Acabo de escribir un cuento. ¿Y ahora qué?, me pregunto. Acabaré archivándolo como los otros y, dentro de un tiempo, cuando surja un hecho que merezca un pensamiento, haré otro, y otro... Como mucha gente, supongo, tengo la necesidad atávica de escribir lo que pienso y encuentro satisfacción en hacerlo, pero, al final, me queda una sensación de vacío que no se explicar.
La creación de cosas, pintar, modelar, operar..., ha sido una constante en mi vida y he creído que la elaboración de algo nuevo, desde que lo concibo hasta que lo hago —pasando por el diseño, la preparación y la propia ejecución—, es una satisfacción en sí misma, sin que deba tener trascendencia obligatoriamente. Pero escribiendo es distinto. Al terminar un escrito siempre me asalta la pregunta ¿qué le falta a lo que he hecho?
Supongo que será un tópico para el escritor experimentado, más si es profesional. Él sabe que ahí comienza una andadura que, envuelta en otra actuación —la edición—, concluye en la publicación, y tiene su cumbre en la conexión con el lector, su otro yo, buscando unos fines concretos y definidos: económia y/o de prestigio. Pero no es mi caso. No preciso ninguno de los dos — repito, ninguno de los dos—, ¿qué es lo que echo en falta, entonces?
Circula, hace tiempo, una anécdota del torero fallecido Luis Miguel Dominguín en la que se refería a su puntual relación amorosa con la actriz Ava Gardner. Contaba él que, en el mundo taurino y de farándula en el que vivía, conoció a la bella actriz a través de su amigo Ernest Hemingway. A una “devorahombres”, como se la consideraba, no tardó en provocar su apetito un joven torero apuesto, mujeriego y libertino. Al amanecer de una noche de amor, Luis Miguel salió de la habitación y bajó a la cafetería del hotel en que se alojaban buscando alguien a quien contarle su aventura. Mereció más la pena —comentó— contar lo extraordinario del caso que saborear un despertar lujurioso con la mujer más atractiva que ha dado el cine.
También a mi nieto le pasó algo parecido. Pasaba el tiempo y seguía defecando en el pañal. La obsesión de los mayores por forzarlo a utilizar el baño, se convirtió pronto en una pequeña tragedia familiar que el niño captó con repulsión y algo de miedo. Una tarde, leyendo en mi rincón, oigo cómo viene gritando hacia mí. Pongo atención alarmado y lo veo llegar con el pantalón bajado y las heces resbalando por sus piernecitas hasta la alfombra. Con ojos muy abiertos y una sonrisa radiante me anuncia «¡abuelo, he hecho caca en el váter!». ¡Tenía que decirlo! Era importante contarlo. Más que otra cosa, comunicarlo. No le importaba el desastre. A mí tampoco. Lo celebré con él como la obra más importante del mundo.
Comunicarlo. Ese es el misterio. Que alguien lo sepa. No importa lo que opine ni lo que reporte. No es un beneficio para ese alguien sino para nosotros mismos. No comprendí a Dominguín pero sí aprendí de mi nieto la satisfacción de comunicar lo que se considera importante.
Comentarios
Casi del todo de acuerdo con lo que escribes. Y digo casi, porque a mi modesto parecer, es así para todas las artes.
Ya sea mediante un suave susurro o gritándolo a los cuatro vientos, en inglés o español, al óleo o al aceite, en hierro o piedra, lo importante es comunicarlo.
A veces ni siquiera importa demasiado cómo lo haces; la musicalidad, la sintaxis, la adjetivación, la técnica del pincel o el martillo, la tonalidad del color, la afinación, la simplicidad, la complejidad, no tienen demasiada importancia.
Lo que verdaderamente tiene valor es decir, cantar, escribir, esculpir o pintar aquello que, para quien lo hace, tiene vital importancia.
Quién lo reciba, o cuántos lo reciban no importa.
Basta con que un solo ser lo perciba.
Pero en ese preciso momento, es cuando se establece la comunicación.
Saludos
PD. Y también en la vida, eso es lo único que verdaderamente cuenta.
Bueno... No en vano, el arte no es otra cosa que una representación de la vida. Y una de sus infinitas manifestaciones...
Pinto desde pequeño y los pocos que me han visto pintar, algunos artistas de reconocido prestigio, alaban mi forma de hacerlo al tiempo que me fuerzan, a veces airadamente, a enseñar y exponer, pero nunca lo he hecho: no he necesitado hacerlo. Para mí, la pintura es disfrutar mientras pinto y lo haga en función de mi esquema de belleza y perfección. Cuando no disfruto, dejo de pintar. Empieza y acaba en mí.
Escribiendo no es así: Empiezo y, cuando acabo, falta algo, falta el otro que completa el escrito para disfrutar. Quizás sea una cuestión de fondo y forma, no lo se.
Y sí, la comunicación es necesaria en la vida, pero la contemplación, la creación y el pensamiento, donde es imprescindible la soledad, también lo es.
Gracias por comunicarte conmigo... y hacerme disfrutar.
Te saludo.
Gracias por opinar, Arrowni.
