Hoy me sorprendí hablando con mi perro más de lo habitual. Algo molesta por su empeño en estirar, ansioso, hacia las esquinas donde se concentran los orines de sus congéneres, intenté hacerle comprender que no puedo competir con su fuerza y que me ha provocado una tendinitis en el hombro.
--¡No estires, Bruma!. ¿No te he explicado mil veces por qué no puedes hacerme eso? –le reprocho al tiempo que le doy una palmadita en el lomo.
Él me mira con sus ojos de miel interrogantes; mi queja tiene menos poder de persuasión que su instinto.Levanta la pata marcando territorio, como si nada.
Podría tomármelo como la burla descarada del subordinado que se rie del amo en sus mismísimas narices, pero sé que Bruma me quiere y, en casa, lejos de tantas tentaciones callejeras, vendrá a reclinar su cabeza sobre mi dolorido hombro sintiéndose algo culpable.
Comprendo que, al fin y al cabo, es la hora de su paseo; ese tiempo le pertenece para su disfrute, olisquear es para él asistir a un concierto, a “una sinfonía de olores”* que le embelesan; no debo pretender que mi perro se comporte en la calle como yo, pero lo que no soporto es que, además de husmear, lama toda la porquería como si el olfato no le bastara para captar las emociones que hay en estos rincones. Entonces le amenazo:
--Tendré que ponerte bozal.Ya sé que no te gusta, pero me obligas –le digo en un tono que él entiende—y doy un tirón de la correa, al tiempo que se me escapa un ¡ay! de dolor.
Él responde con un gemido lastimero, apenas perceptible y de nuevo su mirada me gana la batalla. Estoy segura de que sabe que nunca le someteré a esa tortura, porque su mansedumbre no la merece, y yo tomaré antiinflamatorios durante unos días.
*Esta frase es una cita del libro "Tombuctú", de Paul Auster, cuyo protagonista es un perro,
Comentarios
Me ha agradado leer estas lineas con las que me identifico (añoré a mi perro, que por desgracia ya no está, aunque, por fortuna, vivió lo suyo).
Desde que empecé a leer tu prosa (sería por el mes de agosto de 2011) he notado que cada vez extiendes más tus relatos y, ciertamente me agrada, pues me gusta cómo escribes y cómo planteas la escena.
Por cierto, el nombre de Bruma me hizo recordar a aquél misterioso personaje de los tebeos de Mari Noticias que mamá me prestaba.
Como siempre, un abrazo!
Gracias. Un abrazo.
Amparo: pues el problema de tener un perro es ese: que cada día necesita pasear y mi hombro descansar. Gracias, por tu compañia.
Un abrazo.
Pude observar (ha llegado el hombre que golpea la regla
El leísmo, donde el pronombre personal lo/la es reemplazado por le, es un desliz frecuente y a pesar de no significar un fallo demasiado grueso he querido aprovechar este espacio para comentar o despejar el tema.
Lo escrito sólo pretende trasladar mi percepción, nunca un punto de vista definitivo.
Gracias Sinrima, por dejarnos ver lo que escribes (cada día mejor).
Saludos cordiales.
Lo que se me refleja en tus letras son aquellos inconvenientes que a veces tenemos, de querer hacernos entender y ver que no podemos, y que jamas nos entenderan en ciertos aspectos de nuestras vidas, de alli la frustracion y la recurrencia a esos "anti inflamatorios" de los que hablas.
Muy intimista, con un buen mensaje entre lineas para descubrir.
Abrazo muy grande, sigue asi.
Ariel, gracias por tu comentario que sabes valoro mucho porque evidencia más dedicación de la que merece el relato y te detienes en señalarme tanto los aciertos que te causaron buena impresión, como aquello que puede mejorarse. Y, en ambos casos, trasmites afectos de buen pedagogo.
En cuanto al leísmo, en España depende de la región. La zona castellana-vieja, de la que soy originaria, frecuenta el leísmo y en otras regiones,como en Andalucía, abusan del loísmo.Incluso en obras literarias de reconocidos autores castellanos, se encuentran leísmos. La RAE lo encuentra incorrecto cuando se usa para el acusativo masculino no referido a personas. Claro que un perro no es persona, aunque yo lo asimile.
Gracias por tu observación, Ariel. La tomo en consideración; me fijaré más en esa cuestión.
Un abrazo.
Tu comentario me ha hecho reir por lo extensivo que haces mi relato.En verdad, las relaciones con el perro -mi perro- son muy afectuosas y de un tira y afloja contínuo. Tal vez por eso has hecho esa asociación de situaciones y un gracioso paralelismo.
¿Pero existen antiinflamatorios para el alma?. Eso es lo malo, Necro.
Gracias por detenerte a comentar y el afecto que me demuestras.
Un abrazo.
Shai, gracias por detenerte a comentar.Te escucho con atención y aprecio tus palabras siempre que las encuentro a mi lado, porque haces buenas observaciones.
Mi perro me habla con sus ojos de miel; son de ese color y su mirada tiene esa dulzura. También me dice cosas con un leve gemido, apenas audible, que acompaña su mirada.
Un abrazo.
Como te dice Ariel -con su siempre acertado comentario-escribes con realismo. Me trasladas a la calle, siguiéndote los pasos y parándome cada vez que tu lo haces obligada por la insistencia de tu perro en husmear las esquinas.
Un afectuoso saludo.
Muy bello. Sé de lo que hablas...
Hace tiempo escribí un relato sobre Bella, una perrita. Intenté todo lo contrario: escribirlo en primera persona (habla ella, la perra) y procurar quitarle toda la autocompasión que nosotros atribuimos al animal, obteniendo el efecto contrario sobre el lector...
Arroyo, no importa ser el último en leer; tus comentarios me saben a pan reciente. Gracias por tu compañía.
Saludos.
Además de gustarme tu relato, me hizo pensar en lo afortunada que eres. Por estos lares, los amos sacan a sus perros a dar un paseo, y casi en cada cuadra de la ciudad las marcas territoriales, además de ser olfateadas por los perros, son observadas por unos y pisadas por otros.
Saludos
Un afectuoso saludo.
Salíamos como amigos, no me gustaba usar una cadena o un bozal. Ahora las reglas de la ciudad han cambiado, por eso no tengo perro.
El perro es un animal extremadamente fiel.
Sinrima
Bruma si tuviese el don del habla te hubiese pedido que le quites la cadena.
Quizás…
Un abrazo estimada Sinrima.
Tienes razón en que Bruma preferiría ir sin correa, pero en la ciudad no puede ser;en mi barrio hay calles con aceras muy estrechas y temo que se vaya hacia la calzada cuando pasa un coche. Si voy al campo es diferente; allí disfruta y se baña en el río a pesar de que el agua está muy fría.
Un abrazo.