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Agente C23

NoelitaNoelita Pedro Abad s.XII
editado octubre 2013 en Erótica
Me adentro en aquella calle oscura con niebla, apenas iluminada con una intermitente luz de luna. Debo cumplir pronto con la entrega. No se como llegué a meterme en este trabajo. Pensar que solo era una chica universitaria, llena de deudas y falta de recursos, pero feliz. Ahora gracias a aquellos envíos ganaba un buen dinero, pero vivía escondiéndome de la policía y la mafia, entre otras cosas. Camino a pasos rápidos pero silentes, hasta que siento unos ojos negros que me siguen. Al darme vuelta lo encuentro, es él. Un mito viviente, sicario de decena de chicas, guapo como un dios griego, pero peligroso como una navaja nueva. Me persigno, resignándome a mi destino.

Sin decir nada, me toma de la mano y me guía hasta su auto. No opongo resistencia, para que. Su fuerza es descomunal, su destreza para eliminar personas es legendaria. Ya estoy perdida.

Me sienta en la parte de atrás y enciende el auto. Por el espejo retrovisor me mira, deteniendo sus enormes ojos asesinos en mi escote y mis piernas desnudas, apenas cubierta por la faldita roja. Una lágrima cae apenas por mis ojos, ya no puedo resistir el miedo y la pena. No se como fui tan tonta de dejarme atrapar, de seguro equivoqué el camino.

Llegamos a una casa grande en pleno campo alejada de todo. Entramos a la casa, oscura pero muy tibia, casi acogedora, podría decirse. Me invita un trago, mejor dicho, ordena que me lo tome. El solo me mira con lascivia. Luego subimos por las escaleras hasta su dormitorio. Tenía una cama enorme, llena de almohadones elegantes. También unos estantes llenos de libros y un escudo de armas, de seguro antiquísimo. No tengo mucho tiempo más para revisar la habitación pues me lanza a la cama. Se desnuda por completo, con su virilidad expuesta, listo para cumplir con su trabajo. La contemplo admirada, pues a pesar de ser un hombre maligno es precioso, alto, con un torso pétreo. Imposible no maravillarse con su cuerpo, imposible no alabar su durísima boa erecta, grandiosa, con una curvatura natural, única.

Tímidamente me saco los tacos, seguido de las medias y portaligas. Luego retiro el escote, quedando solo con mi ropa más intima. De a poco voy alejando de mí aquel sentimiento de miedo para transformarlo en deseo. Se que voy a morir, pero antes voy a gozar con este hombre estupendo, tratando de alargar al máximo el placer. Espero que sea el sexo de mi vida.

El asesino se arrodilla al borde de la cama y me toma de los tobillos, luego separa mis muslos. Ahí se viene lo bueno. Su lengua recorre ávidamente mi entrepierna jugosa, cálida que se llena de sensaciones extremas. Aquellos primeros latigazos son como shocks eléctricos que me remecen entera. Siento como me saborea de abajo a arriba, disfrutando mis jugos y mezclándolos con su saliva caliente. Luego se acomoda para penetrarme. Me atrevo a tocar su pecho y su bajo vientre, duro y suave, lleno de pelos lisos, exquisito, con un olor a hombre delicioso, inmortal.

La luz de luna que aparece majestuosa por aquel magnífico ventanal, justo por encima de la cabecera de la cama, es la única testigo de nuestra intimidad forzada en un principio, de común acuerdo después. El hombre se sumerge dentro mío en forma implacable, rítmica y muy placentera. Me afirmo de sus caderas para aguantar sus embestidas. Todos los mitos sobre el son verdad, comprobándolo extasiada. Mis pechos pequeños chocan una y otra vez con su cuerpo colosal, mientras no puedo dejar de gemir desbocadamente. El control abandona mi cuerpo de tanto placer y deleite ante cada una de sus miles de estocadas carnales. Entonces ocurre lo inevitable.

Su cuerpo de hombre se va llenando de pelos gruesos y su musculatura se endurece, transformando sus piernas en patas, todo esto mientras aún me tiene a su merced. De sus glúteos suaves emerge una cola erecta y larga la cual me aterroriza. Sin embargo su cuerpo aún se mueve rítmicamente sobre mí, proporcionándome satisfactoriamente un sentimiento que me impide separarme de él. Alcanzo a mirar como ante mis ojos su boca se alarga hasta transformarse en un hocico animalesco, lleno de afilados colmillos. Mi entrepierna recibe apenas también el cambio de su virilidad que crece desgarradoramente dentro de mí. No puedo soportar más y estallando de placer y dolor a la vez, grito como nunca en mi vida, desahogándome de todas mis sensaciones al ser atravesada ante tal magnífico ejemplar. Al apretar su miembro ante mi cuerpo estrecho, el lobo aúlla en forma dolorosa pero placentera finalmente, destrozando mi cuerpo y muriendo en el acto ante aquella monstruosa transformación surgida ante la luna llena, cómplice de este lobo, encargado de asesinar a todas las agentes de la hermandad roja.

Comentarios

  • LobonortinoLobonortino Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2013
    Pues si buscas un lobo que te cumpla la fantasía, lo acabas de encontrar, Noelita...

    Linda pluma, tienes un encanto y calentura al escribir que me enerva entero. Mis felicitaciones, preciosa.
  • ENEASENEAS Pedro Abad s.XII
    editado junio 2013
    Maravilloso relato. Sexo y Muerte: los dos grandes temas de la literatura y el cine: todos nos sentimos atraídos por el Sexo y la Muerte. Sexo y Muerte: las dos únicas Certezas de esta vida.

    Te felicito. Un saludo.
  • NoelitaNoelita Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2013
    Thank You, Eneas...
    y tu, escribes algo?
    anímate¡¡

    Besitos,
    Noe.
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