Estoy de acuerdo con varias de tus manifestaciones en este escrito. Escribir para mi es un acto de comunicaciòn. Desde luego puedes escribir solo para desahogarte o para aclarar las ideas pero cuando decides mostrarlo ya se convierte en un acto de comunicaciòn.
Desde luego puedes escribir para ti mismo, como algunos afirman que deberia ser pero entonces luego alcanzaria con guardarlo en un cajon.
No nos sucede eso a los que publicamos aqui o en cualquier medio.
Supongo que si escribimos y decidimos mostrarlo buscamos compartir nuestras ideas, sentimos que tenemos cosas que decir, que aportar, aunque solo se trate de un goce estètico.
Y desde luego, gustar o no, que siempre es mejor gustar no es tan importante como el feed back que se establece con los que leen y comentan y que luego nos aporta otros puntos de vista. Y eso es importante para crecer.
Y por cierto estoy absolutamente de acuerdo en que lo importante no solo es como se dice sino lo que se dice. He visto poemas primorosos en cuanto a la forma de decir y a la calidad en cuanto recursos tecnicos y completamente vacios. No esta eso dentro de mis preferencias. Que la literatura como todo arte es manifestaciòn del espìritu humano y por tanto importa en tanto que comunica las flores que este puede producir, aunque sean flores de extraña belleza.
Gracias por poner el tema sobre la mesa. Siempre me resulta sumamente interesante.
Un abrazo desde Montevideo, Uruguay.
En cuanto a lo estrictamente técnico nomás nos haríamos bolas, pero sí, creo que entiendo y entiendes el fondo de lo que el otro dice. En el contexto es lo importante
No obstante, en una de tus respuestas a comentarios dices que el QUÉ es más importante que el CÓMO y en esto difiero. Escribir es el arte de la comunicación y el cómo se haga interviene en la intensidad de transmisión. Es más, a veces, un "cómo" bien pulido hace pasar mensajes mediocres.
Claro que valoro más el contenido, pero los materiales del "cómo" también me dicen cosas.
Mi afecto por tus "qués" y tus "cómos".
Sinrima.
Personalmente pienso, al leer tu trabajo, que eres un gran narrador, sabes contar historias y sabes transmitir emoción. Me he sentido casi llevada de la mano y he visto claramente ante mi la escena descrita con tu nieto.
Gracias por haberlo compartido.
Es en mi contestación a Arrowni (sí, creo que nos entendemos, Arrowni), deslicé una opinión que nada tenía que ver con su valoración escritor/lector: el qué escribir y cómo hacerlo. Fue sin intención pero ya que surge el debate, debo comentarlo.
Creo que tienes razón Serrana: el qué es primordial; si no hubiera un qué, la comunicación no tiene sentido..., aunque, efectivamente, hay gente (y yo conozco a algunos) que son capaces de decir nada en cinco idiomas. Pero, como opina Sinrima, el cómo no le va a la zaga: aporta matices imprescindibles para la construcción del mensaje.
Mira, Serrana, lo que dice "ojos verdes", una copla de mi tierra:
"Serrana, ¿me das candela?
y yo te dije.
—¡Gaché!, ven y tómala en mis labios, que yo fuego te daré".
El qué, la petición de tu tocaya de que un hombre encienda su cigarrillo, se convierte un una sugestiva invitación sensual por el cómo lo dice. El atractivo mensaje no tendría el mismo sentido sin esa particular forma de decirlo.
O para ti, Sinrima, una soleá flamenca:
"Tu calle ya no es tu calle
que es una calle cualquiera
camino de cualquier parte".
Un qué, galimatías callejero de solo tres frases apenas entendibles, se transforma en toda una historia de amor y despecho por el cómo se dice. Esto no solo es comunicación, esto es también poesía..., el lenguaje de los dioses.
Otro abrazo a los tres desde mi Mezquita, y un recuerdo afectuoso para mi colega, amigo y maestro Raul Praderi, ¿montevideano? y uno de los mejores cirujanos de la América hispana.
Qué bonito escribe usted.
Necesitaba comunicarlo...
Saludos!
¿Qué pasó Regísima, de "hermoso", tan próximo, pasaste a "usted", tan distanciado? (es broma).
Hoy día todo el mundo habla de "tu". No es falta de respeto, son nuevas costumbres que tratan de igualar incluso a los no iguales. A la gente mayor les gusta porque se sienten menos mayores, pero uno echa de menos esa muestra de consideración que es el "usted", sobre todo cuando viene acompañado de ese calificativo tan propio del lenguaje poético hispanoamericano, "bonito", que suena mucho mejor que "qué bien escribes".
Parece que estoy leyendo a Jardiel Poncela: "Señorita, tiene usted ojos de mujer fatal".
¡Me gusta!, Regísima. Gracias por el piropo.
Y es un placer compartirlo contigo.
Jajaja... no es distanciado el "usted": por lo menos aquí, el uso -precisamente- indica cercanía (cuando las frases son amables).
De la misma manera, "bonito" no es una verdadera apreciación; por lo que lo mío no pretendía serlo, sino reforzar la cercanía del "usted".
