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El Hijo de Desaparecido.

editado mayo 2012 en Narrativa
El Hijo del desaparecido


No tengo un nombre que merezca ser recordado, ni tengo nada de lo que jactarme. Soy el despojo de una familia célebre, he nacido de una gran historia, pero no hubo para mi ningún papel en ella. No hay mayor desgracia para un joven que ser como yo, heredero de logros célebres, pero sin ninguna participación en ellos.

No hay nada peor que ser hijo de un héroe, estoy seguro de que lo saben. y sobre todo, les habrán dicho que no hay nada peor que ser el hijo de un héroe muerto. El héroe muerto es insuperable, no importan cuantas hazañas cometa uno, la figura del padre siempre estará por encima, siempre como una meta inalcanzable, como un rival que no se puede superar, porque es un mito, y ninguna verdad, eso lo sabemos todo, supera a los mitos.

Pero yo les puedo decir que hay algo aún peor que ser el hijo de un héroe, y aún de un héroe muerto. Lo peor es ser hijo de un héroe desaparecido. No hay castigo más terrible que ese... Tener noticias inciertas, ver dolor e incertidumbre en el rostro de tu madre, que se teje y desteje, y no ser capaz de levantar nada sobre él. El héroe desaparecido es una duda, es algo que existe y no, se cierne sobre uno como la maldición eterna de un acertijo. Ninguna de las adivinanzas de la esfinge podría manterme tan inmóvil como la difusa figura de mi padre perdido en altamar.

Seguro ya saben quien soy, da igual, sólo pasaré a la historia como el niño inmovilizado, pequeño, indefenso, incapaz de proteger a su madre, incapaz de suplantar a su padre. El niño eternamente amenazado por una jauría hambrienta de hombres voraces. Soy el hijo de la guerra de Troya, el exponente perfecto de una generación perdida y desolada. Seremos la desidia y el destrozo, las ruinas de nuestros padres. Cae sobre nosotros, los hombres, la maldición de nuestro padres guerreros, y sobre las muchachas, de sus madres de belleza irreal e inmerecida.

Mi nombre es Télemaco, hijo de Odiseo, el hombre de las mil tretas, y de Penélope, dulce y fiel tejedora, príncipe de Ítaca. Pero esto no es importante, podría ser el hijo de Agamenón... o Hermione, la hija de Helena, podría ser hijo de Diómedes, de Aquiles o de Ayax, incluso podría ser un hijo de soldado anónimo y valiente... Todos ellos son mis hermanos, los hijos del griego, los hijos de la violencia indirecta y atroz de la ausencia. Cada uno tendrá sus diferencias, cada uno lo vivirá de diferente manera, algunos matarán a sus madres infieles, otros, como yo, vivirán con la figura de su madre esclavizada para siempre a una rueca producto de la fidelidad, pero todos ellos pueden identificarse con mis palabras, todos somos hijos de la ausencia y la soledad.

Crecimos con el odio corroyendo nuestro cuerpo, sin mañana, sin salida. No hay para nosotros esperanza alguna, ya nos perdimos. ¿Odio a qué? Odio a todo, a nuestro padres por desaparecer, y a los troyanos, odio hacia las madres que esperan pacientes, y odio hacia las madres infieles, odio, siempre a los niños que tienen familia, y odio a Menelao y Helena. El odio y el rencor nos definen, y en nuestro camino oscurecido y sin salidas, quedaremos como seres anónimos, las vícitmas que nadie recordará. Fuimos tan derrotados nosotros como los troyanos, es la misma muerte la que nos está rondando.

Comentarios

  • TequendamaTequendama Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2012
    Me encantó. Una historia diferente y bien lograda.
    Sólo te pregunto, a mi me suena mal el titulo. No sería mejor, "El hijo del desaparecido"

    Perdón es mi humilde opinión. Veo que en la copia de tu texto lo has escrito bien.:):):) Debe ser un error de tipeo al mandar el cuento.


    tequendama.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2012
    Es la historia de muchos hijos, más actuales aún que la historia de Odiseo, se vive en Colombia y creo que en todas partes hay desaparecidos, la incertidumbre de no saber de las personas, es peor que saberlas muertas.:rolleyes:
  • MenziesMenzies San juan de la Cruz XVI
    editado mayo 2012
    Existe mucha gente que critica la reformulación de temas clásicos. El relocalizar Las Troyanas en Irak o como pasa con Shakespeare, hacer de La Tempestad un drama sobre el colonialismo. Y muchos pensarán que eso es ser infiel a la literatura; en todo caso sería infiel al autor, pero como mis padres son Barthes o Derrida, pues no voy a ser yo quien te diga semejante cosa. Esto, esto es el mayor grado de fidelidad a la Literatura: la capacidad de reformular los temas independientemente de otras circunstancias, y demostrar que son universales.

