ha importado. Has sabido adaptar tu léxico y tu sintaxis a lo que la temática requería.
Has creado una atmósfera de urgencia, de temor y de pesadilla. Me recordaba a esos sueños en los que carecemos de fuerzas para correr y así salvar nuestras vidas.
Tal vez podrías buscar un sinónimo para "repulsivo", pues lo repites en forma de verbo.
Mis más sinceras felicitaciones.
Una fan.
¡Gracias, Ariel! Mencanta que te haya gustado, vecino
Y no... A mí tampoco. Aunque prefiero mil víboras a una sola araña... ¡brrrrr! :eek:
Muchas gracias, Ordet. A dios gracias, no suelo recordar mis sueños.
Gracias, mi niña! Por lo general, los simbolismos son intencionados; pero también suele suceder que no lo sean, que escapen al pensamiento racional del escribidor. En este caso, escribir es casi un acto ritual de catarsis. Y me gratifica que creás que vale la pena seguir leyéndome. De verdad. Muchas gracias.
Viniendo de vos, que sos tan buena narradora, tus palabras son un premio para mí. ¡Gracias, Francesca!
No lo digo por quedar en el Foro como una persona humilde ( ojalá lo fuera), sino porque es la verdad: estoy aprendiendo muchísimo de todos vosotros.
Gracias por tu presencia, Lily.
Sobre "Víboras", destacar el ritmo in crescendo, la inquietante multiplicación de las víboras, y sobre todo la ineficacia de la protagonista por acabar con ellas, o huir de ellas, y su claudicación final. Casi es una parodia del terror, en el buen sentido lo de la parodia, el tono fuerte, dramático, agudo, creciendo en cada línea de manera vertiginosa. No es fácil conseguirlo en un cuento corto, apretar la inquietud no es fácil.
Y además, Lily, dominio del vocabulario.
Estoy contenta de haberte leído.
Muchas gracias.