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¿Por qué escribo?

Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado julio 2014 en Narrativa
Acabo de escribir un cuento. ¿Y ahora qué?, me pregunto. Acabaré archivándolo como los otros y, dentro de un tiempo, cuando surja un hecho que merezca un pensamiento, haré otro, y otro... Como mucha gente, supongo, tengo la necesidad atávica de escribir lo que pienso y encuentro satisfacción en hacerlo, pero, al final, me queda una sensación de vacío que no se explicar.

La creación de cosas, pintar, modelar, operar..., ha sido una constante en mi vida y he creído que la elaboración de algo nuevo, desde que lo concibo hasta que lo hago —pasando por el diseño, la preparación y la propia ejecución—, es una satisfacción en sí misma, sin que deba tener trascendencia obligatoriamente. Pero escribiendo es distinto. Al terminar un escrito siempre me asalta la pregunta ¿qué le falta a lo que he hecho?

Supongo que será un tópico para el escritor experimentado, más si es profesional. Él sabe que ahí comienza una andadura que, envuelta en otra actuación —la edición—, concluye en la publicación, y tiene su cumbre en la conexión con el lector, su otro yo, buscando unos fines concretos y definidos: económia y/o de prestigio. Pero no es mi caso. No preciso ninguno de los dos — repito, ninguno de los dos—, ¿qué es lo que echo en falta, entonces?

Circula, hace tiempo, una anécdota del torero fallecido Luis Miguel Dominguín en la que se refería a su puntual relación amorosa con la actriz Ava Gardner. Contaba él que, en el mundo taurino y de farándula en el que vivía, conoció a la bella actriz a través de su amigo Ernest Hemingway. A una “devorahombres”, como se la consideraba, no tardó en provocar su apetito un joven torero apuesto, mujeriego y libertino. Al amanecer de una noche de amor, Luis Miguel salió de la habitación y bajó a la cafetería del hotel en que se alojaban buscando alguien a quien contarle su aventura. Mereció más la pena —comentó— contar lo extraordinario del caso que saborear un despertar lujurioso con la mujer más atractiva que ha dado el cine.

También a mi nieto le pasó algo parecido. Pasaba el tiempo y seguía defecando en el pañal. La obsesión de los mayores por forzarlo a utilizar el baño, se convirtió pronto en una pequeña tragedia familiar que el niño captó con repulsión y algo de miedo. Una tarde, leyendo en mi rincón, oigo cómo viene gritando hacia mí. Pongo atención alarmado y lo veo llegar con el pantalón bajado y las heces resbalando por sus piernecitas hasta la alfombra. Con ojos muy abiertos y una sonrisa radiante me anuncia «¡abuelo, he hecho caca en el váter!». ¡Tenía que decirlo! Era importante contarlo. Más que otra cosa, comunicarlo. No le importaba el desastre. A mí tampoco. Lo celebré con él como la obra más importante del mundo.

Comunicarlo. Ese es el misterio. Que alguien lo sepa. No importa lo que opine ni lo que reporte. No es un beneficio para ese alguien sino para nosotros mismos. No comprendí a Dominguín pero sí aprendí de mi nieto la satisfacción de comunicar lo que se considera importante.
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Comentarios

  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Alhaken II

    Casi del todo de acuerdo con lo que escribes. Y digo casi, porque a mi modesto parecer, es así para todas las artes.
    Ya sea mediante un suave susurro o gritándolo a los cuatro vientos, en inglés o español, al óleo o al aceite, en hierro o piedra, lo importante es comunicarlo.

    A veces ni siquiera importa demasiado cómo lo haces; la musicalidad, la sintaxis, la adjetivación, la técnica del pincel o el martillo, la tonalidad del color, la afinación, la simplicidad, la complejidad, no tienen demasiada importancia.

    Lo que verdaderamente tiene valor es decir, cantar, escribir, esculpir o pintar aquello que, para quien lo hace, tiene vital importancia.
    Quién lo reciba, o cuántos lo reciban no importa.

