¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Fronteras tortuosas

ZombieZombie Anónimo s.XI
editado marzo 2009 en Narrativa
Fronteras tortuosas.


El ser humano dispone de un arsenal increíblemente variado de armas para aniquilarse a sí mismo, no obstante, no es corriente que sea conciente de ello. La velocidad con la que podría acabar con su vida es vertiginosa, la resistencia que alguna vez pudiese oponer se vería quebrantada al instante. Sin embargo, creen gozar de un respaldo celestial al cual aferrarse para obtener una falsa inmunidad; tontos, tontos, tontos.

La vida es débil, la fortaleza se corrompe con facilidad, el malestar se incrementa con voracidad através del tiempo, pero aquellos idiotas parecen ignorar por completo cuan expuestos se encuentran. Simulan un estado de completa negligencia ante las diversas apariciones de la muerte en sus entornos, al mismo tiempo que creen divisar el fin en el lejano horizonte y, bañados por recuerdos agrios y lágrimas contenidas, niegan lo que se encuentra frente a sus narices.

Siempre he sido de fuerte temperamento e ideales firmes, no he de negar que la autodestrucción en todo momento ha logrado cautivar una parte de mí, pero mis agallas para llevarla a cabo acaban siendo torpes. Sin embargo, aún recuerdo cuando el pánico y el dolor se infundieron a una velocidad espeluznante a través de mi cuerpo, sensaciones que jamás olvidaría.

» Me remitía únicamente a ingerir cualquier alimento que fuese de mi interés, todo aquel asunto de la alimentación comenzaba a taladrar mis neuronas con fiereza. Debía de admitir que mi peso se encontraba por debajo del normal establecido, pero ignoraba por completo eso. Mi cuerpo me respondía satisfactoriamente a todas los desafíos que se me planteaban, mi contextura era insignificante a mis ojos, conocía a la perfección cómo influía negativamente la genética en ello.

» Los días transcurrían con suma rapidez, cada semana equivalía a pocos minutos dentro de mi conciencia, pero el regocijo con el que generalmente la gente se abastecía en las vacaciones obligaba a que mi noción de ciertos asuntos disminuyera notablemente. He de confesar que la ingesta de alimentos era menor durante cada comida que se me presentaba, pero un hecho simple hacíase presente, mi hambruna había desaparecido por completo.

» La balanza únicamente me marcaba descensos, ya comenzaba a preocuparme por ello. Pero el mayor signo de alteración se presentó en el mismo instante que un mareo recorría mi cuerpo obligándome a sentarme para no caer inconciente en el suelo, causado probablemente por un golpe. Al momento en el que creía reincorporarme, tan solo recuerdo haber sentido el desagradable sabor de la sangre escalando de a gigantes pedestales mi esófago. Tras varios segundos de jadeos incontrolables, fui conciente de la sustancia viscosa que se presentaba frente a mí.

» Con cada día que transcurría me encontraba con mayor seguridad de haber abandonado aquél suceso extraño que me ocurrió, pero la equivocación cavilaba con fiereza en mis ojos. Cierta tarde, volvió a mi encuentro y permaneció conmigo durante dos periodos de tiempos desmesurados, en los cuales mi masa corporal disminuía notablemente y mi visible asco tampoco perdía ocasión de asistir.

» El tiempo aún así trascurría con voracidad, pero llegó a resplandecer el momento en el cual mi visita al frío hospital se hizo obligatoria, si pretendía seguir con vida. Mi diagnóstico era delicado, desconocido y preocupante, no vacilaron al cederme una habitación allí. El contacto con el mundo exterior se redujo visiblemente, no sabía con certeza cuando sería capaz de abandonar aquél terrorífico lugar… del modo que sea.



Y aún así, me encuentro aquí, intentando sobrellevar mi vista mas allá de las cuatro paredes tétricas y blancas que me encierran, las mismas que me obligan a rememorar hechos, pensamientos y acciones que creía enterrados en mí. Aquellas tenebrosas barreras albinas, que intentan enloquecerme a cada parpadeo y cuya luz sínica me trastorna. Ese asqueroso horizonte carente de color que me domina, me tienta y me adjudica a aborrecer el mundo que me rodea a cada instante que transcurre. Y es por aquellos fatídicos e insulsos muros que ahora mismo mi vida es un infierno terrenal.

Rehabilitación forzosa para cargar con mi vida unos cuantos años más, insulsos pensamientos acuden a mí la mayor parte del tiempo. Sé que soy débil, perdí toda mi fortaleza al dejarme estar en este monstruoso lugar, donde la gente es maltratada mediante agujas, transfusiones de sangre y sonrisas huecas. Y por momentos me siento feliz al pensar que puedo recurrir al suicidio gracias a la ventana que se encuentra a un lado de mi cama, pero no abandonaré mi lucha, no, no; estas sucias y derruidas fronteras pálidas no gozarán el privilegio de saber que gracias a ellas he perdido mi salud mental… ni mi vida.


-x-x-x-x-x-
Espero que sea de su agrado.
Estoy abierta a todo tipo de críticas (:

Comentarios

  • revuerevue Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2009
    Muy angustioso lo que relatas, cómo podemos acabar así... enhorabuena.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com