Toda vez que me dispongo a descansar, mis fantiluños me toman por sorpresa.
Se sumergen sigilosamente debajo de las sábanas con sus trenzas anudadas al pescuezo, para no engancharse con los zapatos que nunca levanto, o con las peinetas relegadas; y en el preciso momento en que estoy próximo a despertar, empiezan con sus endemoniadas cosquillas de domingo y reviento en un aullido que las hace escapar alocadamente hasta el jardín o hasta el pasillo.
Nunca van más allá porque saben(a fuerza de costumbre) que seguro no me levanto, aunque un día de estos junto ganas y las corro hasta que vuelen a lo de algún vecino.
Preferiría que aletearan para lo de Rouben, que se la tengo jurada desde la tarde de la discordia, pero mis fantiluños son por demás desobedientes y harían todo con tal de mortificarme, incluso serían capaces de nadar por el desagüe, atravesar la cloaca repleta de sus inmundicias y dejarle sobre las almohadas o en el plato del pan con manteca, una carta pidiéndole disculpas por mi mala reacción de aquella vez.
No sería la primera vez que intentaran algo semejante; debo estar atento.
Algunas veces simulo dormir, pero aseguraría que tienen un sexto sentido(si es que tienen los otros cinco) porque cuando lo hago ni se acercan, y aguardan en silencio, entrelazadas en algo parecido a un abrazo, murmurando y riendo junto a la puerta.
Si me aburro y me duermo, regresan rápidamente con sus manitas puntiagudas a picarme en las axilas y en el cuello, o a rosarme la nariz con las puntas de sus trenzas, porque saben que no lo soporto y que tarde o temprano conseguirán que me levante entre carcajadas y una cólera que para qué quedarse; y corren y se ríen y si no me levanto vuelven al rato y otra vez, y así todo el domingo.
Una de mis fantiluños jamás me mira a los ojos y se lo agradezco porque tiene un no-sé-qué, tal vez la forma en que los dientes se le asoman cada vez que sonríe, que me recuerda tanto a Natalia y me entristezco en seguida, y me parece que lo advierte porque cuando me ve así, sale corriendo y no aparece hasta la noche. Creo que lo sabe y el agradecimiento es cien veces mayor.
Esa anda siempre retraída y vacilante; aunque sospecho es quien dirige las maniobras de aproximación y las cartas al vecino, fingiendo timidez; con sus ojitos temblorosos, su constante quietud y su cuellito anudado y siempre cubierto, a diferencia de la otra que arrastra casi siempre su trenza por el piso y corretea con las patitas desnudas de acá para allá como queriendo llamar la atención mientras me peino o me lavo la cara.
¿Cómo se hace? ¿Cómo se logra convivir con seres tan traviesos?
No quisiera martirizarme, pero dudo que haya en otro lugar, fantiluños tan inquietos y desesperantes como las mías, siendo que se caracterizan, según he podido averiguar, por su pereza y su mansedumbre innata.
En tal caso, imagino que estarían también a punto de ser arrojadas por la medianera hasta el jardín de algún vecino entrometido, aunque sí creo imposible que alguien comparta la calle con un sujeto tan fastidioso como Rouben.
Aclaro que en realidad no son mías, si ni siquiera sé como aparecieron o porqué se quedan y desde ya me desligo de toda posible responsabilidad civil que quisiera atribuirme Rouben ante alguna de sus diabluras.
Confieso, de todos modos, que aunque por mucho que molesten con sus cosquillas y sus intentos para que me reconcilie con el vecino, no quisiera que se fueran y las extraño cada vez que no aparecen y me dan ganas de morir de sólo pensar que algún día se cansarán y no volverán con sus pasitos silenciosos y sus pícaras sonrisas a posarse sobre el lado vacío del somier.
Mientras tanto, hago lo posible porque cada domingo mis fantiluños se diviertan creyendo tomarme por sorpresa y prolongo la somnolencia al límite para que la carcajada las alegre más cada vez y sigan escapando por el pasillo, sin saberlo.
Comentarios
Igualmente, un voto por conseguir que te deje pensando en qué son esos fantiluños.
Salu2
Gracias!
Me gusta mucho esta clase de narraciones, me recuerdas mucho un cuento en donde tampoco se sabe de qué criaturitas se está hablando... ash... olvidé el título, ya lo recordaré. Y por supuesto me recuerdas a Cortazar, jaja, siempre n_n
Me gusta mucho cómo narras y yo no cambiaría nada a tu cuento, así a primera vista, cada oración y cosa está en su lugar, un placer leerte n_n
tal vez hables del pinchajeta(los discursos del pinchajeta de Cortázar)
Creo que hablas de ese.
Gracias por comentar!