    Basta con que un solo ser lo perciba.

    Pero en ese preciso momento, es cuando se establece la comunicación.

    Saludos

    PD. Y también en la vida, eso es lo único que verdaderamente cuenta.
    Bueno... No en vano, el arte no es otra cosa que una representación de la vida. Y una de sus infinitas manifestaciones...
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    Probablemente tengas razón, Aljamod, pero mis sensaciones son las que describo.
    Pinto desde pequeño y los pocos que me han visto pintar, algunos artistas de reconocido prestigio, alaban mi forma de hacerlo al tiempo que me fuerzan, a veces airadamente, a enseñar y exponer, pero nunca lo he hecho: no he necesitado hacerlo. Para mí, la pintura es disfrutar mientras pinto y lo haga en función de mi esquema de belleza y perfección. Cuando no disfruto, dejo de pintar. Empieza y acaba en mí.
    Escribiendo no es así: Empiezo y, cuando acabo, falta algo, falta el otro que completa el escrito para disfrutar. Quizás sea una cuestión de fondo y forma, no lo se.

    Y sí, la comunicación es necesaria en la vida, pero la contemplación, la creación y el pensamiento, donde es imprescindible la soledad, también lo es.

    Gracias por comunicarte conmigo... y hacerme disfrutar.

    Te saludo.
  • ArrowniArrowni Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2011
    Bueno, dado que leer es más importante que escribir, puede tratarse solo de que tu intuición personal logra deducir que el texto como objeto de la realidad, depende de la lectura. La escritura no genera una belleza en sí misma -no sé, a lo mejor en caligramas o caligrafía-, es como la puerta de la galería, es un objeto en perpetuo estado de construcción (más potencial de belleza que verdadera belleza).
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    Aunque, yo diría, que leer no es más, sino tan importante como escribir, sí, por ahí van los tiros: Lo importante, la belleza, en la escritura es qué dices y en las artes, además y sobre todo, es cómo lo dices.

    Gracias por opinar, Arrowni.
  • serranaserrana Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2011
    Hola Alhaken. Antes que nada bienvenido. He estado bastante ocupada y no habia podido decirte que me alegra que nos acompañes.
    Estoy de acuerdo con varias de tus manifestaciones en este escrito. Escribir para mi es un acto de comunicaciòn. Desde luego puedes escribir solo para desahogarte o para aclarar las ideas pero cuando decides mostrarlo ya se convierte en un acto de comunicaciòn.
    Desde luego puedes escribir para ti mismo, como algunos afirman que deberia ser pero entonces luego alcanzaria con guardarlo en un cajon.
    No nos sucede eso a los que publicamos aqui o en cualquier medio.
    Supongo que si escribimos y decidimos mostrarlo buscamos compartir nuestras ideas, sentimos que tenemos cosas que decir, que aportar, aunque solo se trate de un goce estètico.
    Y desde luego, gustar o no, que siempre es mejor gustar no es tan importante como el feed back que se establece con los que leen y comentan y que luego nos aporta otros puntos de vista. Y eso es importante para crecer.
    Y por cierto estoy absolutamente de acuerdo en que lo importante no solo es como se dice sino lo que se dice. He visto poemas primorosos en cuanto a la forma de decir y a la calidad en cuanto recursos tecnicos y completamente vacios. No esta eso dentro de mis preferencias. Que la literatura como todo arte es manifestaciòn del espìritu humano y por tanto importa en tanto que comunica las flores que este puede producir, aunque sean flores de extraña belleza.
    Gracias por poner el tema sobre la mesa. Siempre me resulta sumamente interesante.
    Un abrazo desde Montevideo, Uruguay. :)
  • ArrowniArrowni Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2011
    Alhaken II escribió : »
    Aunque, yo diría, que leer no es más, sino tan importante como escribir, sí, por ahí van los tiros: Lo importante, la belleza, en la escritura es qué dices y en las artes, además y sobre todo, es cómo lo dices.

    Gracias por opinar, Arrowni.

