¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

El sueño

epifon85epifon85 Anónimo s.XI
editado agosto 2008 en Narrativa
¿Era el sueño, la muerte, la inmortalidad, Dios?
Nikos Kazantzakis
EL SUEÑO

Todas las tardes Isabel camina apresurada por la calle; sus pasos cansados retumban en el silencio que siempre la acompaña, sobre sus hombros lleva el peso de su miseria y por encima de su cabeza un sol despiadado y ardiente le quema la piel. Tiene los labios resecos y la mirada ausente.

Da vuelta en una esquina y se dirige a la entrada de la Iglesia que, desde hace más de 5 años, se ha convertido en su refugio ante las culpas y los tormentos de la vida, se arrodilla en la primera banca y comienza a orar.

Desde la profundidad clamo tu nombre

Por encima de ella Cristo la observa desde la cruz con esa mirada fría y distante que ha tenido desde que el yeso sirvió para imitar la figura del cuerpo humano, es una forma similar a la del hombre pero carece de calidez, y aunque parezca humano, no deja de ser un pedazo de piedra que observa en silencio a todas las personas que entran al templo para pedirle respuestas que nunca podrá dar.

De rodillas frente a la imagen de Cristo; Isabel hace la misma súplica de todos los días. “Déjame saber que fue de mi padre y a cambio toma mi vida” Pero nadie la escucha, el silencio es la única respuesta a sus oraciones. Entonces ella se resigna ante la indiferencia de Dios, hágase Señor tu voluntad. Se pone de pie y sale a la calle.

Hágase Señor tu voluntad

Sus hijos la esperan en un miserable cuarto de azotea, Jesús de 10 años y Aarón que tan solo tiene 6 meses de nacido, ambos llevan las marcas de la pobreza y el hambre, la carita sucia, el cuerpo escuálido, las ojeras que enmarcan la mirada de una infancia sin sueños ni fantasías.

Isabel llega y saluda a Jesús, mira en la cuna a Aarón que está dormido y se dispone a preparar la poca comida que pudo comprar.
El silencio reina mientras comen, cada uno sumergido en sus pensamientos, Jesús piensa en la comida tan insípida que esta ingiriendo e Isabel piensa en su padre que hace más de 5 años se fue de la casa y jamás regresó, ella lo busco por mucho tiempo, en las delegaciones, en los hospitales, en las plazas, en los cementerios. Nunca supo que fue de él ni de su cuerpo frío y sin aliento, nada le quedó para recordar a su padre.

Después de 4 años de buscarlo en muchos lugares sin esperanza de encontrarlo, solo le quedó acudir a Dios, y diario va a la iglesia a implorar por que su padre se encuentre bien donde quiera que esté.

Al paso de las horas el sol cierra los ojos tras las nubes y la luna despierta a los sonámbulos que buscan el sueño entre la neblina. La luz se desvanece poco a poco en los párpados y la ciudad duerme llena de susurros e incertidumbre.

Sumergida en el agua, Isabel sintió su cuerpo liviano y etéreo, la levedad inundaba sus poros como si su existencia fuera de humo, no hacía falta respirar. Estaba sola, rodeada de un azul inmenso que se prolongaba infinito y vacío haciéndose cada vez más denso. El océano estaba tranquilo.

De pronto vio un espejismo lejano que se acercaba flotando, recorriendo millones de años luz, traspasando lugares y tiempos. Repentinamente un cuerpo transportado desde otra época estaba frente a ella y sonreía, Isabel lo reconoció, era su padre. Lo vio igual a como era cuando los abandonó aquel día, el cabello cano, la barba descuidada y esa mirada triste, la única diferencia era el orificio que la bala dejó en su frente. Murió por su propia mano, fastidiado de tanta pobreza, huyó de casa y se siucidó a orillas de una laguna.

Isabel quiso abrazarlo pero se sintió inmóvil, solo pudo escuchar la voz de su padre cavernosa y lejana:

Hija mía te he visto llorar muchas veces en silencio, por las noches te digo palabras de aliento pero no puedes escucharme, acaricio tu rostro cuando duermes pero no sientes mis manos. Estoy muy lejos de ti, la eternidad nos separa pero habrá un día en que volvamos a reunirnos.

