Caen los minutos, como gotas de rocío,
mientras la vida se consume ajena a mis deseos,
desaparece en el infinito.
Agotándose en
no estar, apurando cada segundo,
no ser, porque estás ausente,
no amar, pues sólo me queda acariciar tu recuerdo.
Desaparecer:
un verbo con el que día a día me familiarizo.
Y aun así, me vence la rebeldía,
porque deseo consumirme en tu mirada,
caer lacerada por tus palabras,
perder el hálito entre tus brazos.
Elegir el sujeto pasivo de la crueldad:
¿hablamos de amor?
Se atropellan las imágenes a través de los cristales,
y la impaciencia se transmuta en pánico.
¡¡No!!
No, no quiero llegar.
Todavía no.
Quiero saborearte unos momentos a solas.
Momentos,
en los que sé que tú, mi amor,
sin posibilidad alguna de retenerme,
ansías mi llegada
y yo podré, por última vez,
hacer el milagro:
Seré tuya.
Comentarios
El uso del infinitivo enfatiza los sentimientos que nos llegan con todo su peso, y sin despesonalizarlos. Muy acertado.
Saludos,
Shai
Gracias, Dixie.
Un abrazo
Gracias por tu comentario, Shai.
Y aprovecho para felicitarte por la elección de tu firma.
Un abrazo