Lo que buscaba era la burla de
mi miedo.
También el centro del vacío por carta.
Lo que buscaba era el dinero robado en
la cómoda del hotel, donde todos habían mirado
antes ya hasta las huellas.
Y allí donde siempre hubo cigarrillos humeando que
se reflejaban hasta el infinito sobre espejos enfrentados
yo buscaba.
Y encontré incógnitas despejadas. Una paloma
despiezada. Un sauce que se enraizaba en un
cristal del que manaban luz y agua.
Y encontré una moneda que se llamaba memoria
en el país del Tiempo Perdido.