    En cuanto a lo estrictamente técnico nomás nos haríamos bolas, pero sí, creo que entiendo y entiendes el fondo de lo que el otro dice. En el contexto es lo importante :D
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado marzo 2011
    "¿Por qué escribes?"... Un entrañable relato donde das una respuesta sencilla y contundente: "para comunicar algo que a uno le parece importante". ¡ Exactamente !.

    No obstante, en una de tus respuestas a comentarios dices que el QUÉ es más importante que el CÓMO y en esto difiero. Escribir es el arte de la comunicación y el cómo se haga interviene en la intensidad de transmisión. Es más, a veces, un "cómo" bien pulido hace pasar mensajes mediocres.

    Claro que valoro más el contenido, pero los materiales del "cómo" también me dicen cosas.

    Mi afecto por tus "qués" y tus "cómos".

    Sinrima.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado marzo 2011
    Me ha encantado este escrito tuyo y el enfoque que le has dado. Planteas de manera entrañable, fluida y honesta temas como el por qué de la creatividad, el miedo a la exposición a la crítica, la autocrítica (a veces excesiva y castrante).
    Personalmente pienso, al leer tu trabajo, que eres un gran narrador, sabes contar historias y sabes transmitir emoción. Me he sentido casi llevada de la mano y he visto claramente ante mi la escena descrita con tu nieto.
    Gracias por haberlo compartido.
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    Serrana y Sinrima: Me honra que dejeis vuestros quehaceres, echeis un vistazo a mi escrito y, además lo comenteis. Bueno... sería el colmo que estuviérais de acuerdo en todo.

    Es en mi contestación a Arrowni (sí, creo que nos entendemos, Arrowni), deslicé una opinión que nada tenía que ver con su valoración escritor/lector: el qué escribir y cómo hacerlo. Fue sin intención pero ya que surge el debate, debo comentarlo.

    Creo que tienes razón Serrana: el qué es primordial; si no hubiera un qué, la comunicación no tiene sentido..., aunque, efectivamente, hay gente (y yo conozco a algunos) que son capaces de decir nada en cinco idiomas. Pero, como opina Sinrima, el cómo no le va a la zaga: aporta matices imprescindibles para la construcción del mensaje.

    Mira, Serrana, lo que dice "ojos verdes", una copla de mi tierra:
    "Serrana, ¿me das candela?
    y yo te dije.
    —¡Gaché!, ven y tómala en mis labios, que yo fuego te daré"
    .

    El qué, la petición de tu tocaya de que un hombre encienda su cigarrillo, se convierte un una sugestiva invitación sensual por el cómo lo dice. El atractivo mensaje no tendría el mismo sentido sin esa particular forma de decirlo.

    O para ti, Sinrima, una soleá flamenca:
    "Tu calle ya no es tu calle
    que es una calle cualquiera
    camino de cualquier parte".

    Un qué, galimatías callejero de solo tres frases apenas entendibles, se transforma en toda una historia de amor y despecho por el cómo se dice. Esto no solo es comunicación, esto es también poesía..., el lenguaje de los dioses.

    Otro abrazo a los tres desde mi Mezquita, y un recuerdo afectuoso para mi colega, amigo y maestro Raul Praderi, ¿montevideano? y uno de los mejores cirujanos de la América hispana.
  • RegísimaRegísima Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Alhaken II escribió : »
    Acabo de escribir un cuento. ¿Y ahora qué?, me pregunto. Acabaré archivándolo como los otros y, dentro de un tiempo, cuando surja un hecho que merezca un pensamiento, haré otro, y otro... Como mucha gente, supongo, tengo la necesidad atávica de escribir lo que pienso y encuentro satisfacción en hacerlo, pero, al final, me queda una sensación de vacío que no se explicar.
    La creación de cosas, pintar, modelar, operar..., ha sido una constante en mi vida y he creído que la elaboración de algo nuevo, desde que lo concibo hasta que lo hago —pasando por el diseño, la preparación y la propia ejecución—, es una satisfacción en sí misma, sin que deba tener trascendencia obligatoriamente. Pero escribiendo es distinto. Al terminar un escrito siempre me asalta la pregunta ¿qué le falta a lo que he hecho?


