Descarrilan en el bosque los vagones sombríos de la noche;
y en la rosa silvestre se práctica, multiplicando la negrura
de los pétalos, rigurosa.
Tu mirada de leona nocturna penetra como una daga devorante
en mi frágil corazón desnudo.
Mientras que, en tus ojos, gira la arista insomne de los recuerdos.
Entonces…
Yo proclamo en nombre de nuestro amor:
Al cereús, la amapola y al garabato.
No admito belleza superior a la flor del nenúfar;
cuando la pálida lámpara del crepúsculo,
flotando sobre el río, la sonrosa tenuemente.
Abjuro de quien daña la flor del tanaceto.
Porque sobre la alfombra perfumada de sus húmedas hojas;
suspiramos esperanzados nuestra primer e inconclusa cópula.
¡OH amada, mi bienamada!
¿Cuántas veces hemos nacido y muerto, bajo la mirada
cómplice del saúco?
¡Tantas amor, que ya ni siquiera le tememos a la muerte!
Nuestras sombras equidistantes caminan lentas bajo las
ramas solitarias del aliso.
Se adelgazan como palabras escritas sobre un papel blanco,
que se hunden en el agua y se mojan.
La tierra cohabita con las raíces de los árboles.
¡Súbitamente!
Nos lanza un destello amarillo que nos ciega.
Es una espina de trigo que se quiebra sobre tu blanco
y desnudado cuerpo; desparramando aromas de harina
leve, con un cedazo que, al filo de la noche, le prestó el alba.
Comentarios
"Descarrilan en el bosque los vagones sombríos de la noche;
y en la rosa silvestre se práctica, multiplicando la negrura
de los pétalos, rigurosa.
Tu mirada de leona nocturna penetra como una daga devorante
en mi frágil corazón desnudo.
Mientras que, en tus ojos, gira la arista insomne de los recuerdos".
Saludos.