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La leyenda de la diosa María

MisterSativoMisterSativo Anónimo s.XI
editado diciembre 2013 en Narrativa
Camino tranquilamente por la avenida que me lleva a mi casa.
El cigarro ya se está acabando.
Hoy he tenido un buen viaje.
Un muchacho de la cuadra me quedó mirando.
Jamás me ha hablado, ni yo a él.
No soy de hablar mucho con desconocidos.
Se acabó el cigarro.
Saco el último que queda y lo enciendo.
El muchacho me queda mirando, esperando que pase a su lado.
Me mira a los ojos, como buscando algo.
Intenta sacarme.
Me saca.
Yo paso de largo, como si no me hubiera dado cuenta.
“Disculpa, ¿tienes rizla?” dice el muchacho.
Yo volteo.
Vamos.
¿A quién más le puede estar hablando?
Volteo.
Saco mi billetera.
Le ofrezco tres unidades tamaño King size.
Me sonríe.
“Gracias”, me dice.
“No hay de qué”, respondo.
Volteo para seguir caminando.
Me vuelve a detener.
“¿Lanzas?”, pregunta.
Con la cabeza respondo afirmativamente.
“Vamos a quemar un barulo”, me propone.
Me saco los audífonos.
Los guardo en mi bolsillo derecho.
“Vamos” le dije, sonriendo.
Caminamos cuatro cuadras.
Llegamos a la avenida principal.
Doblamos a la izquierda.
Cruzamos hacia un grifo.
Entramos por un pasaje.
Este pasaje nos llevó a otro pasaje.
Izquierda tres cuadras.
Llegamos a un parque sin bancas.
Nos sentamos en el borde de una vereda.
Sacó a María.
Me dio un trozo de María entre mis dedos.
Destrocé y limpié a María con cariño.
Unimos todo lo que habíamos desmoñado.
No dejábamos de conversar.
“Haz el honor”, me dijo el muchacho.
Cogí el papelillo.
Vertí en é
l los trozos de María.
La coloqué con suavidad.
Empecé a girar lentamente.
Le estaba haciendo el amor a María.
“A lo Bob Marley”, dijo Alonso.
Sí, el muchacho me dijo que se llamaba Alonso.
Lo taconeé con el plug de mis audífonos.
Era un señor bate.
Le cedí el bate a Alonso, para que lo prenda.
Es su María.
“La ley es la ley”, me dijo.
Me devolvió el bate.
Del bolsillo izquierdo de su pantalón sacó un encendedor con la cara de Casillas.
“¿Lo compraste donde Iván?”, le pregunté, mirando el encendedor.
“Sí, ¿por qué?”, respondió Alonso.
De mi bolsillo saqué mi encendedor.
“Yo tengo a Ribery”, le dije.
Ambos reímos.
Puse el bate en mi boca.
Con mi pulgar encendí el encendedor con la cara de Casillas.
María empezó a calentarse.
El aroma María inundaba nuestro ambiente.
Humo blanco sube lentamente.
Habemus ganjah.
Tres hits.
Se lo di a Alonso.
Tres hits.
Me lo devolvió.
Tres hits.
Se lo devolví a Alonso.
Tres hits.
Y así sucesivamente hasta que quedó una pavita.
Una hermosa y sexy pavita de María.
Quemé mis dedos y mis labios.
Alonso quemó sus dedos y sus labios.
El viaje astral estaba hecho.
Gracias diosa María.
Alonso y yo estábamos viajando.
Alonso sacó su celular del bolsillo.
Lo desbloqueó con un movimiento complicado.
Colocó un par de canciones.
Empezamos a conversar.
No dejábamos de conversar.
“Vamos ya, es tarde”, me dijo Alonso.
Me puse de pie.
Caminamos mientras conversábamos.
Llegamos a nuestro barrio.
Ambos sonreíamos.
Nos despedimos.
“Hasta pronto, hermano”, me dijo.
“Hasta pronto”, respondí.
Regresé sonriente a mi casa.

Así se hacen amigos.

***
Espero les guste esta historia. Si quieres leer más, te invito a visitar mi blog "Capítulo 1: Buenas noches María".
http://buenasnochesmaria.blogspot.com/
Gracias por leerme y espero tus comentarios.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2013
    Entonces Maria también es fumar cosas raras, ni idea tenía:rolleyes:
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2013
    ¡Ahhh que estás por aquí!...entonces lo leo y en un rato te digo.;)
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2013
    Me gusta tu María a lo Bob Marley, tan diferente a la mía, aparantemente inmaculada
    Me gusta tu originalidad
    Tu salirte de madre
    Me he criado en el Rif marroquí, mi yaya fumaba haxis, a sus cigarrilos perfumados le llamabamos cigarrillos de suina, hay quien prefiere llamarlos Juana ¡Ná que ver con Maria!, el mismo suing que se le daba a los asesins, a los que robaban en el desierto, a los asesinos de clanes que a su vez fumaban para defenderse, como recompensa tenían el edén - harén dorado. A los guerreros los animaba a luchar con el haxis como detonante.
    Otros sueñan con María.
    Bueno, has poetizado un momento de esquina, un toma y daca, un instante a base de María, supongo ( de fondo otra vez Bob con su sé feliz y no pienses mucho)

    Salud compañero.:o
  • MisterSativoMisterSativo Anónimo s.XI
    editado diciembre 2013
    Esta es, de todas las historias que he escrito, una de mis favoritas. Un amigo me dijo: "Sal al parque con una pelota de fútbol o con marihuana y vas a hacer amigos".
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