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LA MUJER PERFECTA por Martin Marvin.

carlospapiscarlospapis Anónimo s.XI
editado septiembre 2012 en Terror
Si no podeis visualizarlo bien podeis descargarlo aqui,... :confused:
http://www.martinmarvin.com/page9.php




“El oscuro reino de la soledad es, ante todo, el mayor enemigo
del hombre”
MARTIN MARVIN.




La mujer perfecta.




MARCOS Y LIANA
La noche enmantaba los edificios de Ácrona, mientras la
lluvia recorría las vastas calles del centro. Una pareja joven se
encontraba en la plaza Clasbet, chapoteando entre el aguacero y
el barrizal.
―¡Vamos, a que no me coges! ―decía Marcos con una
ceja arqueada.
―!Si, si, verás cuando te coja granuja! ―Liana se posicionó
en una perspectiva depredadora e inocente, como una chiquilla―
¡Ven aquí ahora mismo!
Marcos la evadió entre una farola, y la hizo correr más y
más adelante, hasta que no pudo alcanzarla. Así que, él dio la
vuelta y fue a ella velozmente, hasta aferrarla de la cintura, dánLa
dole un fuerte abrazo y elevándola del suelo; en esos segundos
en suspensión, los dos permanecieron contemplándose uno frente
al otro.
—«¿Cómo está conmigo? es… perfecta», —se dijo a sí
mismo Marcos.
Por un momento la lluvia y el frío no existían: sólo la
atenta mirada de los ojos caoba de Liana, tan claros y hermosos.
Ella le puso una mano en la mejilla y empezó a besarlo con frenesí.
Al poco tiempo, su ritual de pasión se desvaneció al dejarla
en el suelo.
―Li, tenemos que irnos; al final nos vamos a enfriar.
―ella asintió, aferrándole de la mano y regalándole una mirada
ardiente.
De camino, aventajaron por una pequeña calle del municipio
de Ácora. El pasaje era siniestro y mortuorio; Liana cambió
de estado, inclinando un poco las cejas.
―Marcos, ¿por qué vamos por aquí? no me gusta cariño
―su voz era seca y fría.
―Li, tranquila,…esto lo conozco desde que era un crío;
además he pasado mil veces por aquí y nunca he tenido problemas
―decía Marcos con una gran sonrisa para tranquilizarla.
La noche se hacía más dura y oscura pero, ya estaban al
final del camino. Al llegar a su casa, dejaron los chubasqueros
en la entrada y Marcos corrió hacia la chimenea para enardecer
la morada.
Marcos ya se encontraba en su cómodo sillón de eskay,
mientras que Liana fue a cambiarse de ropa. Atrapó el mando y
zapeó un poco para ver lo que había en la tele. Dejó sin saber
dónde y quedó el canal en el noticiero del día. Se levantó y fue
directo a la nevera para coger algo de beber y algo para picar; de
vuelta, cayó de plomo y empezó a engullir palomitas; se fijó en
la tele, marchaba una ambulancia llevando un cadáver:
—«Han encontrado a un hombre sin vida en un contenedor
de basura, en el norte de Ácora» —decía el hombre del telediario.
Marcos dejó de engullir. Un destello nació del rabillo de
su ojo izquierdo, viró y se encontró a Liana apoyada con un braLa
zo en la puerta del dormitorio, con una ropa íntima que jamás
había visto: era un corsé negro amenazante que pedía a gritos
que se lo desgarrara y unas braguitas de diseño a juego.
―¿Qué,… te gusta…? ―Li, le miró provocativa y con
una sonrisa efusiva.
Marcos no dijo nada, apagó la tele y fue directamente
hacia ella empujándola suavemente y cerrando la puerta tras de
sí.
TRES MESES MÁS TARDE
—«Son las siete y diez de la mañana», —dijo una voz electrónica
de la radio, y después continuó la música.
