Esta en proceso, subo una parte para que opinen y me ayuden a desarrollarme con las letras.
Les pido que no me tengan piedad si creen que es muy deprimente, vacío o cualquier adjetivo.
Él la había dejado, otra vez, como cada vez que ella lo engañaba. Pero ella sabía que volvería, que se amaban por encima de todo, y que se necesitaban aún más; por eso estaba tranquila.
Estaba sentada en el césped, y mientras jugaba con una hoja pensaba en él, en cuanto lo quería, en los planes que tenía para un futuro. Se imaginaba que terminarían juntos los estudios, que siempre serían una pareja única, que alguna vez podrían incluso formar una familia. Pero no entendía por que lo hería constantemente, por que lo engañaba, y de alguna forma lo humillaba; ella no estaba de acuerdo con las cosas que hacía, pero por alguna razón tampoco podía cambiarlo.
Decidió dormir un rato, cuando despertara lo llamaría.
Al lado de su cama, estaba la foto de él pegada en la pared. No importa cuantas veces pelearan, esa foto no se movía de ahí, al igual que una caja llena de cartas, nunca saldrían de su habitación.
No le costó conciliar el sueño, estaba tranquila. Sabía que hablaría con él y solucionarían todo; no podía ser de otra forma, así eran ellos, esa era su manera de quererse.
Cuando despertó decidió que era el momento de llamarlo, ya había pasado suficiente tiempo.
-Hola
-Hola, Pablo.
-Si, qué pasó?
-Quiero pedirte perdón, no sé por qué hago lo que hago, pero vos sabés que te amo, y que estoy haciendo un intento por cambiar.
-No.
-No entiendo, no qué?
-Que no, que no te perdono, que no quiero seguir viéndote, que esta vez le conté a mi familia lo que me hiciste y no quieren que te vea. Y tienen razón, no quiero verte más.
-Por qué decís eso? Si sabés que es mentira, sabés que nos queremos.
-No, no quiero saber más nada. Chau.
Y ahí estaba ella, con el tubo del teléfono en la mano, el piso temblando bajo sus pies, y lágrimas rodando por sus mejillas. Era la primera vez que Pablo le hablaba así, él solía enojarse, pero nunca le dijo que no quería verla más. Eso no podía ser real, eso era mentira, él solo quería hacerla sufrir un poco para que se sintiera como se sintió él, era eso, seguro que lo era. Le daría más tiempo, y volvería a hablar con él.
Pero esta vez Sofía no estaba tranquila. Esperaba que el teléfono sonara, o que él golpeara a la puerta. Esta ausente, convenciéndose de que eso no era real, no podía serlo.
Dos días después el azar o la casualidad hizo que se cruzaran en un boliche, ella no dudó y fue hacia él. No podía ser tan difícil, habían pasado por esto tantas veces que sabía que todo saldría bien, así que se acercó y apoyó la mano en su espalda:
-¿Podemos hablar?
-Si, decime.
-Pero ¿Podemos ir a un lugar más tranquilo?
-No, lo que tengas que decirme me lo decís acá.
La dureza con la que él la trató le dolió profundo, él no era así, Pablo no la trataba de esa manera.
-Bueno, es que te extraño. Quiero que me perdones. ¿Qué tengo que hacer para que me perdones, por favor?
-Tengo que pensar, no sé, es complicado. Pero dejame tranquilo, salí para pasarla bien, dejame.
Sofía dio media vuelta, no podía contener las lágrimas. Él dijo que tenía que pensarlo, pero en cuanto lo dijo, ella supo que no era así, él no iba a pensar sobre eso, él ya había tomado una decisión. El dolor y la tristeza tomaron el cuerpo de Sofía con una velocidad brutal, ella nunca se había sentido tan miserable, no conocía ese tipo de dolor. Intentaba sentirse mejor, pero no lo lograba.
Esa noche bebió todo el alcohol que le fue posible, fumó tantos cigarrillos de marihuana que no podría contarlos, y siguió bebiendo hasta que su cuerpo no tolero más y calló inconsciente.
No supo cuanto tiempo estuvo fuera de si, si fueron horas o fueron minutos; pero cuando despertó estaba dormida en el césped, recostada a un árbol. Al lado de ella estaba su amigo Gastón, él estaba cuidando de ella mientras Camila y Analía fueron por algo para comer.
La cabeza de Sofía no paraba de dar vueltas, y su ánimo seguía hecho trizas como antes de beber, su aspecto era deprimente, sus ojos guardaban la evidencia de cuanto había llorado. Poco a poco fue volviendo en si, pudo levantarse y asimiló que su cuerpo le pedía un cigarro. Caminó hasta el comercio más cercano, y compró sus cigarrillos, cuando salía la agarraron del brazo, y con el lamentable estado en el que se encontraba, no le fue posible mantenerse en pie. Ella veía a quien la sostenía por el brazo, conocía su rostro, sabía que en alguna ocasión lo había visto, pero no sabía su nombre ni nada sobre él, pero él sin embargo comenzó a insultarla de formas tan fuertes, tan hirientes, tan profundas, que ella no pudo hacer más que levantarse y salir corriendo mientras volvía a llorar de forma ahogada, lo último que escuchó mientras se íba fue: "Personas como vos deberían tomarse una copa de cianuro, solo así harían algo bueno por el mundo"
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