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Novela corta "La caja"

paulemepauleme Anónimo s.XI
editado enero 2013 en Narrativa
Buenas:

Quería compartir con vosotros una novela corta que estoy escribiendo y ya va bastante avanzada. Tiene algunos elementos típicos del género fantástico (transcurre en un futuro apocalíptico de desiertos y pequeños núcleos urbanos) que sirven de marco a una historia muy personal sobre unos viajeros que recorren largas distancias desesperanzados, pero empujados por una fuerte sensación de que es mejor huir que permanecer en cualquiera de los sitios por los que pasan.

Os dejo el enlace donde lo publico:

http://www.inicios.es/microficciones/la-caja/

Un saludo,

M

p.d.: ¡Se agradecen los comentarios!

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2012
    Hola, se agradecería que primero te presentaras y toda la cosa, luego puedes hablar de tu novela y pedir visitas, por si acaso, bienvenido:):D:p
  • paulemepauleme Anónimo s.XI
    editado diciembre 2012
    Buenas:

    Sólo aclarar que me gusta mucho la idea de llamar "pedir visitas" a ofrecer una lectura. No somos periódicos ni nada parecido que vivamos precisamente de las visitas (no yo, al menos).

    La verdad es que me produce más problemas de timidez presentarme a mí que a mis historias, pero voy a la sección correspondiente a ver si me inspiro con las de los demás ;)


    Un saludo,

    M
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2013
    paulemne, una sugerencia, ¿por qué no pones aquí un trozo en particular? Así podremos analizar ese texto con mayor profundidad. De esta manera, si tenemos que leer mucho texto que está en otra parte, sólo te podremos dar una valoración superficial.
  • paulemepauleme Anónimo s.XI
    editado enero 2013
    Pues así arranca...

    Pararon en la estación de servicio. No fue una elección. Llevaban muchas horas en marcha y no sabían cuándo volverían a encontrarse con otra. Eso nunca se sabía. Tenían los depósitos vacíos ellos y el auto.

    Como era de esperar, no había más clientes en la tienda. El encargado les saludó con ostensiva desgana. Tener dos visitantes en aquella mañana inimaginable para las ventas no parecía hacerle la más mínima ilusión. Era comprensible. Ellos le devolvieron el gesto y se pusieron a urgar por las estanterías. No había mucho donde elegir, pero lo poco existente estaba tan desordenado como para mantener la ilusión de poder encontrar algún tesoro olvidado tras un tarro o una caja. Es a lo que se dedicaban los desesperados, a desorganizarlo todo con la idea de que el producto que anhelaban siguiera ahí cuando volvieran con algo que dar a cambio.

    Dieron dos repasos a los pasillos sin éxito. Es difícil elegir qué es lo que menos te disgusta. Después hicieron un último intento juntos a sabiendas de que los comentarios de uno y otro acabarían animándoles a comprar algo. Cogieron algunas bolsas de pseudopatatas fritas, una garrafa de bebida naranja vitaminada y varias cajas de pan seco. El apetito haría después el resto. En realidad, lo más inteligente era aprovisionarse de más cosas ante la incertidumbre, pero siempre terminaban cogiendo lo justo quizás por lo desalentador de la oferta o quizás porque se habían contagiado ya de ese extraño ánimo general de supervivencia arrastrada.

    Sólo quedaba pagar y volver al exterior. Las ventanas brillantes no les permitían olvidar que, por increíble que pareciera, fuera la temperatura era aún más alta, el ambiente aún más seco, la soledad más real. Annie quiso aprovechar para ir al baño, un refinamiento, si se le puede llamar así a los baños de carretera incluso en esas circunstancias, que apenas tenía ocasión de permitirse. Su preferencia no era por nostalgia ni obviamente por pudor; se trataba simplemente de poder hacerlo a la sombra.

    El tendero puso un revólver sobre la mesa.

    “Quién podría imaginar que llegaríamos a esto”, comentó Sean con voz socarrona, “que fuera el propio encargado el que nos pasara el arma”.

    “No sé ustedes, pero yo no voy desarmado ni a mear.” Y quiso insistir: “Ni a mear”.

    “Sí, nosotros tenemos el nuestro en el coche.”, concedió Sean aceptando también que no era momento para bromas.

    Annie cogió el revolver y desapareció por la puerta de los aseos. Sean odiaba quedarse a solas con otra persona que no fuera ella. El problema no era él. Tenía gusto por la conversación con cualquiera o, mejor dicho, la había tenido antes de que todo cambiara y a la gente pareciera molestarle abrir la boca. Todo se sentía como una intromisión, como un exceso, una violación intolerable del aburrimiento. El comentario más inocente podía perderse en interpretaciones extrañas hasta terminar mal. Por qué se hacía el gasto de expresar algo era ahora más importante que aquello expresado. Sean prefería no decir nada y estar tranquilo en su silencio. Ya incluso prefería que no le dirigieran la palabra para no correr riesgos. Mejor pensado, sí podía haberse convertido en parte del problema como todos los demás.

    Se acercó a la ventana para observar la nada. Horizonte amarillo, tierra amarilla, vegetación escasa y siempre seca, nubes amarillas y silbidos de viento que se oían lejanos gracias al cristal. El dibujo de la carretera se perdía antes de abandonar la estación de servicio devorada por el calor y la arena. Sean se concentró en el ruido repetitivo que sentía a su espalda. Era el bolígrafo del encargado golpeando insistentemente sobre la mesa sin ser capaz de encontrarle un ritmo.

    “No tienes el aire funcionando, pero es increíble lo que se nota el frescor al entrar.”, no pudo evitar comentar Sean al fin.