Liana se levantó como todos los días para ir a trabajar a
Gersco Modas: una multinacional de prendas íntimas donde ella
era una de las modelos.
Quedó ausente en la cama, tapada hasta arriba, con los
ojos directos hacia el techo.
La habitación estaba demasiado fría para tener ganas de
levantarse e ir a trabajar, pero saco ánimos y se alzó cerrando la
parte de su cama y a cuatro patas se colocó al lado de Marcos
para darle un cálido beso en su frente; ella abrió más de la cuenLa
mujer perfecta
ta los ojos, hasta que se dio cuenta que Marcos los abría con
lentitud.
―¿Te he despertado…? ―dijo Liana con una sonrisa.
―¿Ah,… sí? no me había dado cuenta ―Marcos sonrió.
―Es que, como luego te vas al trabajo, al medio día y no
regresas hasta la noche, pues… quería estar un rato contigo.
―decía con una voz juguetona mientras lo abrazaba.
―Te quiero…
―Yo también mi vida… ―dijo marcos entregándole un
fuerte abrazo.
Salió hacia la calle, virando de un lado a otro.
«¡Dios, nunca me acostumbrare a este sitio!» —pensó
Liana arrugando la frente.
La ciudad de Ácrona era la ciudad más hermosa que ella,
había contemplado jamás, sobre todo por sus vastos jardines y
sus monumentos colosales, pero tenía un pequeño inconveniente.
Que estaba masificada; la población allí traspasaba el límite y
era hasta difícil andar por esas grandes aceras peatonales. De
camino hacia el trabajo Liana se encontró con una amiga de la
infancia, que llevaba un siglo sin verla.
―¡Dios mío Katy! ¿qué haces aquí? ―dijo Liana asombrada.
―¿Liana… eres tú? ―dijo su amiga Katy extrañada.
―¡Pues claro! ¿Quién sino? La misma Liana que siempre
sacaba cincos en Ciencias! ―indicó seguido de unas risotadas.
―Estas guapísima. ―la voz de Katy se ahogaba de la risa.
Después de un buen rato intercambiando sus historias,
una persona grotesca y con un aspecto espantoso le suministró a
Liana un tremendo golpe en un hombro desviándola hacia un
lado de la calle.
―¡Eh, mire por donde va! ―le dijo al hombre desgreñado.
Aquél miró hacia atrás unos segundos; su cara era una imagen
estropeada y perversa, y ése le respondió con una sonrisa
maliciosa, enseñándole los escasos dientes que sujetaba en su
boca. Liana puso cara de repugnancia y volvió a destinar la mirada
hacia su amiga.
―¡Menudo maleducado!... ―expuso Liana bajando las
cejas―.Bueno Kat, me tengo que ir a trabaja. Me alegro mucho
de verte, adiós Katy.
La mañana en el trabajo no fue muy dura; estuvo bastante
bien ya que no tuvo que estar probándose cien mil bikinis de
diferentes modelos. Al medio día, como Marcos nunca comía en
casa debido a su trabajo, decidió comer con las compañeras en
el bufé libre, para no estar sola en casa.
Al final del día, la noche cedió, y se despidió de sus
compañeras. Decidió antes de nada, llamar a Marcos.
―¡Hola!… me has pillado por sorpresa, estábamos reponiendo,…
puf estoy harto de este trabajo la vedad. Y tú que,
¿cómo has tenido el día,? no me habrás puesto los cuernos. ―se
expresó con voz picara.
―¡Qué tonto que eres, pues claro que no; además, te he
llamado, no tendrías que decirme eso!
―Es broma…
―Bueno, ¿cuándo llegarás?
―Li,… ni idea, esto… lo mismo llegaré hoy también
tarde, porque tenemos varios clientes; además ha faltado otra
vez Joel.
―¡Otra vez! Menudo tío, ese es un listo ¿por qué no lo
echas?
―Oye te tengo que dejar, me reclaman; bueno te llamo
en cuanto salga, ¿vale? un beso cielo.