Isabel miro a su padre y solo pudo decirle te amo. El la escuchó pero ya comenzaba a alejarse, como si una corriente invisible lo arrastrara. Ella no pudo seguirlo porque sabía que aún no debía de ir tras él. Lo vio alejarse y desvanecerse en el agua.

Cuando la imagen de su padre se diluyó por completo, Isabel miró a su alrededor y vio millones de personas flotando, era un mar repleto de cuerpos, todos tenían los ojos cerrados como si durmieran profundamente y cada uno mostraba las cicatrices de su muerte, unos tenían la marca en el cuello de la soga que los asfixió, otros tenían las muñecas cortadas y seguían desangrándose, algunos tenían el estomago sumamente inflamado a punto de estallar a causa del veneno. Isabel no se dio cuenta en qué momento aparecieron las ánimas , pero sabía que habían estado ahí desde que el mundo es mundo y sintió pena por aquellas almas suicidas.

El mar se evaporó en un segundo, los cuerpos desaparecieron y el azul se desvaneció en oscuridad. Isabel despertó sobre su cama y todavía era de madrugada, sintió frío. Se puso de pie y caminó en la oscuridad hacia el espejo de su habitación, en la penumbra pudo distinguir la silueta de su reflejo como una sombra difusa. Permaneció inmóvil mucho tiempo mientras pensaba.

Dios la había escuchado y se reveló ante ella permitiéndole saber cual había sido el destino de su padre, pero en ese momento el escalofrió se apoderó de ella, tuvo incertidumbre, un miedo terrible y siniestro inundó su alma porque recordó el pacto que había hecho con El Supremo: “Déjame saber qué fue de mi padre y a cambio toma mi vida” en ese instante las piernas de Isabel fallaron y se desplomó en el suelo, comenzó a llorar porque sabía que la Muerte estaba con ella en ese mismo cuarto, observándola. Isabel se resignó y esperó a que la vida abandonara su cuerpo, pasaron varios minutos, tal vez horas, milenios que parecían infinitos mientras Isabel deseaba morir de una vez. Pero la madrugada se hizo día y el Sol abrió los ojos, la luz entró en su habitación por la ventana e iluminó el rostro de Isabel que aun estaba tendida en el piso y seguía con vida.

Sintió felicidad porque Dios le había dado una segunda oportunidad, se levantó del suelo se dirigió a donde dormía su hijo mayor y le dio un beso en la frente mientras él respiraba profundo y dormía sumergido en sus propios sueños.

Luego, Isabel pensó en su hijo menor y quedó petrificada, el temor doblemente siniestro regresó a su ser, se dirigió a la cuna y vio a Aarón inmutable, estático durmiendo un sueño eterno y lejano, como una estatua sin aliento. Isabel recordó que durante el día anterior Aarón no despertó para comer, había estado dormido desde que ella llegó del templo y no había hecho ruido durante la noche ni siquiera el llanto habitual que tenía por las madrugadas. Isabel tomó el cuerpo del niño entre sus manos, estaba helado y empezaba a ponerse morado, no había señales de sufrimiento en su rostro, había muerto sin dolor. Murió el día anterior, antes de la llegada de Isabel.

Hágase señor tu voluntad.

Comentarios

  • epifon85epifon85 Anónimo s.XI
    editado agosto 2008
    Hola A Los Del Foro, Díganme Que Les Parece El Cuento Si Les Agradó O Cómo Podrían Mejorarlo, Que Cabiarían Y Qué Quitarían

    O Ya De Plano Digan Que Esta Misérrimo Jejeje
  • mariaelenamariaelena Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2008
    Epifon..excelente cuento..pero muy triste, me has dejado petrificada...
    parece tan real todo lo que relatas.., te has basado en algo que realmente ha sucedido?
    Me has hecho vivir cada escena..escribes muy bien.
    Tu cuento me trae como moraleja y espero no equivocarme con mi reflexion que estamos tan preocupados en los que no estan..derrochamos tanta energia en lo que no esta..enves de preocuparnos con lo tenemos - resignarnos a ello tratando de solucionar nuestra realidad.

    un abrazo,
  • epifon85epifon85 Anónimo s.XI
    editado agosto 2008
    gracias por comentar, vendrán más cuentos a ver qué les parecen
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com