    Supongo que será un tópico para el escritor experimentado, más si es profesional. Él sabe que ahí comienza una andadura que, envuelta en otra actuación —la edición—, concluye en la publicación, y tiene su cumbre en la conexión con el lector, su otro yo, buscando unos fines concretos y definidos: económia y/o de prestigio. Pero no es mi caso. No preciso ninguno de los dos — repito, ninguno de los dos—, ¿qué es lo que echo en falta, entonces?


    Circula, hace tiempo, una anécdota del torero fallecido Luis Miguel Dominguín en la que se refería a su puntual relación amorosa con la actriz Ava Gardner. Contaba él que, en el mundo taurino y de farándula en el que vivía, conoció a la bella actriz a través de su amigo Ernest Hemingway. A una “devorahombres”, como se la consideraba, no tardó en provocar su apetito un joven torero apuesto, mujeriego y libertino. Al amanecer de una noche de amor, Luis Miguel salió de la habitación y bajó a la cafetería del hotel en que se alojaban buscando alguien a quien contarle su aventura. Mereció más la pena —comentó— contar lo extraordinario del caso que saborear un despertar lujurioso con la mujer más atractiva que ha dado el cine.


    También a mi nieto le pasó algo parecido. Pasaba el tiempo y seguía defecando en el pañal. La obsesión de los mayores por forzarlo a utilizar el baño, se convirtió pronto en una pequeña tragedia familiar que el niño captó con repulsión y algo de miedo. Una tarde, leyendo en mi rincón, oigo cómo viene gritando hacia mí. Pongo atención alarmado y lo veo llegar con el pantalón bajado y las heces resbalando por sus piernecitas hasta la alfombra. Con ojos muy abiertos y una sonrisa radiante me anuncia «¡abuelo, he hecho caca en el váter!». ¡Tenía que decirlo! Era importante contarlo. Más que otra cosa, comunicarlo. No le importaba el desastre. A mí tampoco. Lo celebré con él como la obra más importante del mundo.


    Comunicarlo. Ese es el misterio. Que alguien lo sepa. No importa lo que opine ni lo que reporte. No es un beneficio para ese alguien sino para nosotros mismos. No comprendí a Dominguín pero sí aprendí de mi nieto la satisfacción de comunicar lo que se considera importante.


    Qué bonito escribe usted.

    Necesitaba comunicarlo... ;)


    Saludos!
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    "Qué bonito escribe usted", dices.

    ¿Qué pasó Regísima, de "hermoso", tan próximo, pasaste a "usted", tan distanciado? (es broma).
    Hoy día todo el mundo habla de "tu". No es falta de respeto, son nuevas costumbres que tratan de igualar incluso a los no iguales. A la gente mayor les gusta porque se sienten menos mayores, pero uno echa de menos esa muestra de consideración que es el "usted", sobre todo cuando viene acompañado de ese calificativo tan propio del lenguaje poético hispanoamericano, "bonito", que suena mucho mejor que "qué bien escribes".
    Parece que estoy leyendo a Jardiel Poncela: "Señorita, tiene usted ojos de mujer fatal".

    ¡Me gusta!, Regísima. Gracias por el piropo.
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    Es un honor para mí que alguien como tu, que es capaz de extraer la esencia y la belleza de las pequeñas cosas que nos rodean, alabe mi escrito y mi forma de narrar.
    Y es un placer compartirlo contigo.
  • RegísimaRegísima Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Alhaken II escribió : »
    "Qué bonito escribe usted", dices.

    ¿Qué pasó Regísima, de "hermoso", tan próximo, pasaste a "usted", tan distanciado? (es broma).
    Hoy día todo el mundo habla de "tu". No es falta de respeto, son nuevas costumbres que tratan de igualar incluso a los no iguales. A la gente mayor les gusta porque se sienten menos mayores, pero uno echa de menos esa muestra de consideración que es el "usted", sobre todo cuando viene acompañado de ese calificativo tan propio del lenguaje poético hispanoamericano, "bonito", que suena mucho mejor que "qué bien escribes".
    Parece que estoy leyendo a Jardiel Poncela: "Señorita, tiene usted ojos de mujer fatal".

