MIENTRAS la lluvia desviste la luz del otoño,
tu boina amarilla se inclina hacia tus ojos,
resaltando tus dones de espiga salvaje,
poniendo humanos muros a la belleza del crepúsculo.
Regresas como un vuelo de abeja.
¡Taciturna!, enredada en tu rectilíneo vuelo.
OH, bienamada, ya eres sólo una sombra
que se estira, detrás de tus pies descalzos.
Yo, que te contemplé antes de ser amada.
Yo, que atravesé tu corazón desnudo,
como una gaviota gris, arrugando espacios.
Veo acribillada por tú frío beso,
mi segura condición de invierno.
Estableciendo el orden, indivisible de mi ocaso.
©Derechos reservados. José Rodolfo Espasa
Comentarios
aparte de algún acento que se te coló donde no debía, me gusta tu poema en el que muestras las dos caras del ser amado; un antes y un después, con la frustración de ese "frío beso", ocaso del amor.
Saludos.