    “Funciona a veces. Es impredecible. Media hora o así cada semana”, obtuvo como contestación sin anular el tintineo.

    El brillo del Sol poseía cierta capacidad hipnótica. Lo tenían ante sí la mayor parte del tiempo, pero no perdía por ello su atracción. Su luz entraba por los ojos, pero después te invadía por dentro junto a su olor característico e impregnante. El mismo que emanaba de la comida independientemente de los ingredientes de los que estuviera compuesta, del agua en el caso cada vez más improbable de encontrarla sin algún tipo de contaminación, de su piel y de la piel de Annie, aunque en ella todavía podía percibir sensaciones antiguas.

    A Sean le pareció que el silbido del viento era más fuerte de lo habitual y se sorprendió a sí mismo alegrándose por ello. No había ningún motivo para hacerlo. Ningún motivo que no fuera agradecer cualquier cambio en aquel tedioso desierto.

    Un ruido sordo vino de los aseos. Fue seguido inmediatamente por gritos y otro ruido más fuerte que pareció golpear una puerta o algo así. Las voces, animales y profundas, no dejaban lugar a dudas sobre lo que estaba ocurriendo. Después sonó un disparo y otro y otro y finalmente el soplido del tendero, como si dejara escapar una tensión acumulada durante meses o años o anterior a todos ellos.

    Sean salió corriendo. En los lavabos se encontró a Annie limpiándose la sangre con agua.

    “No sé de dónde ha salido. Tenía que estar ya aquí dentro”. Le miró un segundo con sus ojos negros inexpresivos y continuó limpiándose.

    En el suelo yacía el cuerpo de una mujer de una edad similar a la de ellos. El encargado no se había movido de detrás de la caja. No les hacía falta para comprenderlo todo. Sean pensó que en otro tiempo le habrían pedido explicaciones y le renconfortó ser consciente al menos de que su comportamiento actual no había sido siempre el normal.

    “Lo siento de veras. Yo no lo podía hacer”, se diculpó tímidamente el hombre cuando salieron del baño. Ellos ni tan siquiera lo miraron. Simplemente fueron al coche, se montaron en él y desaparecieron en el vacío.
  • WillianFWillianF Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    Lo siento, no me gusta.

    PD. No me hagas mucha cuenta, no sé el porqué. En cualquier caso es solo mi opinión subjetiva, osea casi nada.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2013
    Me gusta, parece que los protagonistas tendran muchas aventuras por vivir:rolleyes:
    Está bien narrado:)
  • paulemepauleme Anónimo s.XI
    editado enero 2013
    Gracias a ambos por los comentarios. Es muy difícil compartir la idea de lo que se pretende narrar en un texto largo mostrando sólo un fragmento, pero al menos ahí está el arranque... En este caso, es especialmente traicionero porque algo importante de la historia es precisamente la sensación de viaje sin rumbo, que se transmite más pausadamente.


    Un saludo y gracias de nuevo,

    M
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2013
    Me gusta, fíjate, sobre todo el momento de poner la pistola encima del mostrador: "Ni a mear".

    Ahí, ahí sí has conseguido intriga. ¿Les pasa la pistola?, ¿por qué?, ¿estamos en un futuro post apocalíptico?, ¿es la frontera de México?, ¿qué pasa?, ¿por qué es tan peligroso bajar del coche? Me parece muy buen MacGuffin.

    ¡Ah!, pero es que al final tiene un giro de guión. Resulta que les quiere incriminar, literalmente, les carga con el muerto. Hábil, muchacho, sí. Muy bien guionizado. Me ha sorprendido y a la vez me lo he tragado, es verosímil. Esto es narrar.

    Ahora te digo lo que no me gusta. Creo que tenías que conseguir una atmósfera plúmbea, desértica, de road movie. Vale. Pero, a mi parecer, te complaces demasiado en detalles que no añaden demasiado por ser lo "normal". Los productos de la estación de servicio están puestos como en cualquiera que hallamos visto. Los productos que escogen no describen a los protagonistas porque son bastante comunes... si te quieres entretener en describir, en hacer un barrido estático de la escena, capta detalles más insólitos y, sobre todo, que me den información de lo específico del lugar y de sus personajes.

    Hay partes que me han aburrido un poco por este motivo a pesar de estar escritas con habilidad. Creo que has sacrificado el total por mimar cada una de las partes. Y esto es formato largo.

    La gasolinera y el lugar están descritos minuciosamente. El aire acondicionado que a veces funciona media hora dice, perfectamente, en qué clase de lugar nos encontramos. Pero al final acaba el cuento y no sé cómo son ellos, podrían ser cualquiera. Como si fueran los monigotes de la maqueta de un arquitecto. Entiendo que esto sucede porque es un fragmento y habrá otros lugares donde ellos se representen.

    En global: eres muy hábil, se nota que hay trabajo y lecturas. Te felicito.
  • paulemepauleme Anónimo s.XI
    editado enero 2013
    Muchas gracias, Perplejo. La verdad es que tengo un problema (o una dificultad) con esta historia porque parte de lo que me parece importante transmitir es precisamente una normalidad aburrida e irresolubre y es complicado transmitirlo sin que el propio texto se convierta en eso. De todos modos, efectivamente es sólo el arranque y, como puedes ver en el enlace que abría este hilo, la historia gira completamente alrededor de esa pareja y hay tiempo para conocerlos bien...

    Un saludo y gracias de nuevo,

    M
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2013
    De nada, amigo ;)

    Vengo aquí para pedir a los moderadores, por favor, que nos dejen editar las faltas de ortografía.

    He puesto un "hallamos visto" que me está dando mucha vergüenza ¡y no puedo hacer nada para corregirlo! :(
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