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La confesión

AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
editado marzo 2012 en Narrativa
La confesión



No lo soportaba, no podía aguantarse más. Debía confesarse de una vez por todas. En cada ocasión que le alcanzaba el recuerdo de lo sucedido esa fatídica noche, su cabeza latía y le parecía a punto de estallar. No sabía si se debía a la gran culpa que sentía o a esa voz estridente y terrorífica que resonaba en sus oídos una y otra vez; lo único que podía asegurar, era que ya no dormía por las noches. Habían madrugadas que le encontraban deambulando por la casa caminando de habitación en habitación, mientras rememora el demencial arrebato de violencia que le había impulsado a cometer un crimen tan horripilante y despreciable, que tal vez nunca podría perdonarse. Pero se estaba convenciendo de que la confesión de su pecado, podría atenuar el mal que torturaba su retorcida alma.

Fue un acto de puro reflejo, un instinto primordial generado en su cerebro reptil que, más allá del miedo atroz que le hizo sentir, le indujo a cometer el acto más sanguinario e irracional que pueda imaginar mente enferma alguna. Fue, el mismo instinto de criminal supervivencia que poseyeron sus más remotos ancestros. En el preciso instante en que le vio, le invadió el más visceral de sus temores, y en su mente sonaron mil alarmas que de inmediato se dispersaron en confusos y desesperados mensajes que, por breves instantes, le dejaron paralizado de terror. Un segundo después de la alarma general, los músculos de su cuerpo saltaron como resortes, y entonces sobrevino la muerte…


. . .




Su memoria no registraba el origen de todo, pero lo sabía porque su madre se lo había contado, y ella se encargó de espantarla. La segunda vez, que sí recordaba haber vivido, fue cuando una prima bastante mayorcita que él, y durante una noche en que estaba de visita en su casa, le había asegurado que tenía una bajo la falda. El no le creyo, hasta que su prima se levantó la pollera y se la mostró. La tercera se atravesó en su camino mientras regresaba de la escuela a su casa, mientras seguía los pasos de una compañerita que le gustaba. La cuarta apareció en su campo visual una tarde, mientras veía televisión junto a sus hermanas y una de las amigas.

La noche en que la quinta hizo irrupción en su vida, tenía diecisiete años de edad. Por entonces vivía en casa de su abuela paterna, quien residía junto a su tío y la familia, en la ciudad de Montevideo, y, como sus primitos eran numerosos, no tuvo otra opción que dormir en la misma habitación que su abuela, la que daba a la calle. Esa noche, su abuela dormía en una cama grande que había en medio del dormitorio, y, en una cama de una plaza recostada contra la pared y bajo la ventana que daba al frente de la casa, se encontraba estudiando uno de los fascículos de método científico, materia que cursaba en la facultad de Ciencias de la Comunicación, carrera que le había llevado a dejar la casa de sus padres para irse a vivir a la capital.

Siguiendo los consejos de Don Olegario, personaje de la obra de Florencio Sánchez “M’Hijo el doctor” de comienzos del siglo XX, su padre le dijo que debía ir a la Universidad, y esa noche se encontraba estudiando con riguroso fervor. Pero de pronto, y venciendo la acérrima resistencia que opuso durante un par de minutos, el sueño llegó, y luego de levantarse de la cama y dirigirse hacia la pared opuesta, en donde estaba el interruptor, apagó la luz y volvió a la cama. Cuando apoyó la cabeza en la almohada la oscuridad lo invadía todo. Afuera, no se oía otra cosa que el canto de los grillos, pero en su interior, una caliente andanada de sensaciones le impulsó a levantarse con rapidez. Lleno de temor, y tanteando el camino en la débil penumbra de la habitación, caminó hacia la llave y encendió la luz, con lo cual pudo verla, a pocos centímetros del respaldo de su cama y recostada en la pared. Esa era la primera vez que le sucedía algo así, una especie de sexto sentido que le advertía del peligro.

La sexta casi lo transformó en un bailarín profesional, porque luego de descubrirla, bailó con inusitados bríos. Dicen que esa danza surgió en el Medioevo, como método para curar la extraña clase de locura que al parecer, producía la mordedura de la más grande de las arañas europeas: la araña lobo o tarántula. Su nombre proviene de los habitantes de Taras, localidad actualmente conocida como Taranto, ciudad que está ubicada donde nace el taco de la bota que, junto a la suela, da forma al golfo del mismo nombre. Se cree que fueron introducidas en el sur de Italia como parte de la campaña militar del Rey del Epiro, quien por entonces luchaba contra los romanos.

Sin embargo, otra teoría dice que ese baile surgió como una burla hacia las tarántulas porque durante los veranos tórridos y secos de esa región mediterránea, las arañas debían levantar sus patas de forma frenética para evitar el suelo ardiente; aunque en el caso de Lucas, su baile no había sido ninguna broma. Una tarántula de muy buen porte había estado prendida del techo justo sobre el sitio en el que unos segundos antes había estado cambiado el casete en el equipo de música, y cuando gritó, su novia acudió presurosa desde el dormitorio en donde descansaba, luego de un par de horas de bailar una danza un poco más sofisticada, porque con levantar los pies no basta para escapar del peligro ni para evitar el calor.


Continuará...


. . .

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2012
    Esperamos que saques todo lo que tienes escondido en esta confesión;):rolleyes::)
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado marzo 2012
    No es la primera vez que hablas de arañas...

    La "tarantella" es un baile principalmente napolitano. En el caso de Taranto, es una cuestión de casi homonimia, pero en realidad la palabra taranto se compone de Táras (nombre original del lugar) y Falanto (jefe de los colonios dorios que la ocuparon en el 700 a.c.) y no tiene relación con el baile. Curiosamente en Taranto no se baila la tarantella.
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2012
    amparo bonilla escribió : »
    Esperamos que saques todo lo que tienes escondido en esta confesión;):rolleyes::)

    Voy a hacer lo posible, aunque todavía no sé muy bien qué camino tomar para llegar al final.

    Muchas gracias por comentar
    Saludos
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2012
    Shaianti escribió : »
    No es la primera vez que hablas de arañas...

    La "tarantella" es un baile principalmente napolitano. En el caso de Taranto, es una cuestión de casi homonimia, pero en realidad la palabra taranto se compone de Táras (nombre original del lugar) y Falanto (jefe de los colonios dorios que la ocuparon en el 700 a.c.) y no tiene relación con el baile. Curiosamente en Taranto no se baila la tarantella.


    Shai:

    Sí, no es la primera y no será la última. Hay temas que vuelven una y otra vez. Creo que les sucede a todos.

    No voy a discutir tu corrección. Solo diré que consulté varios artículos antes de escribirlo, los que desde luego, pueden estar equivocados.

    Eso sí, muchas gracias por leer y comentar.
    Saludos
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