    ¡Me gusta!, Regísima. Gracias por el piropo.


    Jajaja... no es distanciado el "usted": por lo menos aquí, el uso -precisamente- indica cercanía (cuando las frases son amables).

    De la misma manera, "bonito" no es una verdadera apreciación; por lo que lo mío no pretendía serlo, sino reforzar la cercanía del "usted".



    Buen día.
  • RegísimaRegísima Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Alhaken II escribió : »
    Es un honor para mí que alguien como tu, que es capaz de extraer la esencia y la belleza de las pequeñas cosas que nos rodean, alabe mi escrito y mi forma de narrar.
    Y es un placer compartirlo contigo.


    Bueno, si esto va para mí, te agradezco.


    Saludos!
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado marzo 2011
    Alhaken II escribió : »
    Es un honor para mí que alguien como tu, que es capaz de extraer la esencia y la belleza de las pequeñas cosas que nos rodean, alabe mi escrito y mi forma de narrar.
    Y es un placer compartirlo contigo.

    Creo que iba para mi, Regísima, -a ti ya te había contestado-, por lo que además agradezco a Alhaken II y le recambio el honor.
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    Dos mujeres..., dos escritoras... de la que solo conozco algún aspecto virtual:
    Una abierta, con desparpajo, fina ironía, inteligente.
    Otra sencilla, profunda, melancólica, con sentido del humor.

    Canta "El Cigala", con el piano de "Bebo" Morales:
    "...Lo que quisiera saber
    cómo se pueden querer
    dos mujeres a la vez
    y no estar loco".

    Gracias, mis escritoras preferidas (junto a Sinrima y Serrana).
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado marzo 2011
    Alhaken II escribió : »
    Dos mujeres..., dos escritoras... de la que solo conozco algún aspecto virtual:
    Una abierta, con desparpajo, fina ironía, inteligente.
    Otra sencilla, profunda, melancólica, con sentido del humor.

    Canta "El Cigala", con el piano de "Bebo" Morales:
    "...Lo que quisiera saber
    cómo se pueden querer
    dos mujeres a la vez
    y no estar loco".

    Gracias, mis escritoras preferidas (junto a Sinrima y Serrana).

    Cuando era pequeña me gustaba ir en los asientos de atrás del autocar.Me divertía ver el tráfico y hacer alguna mueca a los conductores más próximos.
    Gracias por ese paréntesis.

    Saludos.
    Sinrima
  • RegísimaRegísima Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Shaianti escribió : »
    Creo que iba para mi, Regísima, -a ti ya te había contestado-, por lo que además agradezco a Alhaken II y le recambio el honor.

    Gracias, Hermosa.
    Una disculpa por no haber entendido la estructura del hilo.


    Saludos!

    (Ya decía yo: "¿y dónde leyó alguno de mis guiones?")
  • ArrowniArrowni Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2011
    Si todas las discusiones fueran así de amenas...
  • RegísimaRegísima Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Si todos los foristas fueran así de amenos...
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado mayo 2013
    Alhaken II escribió : »
    Acabo de escribir un cuento. ¿Y ahora qué?, me pregunto. Acabaré archivándolo como los otros y, dentro de un tiempo, cuando surja un hecho que merezca un pensamiento, haré otro, y otro... Como mucha gente, supongo, tengo la necesidad atávica de escribir lo que pienso y encuentro satisfacción en hacerlo, pero, al final, me queda una sensación de vacío que no se explicar.

    La creación de cosas, pintar, modelar, operar..., ha sido una constante en mi vida y he creído que la elaboración de algo nuevo, desde que lo concibo hasta que lo hago —pasando por el diseño, la preparación y la propia ejecución—, es una satisfacción en sí misma, sin que deba tener trascendencia obligatoriamente. Pero escribiendo es distinto. Al terminar un escrito siempre me asalta la pregunta ¿qué le falta a lo que he hecho?