Buen día.
Bueno, si esto va para mí, te agradezco.
Saludos!
Creo que iba para mi, Regísima, -a ti ya te había contestado-, por lo que además agradezco a Alhaken II y le recambio el honor.
Una abierta, con desparpajo, fina ironía, inteligente.
Otra sencilla, profunda, melancólica, con sentido del humor.
Canta "El Cigala", con el piano de "Bebo" Morales:
"...Lo que quisiera saber
cómo se pueden querer
dos mujeres a la vez
y no estar loco".
Gracias, mis escritoras preferidas (junto a Sinrima y Serrana).
Cuando era pequeña me gustaba ir en los asientos de atrás del autocar.Me divertía ver el tráfico y hacer alguna mueca a los conductores más próximos.
Gracias por ese paréntesis.
Saludos.
Sinrima
Gracias, Hermosa.
Una disculpa por no haber entendido la estructura del hilo.
Saludos!
(Ya decía yo: "¿y dónde leyó alguno de mis guiones?")
Esta tarde sentí la nostalgia de tus antiguos relatos y la comunicación que fluía después de leerlos.
Hoy vuelves a cautivarme con tu prosa que, en algunos tramos se hace poema por su belleza expresiva.
Ya no escribes tanto.¿Es que ya no sientes necesidad de comunicarte? ¿O es que ya nada te parece importante?
Sigo esperándote.
...de colores
Tengo actualizada la eterna pregunta que late en el escrito. Nuevas reflexiones me han llevado a paisajes metafísicos difíciles de describir en la distancia. Quizás algún día me faje y emprenda el sacrificado camino de exponer extensas parrafadas sin que se aburran mis lectores.
Azules, violetas, ocres, rojos....¡sí! más bien rojos.
Me gustaría leer tus pensamientos y sentimientos metafísicos.No dejes pasar el tiempo. Yo te espero impaciente.
De todos esos colores, con predominio del rojo.
BESOS
creo unos personajes "reales" y los muevo en una sucesión de actos apropiados para cada uno de ellos. creo un pueblo en donde moverlos.
creo una realidad para ellos. como ven es todo creado.
no me siento vacío al terminar una obra. sino satisfecho si merece ese sentimiento, sino pues me aguanto ejejeje
un saludo
Yo diría algo muy parecido a lo ya dicho: es una necesidad de comunicar algo a los demás y es tan importante lo que se dice que cómo se dice. Pero, digamos que un qué puede existir sin el cómo, mientras que el cómo quedaría vacío sin un qué interesante.
Saludos.
...Y al leerlo también se siente que es importante decir lo que uno sintió o, sencillamente, pensó sobre lo escrito, para que fluya la comunicación.
Si uno siente la necesidad de comunicar y después sigue el silencio, es como hablar solo; creo que "el porqué escribimos" alcanza su razón cuando se recibe una respuesta y, en menor medida, cuando se sabe que alguien nos lee.
No estoy de acuerdo con la distinción que haces entre el escribir y otras actividades creativas. En todas hay una necesidad de comunicación, aunque uno diga: "lo hago para mí, como necesidad del espíritu", llega un momento en que quedarnos con nuestra obra a solas durante meses, o años,acaba por producir un vacío que mata la creación.
Un placer leerte porque me promueves conversación, comunicación en la que se airean mis pensamientos.
Saludos.
Ahora que el foro sestea -y puede que tú también- quiero detenerme en el excelente romance de Góngora que te ha inspirado este comentario y que es, entre los romances moriscos, de mis preferidos: "Entre los sueltos caballos".
Un canto a los sentimientos universales que hermanan a los hombres por encima de prejuicios religiosos y rivalidades políticas: tolerancia, sensibilidad ante el dolor que causa la ausencia del amado o amada.
Yo te dedicaría estas estrofas:
«Gallardo moro, le dice,
Si adoras como refieres,
Y si como dices amas,
Dichosamente padeces.
»¿Quién pudiera imaginar,
Viendo tus golpes crueles,
Que cupiera alma tan tierna
En pecho tan duro y fuerte"?
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Estas son algunas de las contradicciones del corazón humano: duro por fuera, tierno por dentro y, a veces, me desconciertan.
Y me pregunto sin llegar a comprender:
"Que tan tiernamente llore
Quien tan duramente hiere",
Y me despido con estos dos versos del romance:
»Anda con Dios, sufre y ama,
Y vivirás si lo hicieres",
mientras cabalgo, cautiva ,en tu caballo de "lozanos relinchos y fuertes cernejas".
BESOS
Piensas en nosotros, «¡pobres adolescentes enamorados!».
Ya ves..., y nosotros encantados.
Filosofar, contar, componer, pintar..., todas son facetas producto del intelecto creativo que se expresan, unas veces hablando, otras pintando o esculpiendo, otras escribiendo ...y así. Se puede crear sin escribir, también escribir sin crear.
A propósito, te brindo una creación que acabo de escribir que, siendo un relato de ciencia ficción, es también filosofía. Se llama "Seda". Ya me dirás qué te parece.
Un saludo.