Dos amantes se comprometen a todo o nada,
los ampara las alas cómplices de la noche,
cada abrazo los lleva a la lejana primavera.
Dos amantes son el humo de la hoguera que esperaban.
Suelen pronunciar inverosímiles palabras,
mientras se entrelazan, armados de cuchillos
que laceran sus cuerpos, con heridas dichosas.
Dos amantes siempre evitan las mártires sílabas,
y conocen de antemano, la efímera gloria y su precio.
Aun cuando muerdan la boca de una misma copa,
saben que deben estar sujetos al silencio.
Sólo se sienten eternos mientras existen,
y construyen laberintos de fuego en una cama.
Para luego morir: tantas veces, como se visten.
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