    Supongo que será un tópico para el escritor experimentado, más si es profesional. Él sabe que ahí comienza una andadura que, envuelta en otra actuación —la edición—, concluye en la publicación, y tiene su cumbre en la conexión con el lector, su otro yo, buscando unos fines concretos y definidos: económia y/o de prestigio. Pero no es mi caso. No preciso ninguno de los dos — repito, ninguno de los dos—, ¿qué es lo que echo en falta, entonces?

    Circula, hace tiempo, una anécdota del torero fallecido Luis Miguel Dominguín en la que se refería a su puntual relación amorosa con la actriz Ava Gardner. Contaba él que, en el mundo taurino y de farándula en el que vivía, conoció a la bella actriz a través de su amigo Ernest Hemingway. A una “devorahombres”, como se la consideraba, no tardó en provocar su apetito un joven torero apuesto, mujeriego y libertino. Al amanecer de una noche de amor, Luis Miguel salió de la habitación y bajó a la cafetería del hotel en que se alojaban buscando alguien a quien contarle su aventura. Mereció más la pena —comentó— contar lo extraordinario del caso que saborear un despertar lujurioso con la mujer más atractiva que ha dado el cine.

    También a mi nieto le pasó algo parecido. Pasaba el tiempo y seguía defecando en el pañal. La obsesión de los mayores por forzarlo a utilizar el baño, se convirtió pronto en una pequeña tragedia familiar que el niño captó con repulsión y algo de miedo. Una tarde, leyendo en mi rincón, oigo cómo viene gritando hacia mí. Pongo atención alarmado y lo veo llegar con el pantalón bajado y las heces resbalando por sus piernecitas hasta la alfombra. Con ojos muy abiertos y una sonrisa radiante me anuncia «¡abuelo, he hecho caca en el váter!». ¡Tenía que decirlo! Era importante contarlo. Más que otra cosa, comunicarlo. No le importaba el desastre. A mí tampoco. Lo celebré con él como la obra más importante del mundo.

    Comunicarlo. Ese es el misterio. Que alguien lo sepa. No importa lo que opine ni lo que reporte. No es un beneficio para ese alguien sino para nosotros mismos. No comprendí a Dominguín pero sí aprendí de mi nieto la satisfacción de comunicar lo que se considera importante.

    Esta tarde sentí la nostalgia de tus antiguos relatos y la comunicación que fluía después de leerlos.
    Hoy vuelves a cautivarme con tu prosa que, en algunos tramos se hace poema por su belleza expresiva.

    Ya no escribes tanto.¿Es que ya no sientes necesidad de comunicarte? ¿O es que ya nada te parece importante?

    Sigo esperándote.

    ...de colores
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado mayo 2013
    Sinrima escribió : »
    ...Hoy vuelves a cautivarme con tu prosa ...
    Quiero prender, de entre los sueltos caballos gongorinos, uno suelto que luzca por sus lozanos relinchos y sus fuertes cernejas, que busca el verde entre la sangre, para que te lleve conmigo, cautiva, por los algarves...

    Tengo actualizada la eterna pregunta que late en el escrito. Nuevas reflexiones me han llevado a paisajes metafísicos difíciles de describir en la distancia. Quizás algún día me faje y emprenda el sacrificado camino de exponer extensas parrafadas sin que se aburran mis lectores.

    Azules, violetas, ocres, rojos....¡sí! más bien rojos.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado mayo 2013
    Cautiva ya me tienes.Solo me falta cabalgar contigo, reposando en tu espalda, abrazada a tu cintura y huir del mundo por praderas floridas.

    Me gustaría leer tus pensamientos y sentimientos metafísicos.No dejes pasar el tiempo. Yo te espero impaciente.

    De todos esos colores, con predominio del rojo.