    Yo ya estaba interesado por El hijo del desaparecido: personalmente, subjetivamente si quieres verlo así, yo siempre como lector he estado más del lado de Penélope y Telémaco. Las guerras se ganan o se pierden en los campos de batalla, pero casi siempre después sólo queda desolación. Ya sea en Troya o en cualquier otro sitio: todos sabemos los nombres. Y quienes más y quienes menos, puedo imaginar que aquí todos somos hijos o nietos de Troya. Y aún así nos quedan el recuerdo, tal fue la desolación de la guerra.
    Y si, la incertidumbre es posiblemente lo peor. A menudo ¿cuántas madres piden el cuerpo de sus hijos, porque nada es peor? Las vemos todos los días en la televisión- no esperan lo peor, porque lo peor es no saber qué esperar.

    Dicho esto, solo un par de comentarios:

    De hecho, muchos piensan que Odiseo no volvió a Ítaca por Penélope, sino por Telémaco. Quizá el aspecto más heroico de Odiseo es precisamente, que le preocupa su legado. Todavía hoy, muchos piensan que las guerras las hacen, para librar a sus hijos de males peores. Así que en cierta manera, si hay para Telémaco un papel. Como buen héroe, probablemente a Odiseo le importase poco más que su fama, y como tal, necesita de alguien que le recuerde.

    La referencia a Edipo, o por lo menos al ciclo tebano es un poco difusa, y realmente no la necesitas para el párrafo. Podría ser más apropiada a alguno de todos los que se perdieron en el mar, o bajo él. Aparte que, seguramente, pocos mares te pueden dar más juego en ese sentido que el Egeo.

    El cuarto párrafo me supone el mayor quebradero de cabeza. Quizá por la máxima de 'Muéstralo, no lo digas': claro que todos saben quién es, y quién todavia no lo sepa con todas las pistas, le van a dar la solución en el párrafo siguiente, y creo que, incluso como metáfora, es más fácil simpatizar con un Telémaco expectante, mirando en el horizonte, que con uno que se lamenta por su situación. Además que, de nuevo, el horizonte sirve como buen símbolo. Para el final de El hijo del desaparecido, Telémaco ya queda como 'el exponente perfecto de una generación perdida y desolada', así que considero que es del todo innecesario remarcarlo. Ya no que decir que la imagen de Telémaco suplantando (y no, por ejemplo, sucediendo) a su padre, parece enviar al lector de vuelta al ciclo tebano.

    Los últimos dos párrafos, personalmente, tan sólo alteraría el orden, dejando la solución, ya no de la identidad del desparecido y, sobretodo, de su hijo, sino de la voz de una generación perdida, para el final. A modo de resumen, de manifiesto.

    Cuando el narrador lanza ese '¿Odio a qué?' ¿acaso se lo pregunta a sí mismo? No lo creo, no por la determinación que demuestra en todo lo demás. ¿Entonces lo hace a su audiencia? Tampoco podría parecer posible: su relato tiene más el carácter de una confesión, si acaso, una biografía que nos dice quién es, y no lo que hizo (básicamente porque él pasará 'a la historia como el niño inmovilizado'). Y lo único, si acaso llamativo (porque los dos párrafos finales me parecen casi perfectos) es que el narrador, como niño, odia a 'las madres que esperan pacientes', y a mí me resulta también que esas madres, tan afectadas y absortas por la pérdida, temporal o permanente, de sus hombres, de los héroes, parecen desatender a sus propios hijos, sin así poder criar a ningún héroe entre ellos. Así, con los padres en la guerra y las madres ensimismadas, queda claro que 'todos somos hijos de la ausencia y la soledad'.
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