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Después de ti

kristinakristina Pedro Abad s.XII
editado diciembre 2009 en Narrativa
Te dejé allí plantado, solo ante la mesa, y con paso firme salí del local. Nunca lo habrías imaginado y tu cara lo delataba. Pero, créeme, mi sorpresa era aún mayor.


A pesar de disponer de todos los datos desde tiempo atrás, inconscientemente, había estado dislocando el lugar de las piezas: no quería resolver el puzzle. Me asustaba el resultado y, como una niña, me escondía en el armario de los juguetes y tapándome los ojos con las manos, pensaba "no estoy".


Tu error de cálculo acabó con el juego infantil; forzaste el nacimiento de la mujer. Y, como es propio, nació con llanto y dolor.


Sé que nadie lo habría dicho al verme andando hacia la puerta. Pero, mi aparente entereza se esfumó cuando me encontré dentro de un taxi.


Después, sobre mi cama, la que habíamos compartido poco antes, lloré, a gritos unas veces y en silencio otras, durante horas.

Comentarios

  • kristinakristina Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    II


    El teléfono había estado sonando sin parar, más tarde me di cuenta de ello, pero fue el zumbido del timbre de la puerta lo que me hizo reaccionar.

    Después de unos instantes de desconcierto, opté por no abrir; no me sentía capaz siquiera de comprobar quién llamaba. Pero, no tardé en constatar que no iba a ser nada fácil: Mi visitante no se daba por vencido y su insistencia terminó por hacerme cambiar de opinión.


    Mientras trataba de arreglar un poco mi aspecto, se me ocurrió que podías ser tú quien llamaba; que, tal vez, consciente de tu equivocación, venías a recobrar la presa con tu método infalible: rodearme con tus brazos, sofocar mis palabras con tus besos, someter mi cuerpo con ásperas caricias hasta que cada micra de mi piel se estremeciera de deseo.

    Hoy no puedo evitar una sonrisa al evocar ese momento. ¡Qué ingenuidad la mía! Todavía a esas alturas no había comprendido que sólo eras vanidad y yo la había dejado triturada, antes de que nos sirvieran el segundo plato, sobre la mesa de tu restaurante favorito.
  • kristinakristina Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    III


    Al abrir la puerta, me sorprendió su presencia y me inquietó su gesto. Un hombre, de unos 30 años, con semblante angustiado y mirada incrédula me extendía la mano, a la vez que se presentaba como Ferran.

    ¡Qué horror! Había olvidado por completo su existencia y mi compromiso.

    Ferran estaba de paso y un amigo común me había pedido que lo recibiera. Tal como él relataba atropelladamente, habíamos quedado en vernos esa tarde en un café cerca de su hotel. No aparecí, no contestaba al teléfono. Se intranquilizó hasta tal punto que consiguió mi dirección. Y allí estaba, aliviado ya, porque mi ausencia sólo respondía a un olvido (que no fui capaz de disimular).

    Me disculpé torpemente. Aunque intenté inventar, lo reconozco, un motivo que justificara mi comportamiento y mi aspecto, no lo conseguí. Su mirada me desarmaba y, a la vez, algo por completo inédito para mí, me confortaba.

    Tras uno de esos diálogos que han dado en llamar de besugos, me apresuré a meterme bajo la ducha, mientras dejaba a mi inoportuno amigo en el salón con unas cuantas revistas de urbanismo entre las manos, la voz de Chico Buarque recorriendo los rincones de la estancia, y una copa de ron... por si consiguiera el milagro de hacerle olvidar las peripecias de nuestro encuentro.
  • kristinakristina Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    IV

    Antes de salir de casa propuse a Ferran ir a cenar a un sitio tranquilo donde poder charlar.

    Delicadamente rehusó mi propuesta:
    Y ¿qué te parece, me dijo, si en vez de una cena formal nos tomamos unas tapas?.. He visto que por aquí hay bares donde son estupendas.

    No me encontraba en condiciones de rebatir nada. Y en vez de reservar una mesa en un lugar especialmente diseñado para un vis-á-vis, nos adentramos en un torbellino de gente guerreando a codazos para alcanzar al camarero; compartiendo bromas, risas y brindis con los "enemigos".

    Y descubrí que un aspecto esencial del conocimiento del otro es su relación con los demás. Sólo en ese momento fui consciente de que me habías ocultado esa perspectiva durante todos aquellos años.

    Entre risas y comentarios absurdamente hilarantes, unas veces a solas y otras compartidos, pero siempre abrazada por su mirada, pasaron las horas imprescindibles para que pudiera volver a respirar por mí misma.


    Me dejó en casa, con un beso en la mejilla y la expresión, tierna y profunda, de su deseo de que descansara: una tenue caricia en mi pelo, un susurro con la voz quebrada.
  • kristinakristina Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    V


    Tuvo que pasar el tiempo, ese viejo y eficaz remedio de dolores, antes de encontrarme de nuevo con Ferran.


    Aparte de las comunicaciones debidas por Navidad, cumpleaños y otras fiestas de guardar, yo había tenido noticias de su excelente trayectoria profesional, de su impecable desenvolvimiento social, pero nada sabía de él.


    El azar o el deseo, inconsciente o no tanto, me llevó en viaje de trabajo a su lugar de residencia, y le advertí de ello.


    Creo que nada, nunca, me ha sorprendido de igual modo: su mirada, a pesar del tiempo transcurrido, era la misma: limpia, directa, abrazándome al recibirme en el aeropuerto.


    No se había olvidado de mi existencia ni de su compromiso.


    Cenamos en su casa, en un entorno vis-á-vis, diseñado para la ocasión: flores en la mesa, la música de Brahms envolviéndonos, un exquisito Ribera para acompañar.


    Pero, nada de todo ello hubiera valido un instante en el recuerdo, si no hubiera estado él.


    Ferran y su mirada delatora. Todo desaparecía ante ella: Un abismo de ternura que reclamaba que perecieras en él.


    Era tan fácil acercarse, pedirle con los ojos que te estrechara entre sus brazos, besar sus labios dulcemente, sentir la respuesta de su sangre, acariciar su cuerpo hasta que cada micra de su piel implorara...


    Así fue como él, ni vencedor ni vencido, únicamente amante, me hizo sentir la extrema dulzura del amor.
  • omar canoomar cano Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    Que hermoso relato, la verdad me encanto.
    Con que suavidad tratas las situaciones y que censillo describes a los personajes, dejándonos que imaginemos aun mas de lo que dices.

    Gracias por escribir.
  • kristinakristina Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    Mi sincera gratitud por tu generoso comentario, Omar.

    Un abrazo.
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