    BESOS
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2013
    Ustedes escriben para que yo me divierta, como me gusta verlos juntos :)
  • JockercytoJockercyto Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    el por qué yo escribo es muy sencillo. yo no hago filosofía para explicar un asunto. escribo porque soy creador.

    creo unos personajes "reales" y los muevo en una sucesión de actos apropiados para cada uno de ellos. creo un pueblo en donde moverlos.
    creo una realidad para ellos. como ven es todo creado.
    no me siento vacío al terminar una obra. sino satisfecho si merece ese sentimiento, sino pues me aguanto ejejeje
    un saludo
  • LeosLeos Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2013
    Está muy bien esta reflexión de por qué escribimos.
    Yo diría algo muy parecido a lo ya dicho: es una necesidad de comunicar algo a los demás y es tan importante lo que se dice que cómo se dice. Pero, digamos que un qué puede existir sin el cómo, mientras que el cómo quedaría vacío sin un qué interesante.

    Saludos.
  • ArroyoArroyo Juan Boscán s.XVI
    editado mayo 2013
    Alhaken II escribió : »
    Acabo de escribir un cuento. ¿Y ahora qué?, me pregunto. Acabaré archivándolo como los otros y, dentro de un tiempo, cuando surja un hecho que merezca un pensamiento, haré otro, y otro... Como mucha gente, supongo, tengo la necesidad atávica de escribir lo que pienso y encuentro satisfacción en hacerlo, pero, al final, me queda una sensación de vacío que no se explicar.

    La creación de cosas, pintar, modelar, operar..., ha sido una constante en mi vida y he creído que la elaboración de algo nuevo, desde que lo concibo hasta que lo hago —pasando por el diseño, la preparación y la propia ejecución—, es una satisfacción en sí misma, sin que deba tener trascendencia obligatoriamente. Pero escribiendo es distinto. Al terminar un escrito siempre me asalta la pregunta ¿qué le falta a lo que he hecho?

    Supongo que será un tópico para el escritor experimentado, más si es profesional. Él sabe que ahí comienza una andadura que, envuelta en otra actuación —la edición—, concluye en la publicación, y tiene su cumbre en la conexión con el lector, su otro yo, buscando unos fines concretos y definidos: económia y/o de prestigio. Pero no es mi caso. No preciso ninguno de los dos — repito, ninguno de los dos—, ¿qué es lo que echo en falta, entonces?

    Circula, hace tiempo, una anécdota del torero fallecido Luis Miguel Dominguín en la que se refería a su puntual relación amorosa con la actriz Ava Gardner. Contaba él que, en el mundo taurino y de farándula en el que vivía, conoció a la bella actriz a través de su amigo Ernest Hemingway. A una “devorahombres”, como se la consideraba, no tardó en provocar su apetito un joven torero apuesto, mujeriego y libertino. Al amanecer de una noche de amor, Luis Miguel salió de la habitación y bajó a la cafetería del hotel en que se alojaban buscando alguien a quien contarle su aventura. Mereció más la pena —comentó— contar lo extraordinario del caso que saborear un despertar lujurioso con la mujer más atractiva que ha dado el cine.

    También a mi nieto le pasó algo parecido. Pasaba el tiempo y seguía defecando en el pañal. La obsesión de los mayores por forzarlo a utilizar el baño, se convirtió pronto en una pequeña tragedia familiar que el niño captó con repulsión y algo de miedo. Una tarde, leyendo en mi rincón, oigo cómo viene gritando hacia mí. Pongo atención alarmado y lo veo llegar con el pantalón bajado y las heces resbalando por sus piernecitas hasta la alfombra. Con ojos muy abiertos y una sonrisa radiante me anuncia «¡abuelo, he hecho caca en el váter!». ¡Tenía que decirlo! Era importante contarlo. Más que otra cosa, comunicarlo. No le importaba el desastre. A mí tampoco. Lo celebré con él como la obra más importante del mundo.

