Puedo pasarme horas estrujándome los sesos, buscando la respuesta en mi cerebro. Puedo intentar encender el motor de las ideas, de la actividad misma del pensamiento , preguntarme por esto o lo otro, advertir aspectos que se escapan a los ojos de los demás. Puedo leer este libro o aquél otro, pasar horas en la biblioteca, comprarme un maletín de profesional inteligente. Puedo ser el personaje que desee: la sociedad me concede los medios para ello. Puedo ser lo que quiera si pongo el esfuerzo y optimizo mis acciones. Pero no puedo dejar de ser una fantasía, no puedo llevar a cabo nada de eso si en mi mente no tengo la imagen de mi futuro despacho, de mi futura mujer, de mis alumnos. Ahora sólo tengo que aplicar la racionalidad a mis sueños, identificar el fin y pensar de manera eficiente los medios para su consecución. Sólo así puedo olvidarme de mi yo real, del idiota, el bobo, el lento, el vago, el imbécil auténtico que hay detrás del personaje. Sin embargo me mantengo; me sirvo de los halagos vacíos de los demás , de los que ni siquiera puedo decir que sean más estúpidos que yo. Quizá ellos también interpreten un papel. Todo está mediado por el cristal de la cortesía. Ser empático, sociable, considerado con los demás, solidario, reivindicativo, crítico. Es necesario adscribirse a ese discurso pobre , superficial. No hay nada más importante que la forma: da igual las cosas que uno haga, es más importante lo que diga y como lo diga. Sólo en el grado en el que seduzco al otro correctamente estoy actuando de acuerdo a los requisitos sociales. También es fundamental mostrarse a los demás con una identidad definida, acabada desde afuera. Eso es lo que nos constituye respecto a los demás actores, los demás idiotas, bien por exceso, bien por defecto, por envidia o por lástima. Yo personalmente me considero alguien patético. Ni siquiera me considero un payaso o un bufón. Mi estatus está por debajo de todo ello, casi relegado a la seguridad que me confieren unos pocos amigos que me dicen lo que me apetece oír.
Comentarios
Y lo peor es que cada cual sabe que esos comportamientos no son auténticos, pero no se discuten y se responde con la misma hipocresía.
Saludos.
Gracias por compartir.