―Vale un beso…
Liana cogió su bolso más su polar y salió a la calle; hacía
bastante frío; la verdad, siempre hacía frío en Ácora. El helor de
fuera le recorría el cuerpo tensándole la piel y dejándola firme
como una pica, pero no tenía más remedio que acostumbrarse.
Al zigzaguear varias calles, en una de ellas se encontró
tendido en un muro cochambroso aquel hombre que le dio aquel
brutal empujón; tenía la misma ropa desgarrada y mugrienta.
Apresuradamente Liana giró la cabeza al frente y siguió su camino;
al pasar una de las manzanas, Liana miró hacia atrás, por
si alguien la seguía; vio solamente la soledad de las aceras y
algún transeúnte con bolsas de la compra atravesando la calle.
Se tranquilizó casi lo suficiente como para volver a su estado
normal. Dos metros más adelante, detrás de un contenedor, resurgió
un personaje horrible con una sonrisa en su cara demacrada
y con un cuchillo notable en la mano.
―¡Hola Princesa…! ¿A dónde vas? ―decía dando pequeños
golpes con el cuchillo en su otra mano.
―¡Déjame! ―dijo Liana seria y seca mientras echaba
dos pasos hacia atrás, cambiando la trayectoria del camino.
―Pero, ¿adónde te crees que vas…? ―la agarró del brazo
amenazándola con el puñal. ―Tranquila gatita, solo
quiero presentarte a un amigo.
―¡Por favor, déjame! Toma mi bolso, quédatelo; no
llamaré a la policía; por favor, por favor ―expresaba Liana afligida
por la situación.
Entre la penuria de la calle, una silueta brotó. Era aquel
desdichado puerco que le empujó anteriormente. Se aproximaba
sin quitar la repugnante sonrisa de su boca, mientras que Liana
seguía contemplándolo aterrorizada e intentando librarse del
compañero.
―Hola Liana… ―se expresó con una voz lujuriosa.
―¿Cómo sabes mi nombre? ―dijo con una voz nerviosa
y afligida.
―Se muchas más cosas de ti. ¡Dale la vuelta Perth¡
―¡No digas más mi puto nombre delante de ellas¡
―comentó el del cuchillo.
―¡Cállate la boca Perth, y dale la puta vuelta! ―el hombre
falto de dientes sacó de detrás de su pantalón una pistola de
aluminio con un cilindro acuoso en su interior. Se lo colocó a
Liana en el cuello y accionó el gatillo provocando un sonido
sordo y seco; Liana cayó al momento en los brazos de aquel
infame.
Liana comenzó a abrir los ojos, aturdida y mareada. Se
encontraba en una habitación húmeda y lúgubre, sin ventanas, el
techo estaba completamente negro de la infiltración del agua que
provenía de arriba; cruzaban tuberías de un lado a otro, la paredes
eran verdosas, seguramente en algún momento gozaron de
haber sido blancas como la nieve; el suelo era hormigón basto y
poseía en algunos puntos de la habitación pequeños charcos oscuros.
Se fijó en sí misma, estaba atada a una silla de metal
eternamente fría. Las manos las tenía unidas hacia atrás y el pecho
lo cubría cinta adhesiva pegada fuertemente al respaldo. Le
habían quitado los zapatos, y atesoraba un frio excesivo; el único
calor que poseía, era una sucia bombilla que colgaba en medio
de la habitación. Al verse en esa situación comenzó a tener
pequeños espasmos en la barbilla; Tenía demasiado miedo…
«¿Qué está pasando aquí…? ¿ qué es esto? ¿qué he hecho

Continuara,...

Comentarios

  • carlospapiscarlospapis Anónimo s.XI
    editado septiembre 2012
    ¿Espero que lo disfrutáis! :):eek:

    Saludos y porcierto necesito criticas!:rolleyes:
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