    Comunicarlo. Ese es el misterio. Que alguien lo sepa. No importa lo que opine ni lo que reporte. No es un beneficio para ese alguien sino para nosotros mismos. No comprendí a Dominguín pero sí aprendí de mi nieto la satisfacción de comunicar lo que se considera importante.

    ...Y al leerlo también se siente que es importante decir lo que uno sintió o, sencillamente, pensó sobre lo escrito, para que fluya la comunicación.
    Si uno siente la necesidad de comunicar y después sigue el silencio, es como hablar solo; creo que "el porqué escribimos" alcanza su razón cuando se recibe una respuesta y, en menor medida, cuando se sabe que alguien nos lee.

    No estoy de acuerdo con la distinción que haces entre el escribir y otras actividades creativas. En todas hay una necesidad de comunicación, aunque uno diga: "lo hago para mí, como necesidad del espíritu", llega un momento en que quedarnos con nuestra obra a solas durante meses, o años,acaba por producir un vacío que mata la creación.

    Un placer leerte porque me promueves conversación, comunicación en la que se airean mis pensamientos.

    Saludos.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado mayo 2013
    Alhaken II escribió : »
    Quiero prender, de entre los sueltos caballos gongorinos, uno suelto que luzca por sus lozanos relinchos y sus fuertes cernejas, que busca el verde entre la sangre, para que te lleve conmigo, cautiva, por los algarves...

    Azules, violetas, ocres, rojos....¡sí! más bien rojos.

    Ahora que el foro sestea -y puede que tú también- quiero detenerme en el excelente romance de Góngora que te ha inspirado este comentario y que es, entre los romances moriscos, de mis preferidos: "Entre los sueltos caballos".
    Un canto a los sentimientos universales que hermanan a los hombres por encima de prejuicios religiosos y rivalidades políticas: tolerancia, sensibilidad ante el dolor que causa la ausencia del amado o amada.

    Yo te dedicaría estas estrofas:

    «Gallardo moro, le dice,
    Si adoras como refieres,
    Y si como dices amas,
    Dichosamente padeces.

    »¿Quién pudiera imaginar,
    Viendo tus golpes crueles,
    Que cupiera alma tan tierna
    En pecho tan duro y fuerte"?
    ***********
    Estas son algunas de las contradicciones del corazón humano: duro por fuera, tierno por dentro y, a veces, me desconciertan.

    Y me pregunto sin llegar a comprender:

    "Que tan tiernamente llore
    Quien tan duramente hiere",

    Y me despido con estos dos versos del romance:

    »Anda con Dios, sufre y ama,
    Y vivirás si lo hicieres",

    mientras cabalgo, cautiva ,en tu caballo de "lozanos relinchos y fuertes cernejas".

    BESOS
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado mayo 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Ustedes escriben para que yo me divierta, como me gusta verlos juntos :)
    Te veo en tu butaca; tus manos atareadas en tu regazo haciendo punto de croché; arriba, tu boca inclinada en la labor esbozando una sonrisa inteligente.Tus ojos se levantan de cuando en cuando vigilantes del café que pugna por salir allá en el fuego.

    Piensas en nosotros, «¡pobres adolescentes enamorados!».
    Ya ves..., y nosotros encantados.
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado mayo 2013
    Jockercyto escribió : »
    el por qué yo escribo es muy sencillo. yo no hago filosofía para explicar un asunto. escribo porque soy creador.
    ¡Coño, Jockercyto! Me asombraste al banalizar una sensación, que muchos cuestionamos, al decir "es muy sencillo". Pero me decepcionaste de inmediato al leer su base argumental: "porque soy creador". ¿Qué tendrá que ver el culo con las témporas? —digo yo—.
    Filosofar, contar, componer, pintar..., todas son facetas producto del intelecto creativo que se expresan, unas veces hablando, otras pintando o esculpiendo, otras escribiendo ...y así. Se puede crear sin escribir, también escribir sin crear.

    A propósito, te brindo una creación que acabo de escribir que, siendo un relato de ciencia ficción, es también filosofía. Se llama "Seda". Ya me dirás qué te parece.

    Un saludo.
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