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Un suicidio de rocas en el templo

Ali Al HadedAli Al Haded Anónimo s.XI
editado marzo 2008 en Narrativa
Camina un vagabundo rumbo al templo. Siente el cansancio de sus años y vierte una lágrima de sudor. Se detiene a mirar el paisaje. Piensa en la cantidad de veces que estuvo a punto de renunciar. Se ríe. Saca de su mochila una flauta y esboza una melodía triste. Los pájaros se aproximan al vagabundo y éste le convida de su pan, ahora el otoño está cerca y los árboles se desnudan poco a poco. La paz que denota en sus ojos el hombre, lo redimen de toda culpa.

De pie,
las catedrales, lloran
el rapto sigiloso de sus cúpulas
entre un concejo adusto de vitrales

mientras un avaro sino engarzado en sus columnas
devuelven entre ornamentos un apócrifo eructo de medievales.

¡Ya se oye en la letanía la música de fondo de un organito!

De pie, los hijos de las rocas se entumecen;
(¡Héroes colosales de otros mitos!)

y sus labios en escaleras de caracol se retuercen
para siempre
en un beso tímido de despedida
sobre un quebranto de mármol.

Un punto de inflexión que rebota y la técnica.

El “yo”, enjaretado entre cruces y dogmas
y la secreta alcoba del prior
de la cual -nada dicen los curas-

Ingenua forma te sustenta cadáver
(Cartílago y esqueleto)
Duros pensamientos te dan vida
(estrías y músculos)
Se inflaman tus venas con espíritu
de azúcar y sal
(corazón late una sinfonía, luego, una endecha)

y entre aullidos distantes de lobos y ritos comunes
Abandonas el cuerpo
para dilatar tus noches sin lunas

(Terquedad de matices y cementerio)

"sin arrepentimiento no hay absolución de pecado"

-la perspectiva es del arquitecto-

"sin remordimiento no hay beatificación para ti"

¡Sólo hay pendiente una tonelada de escombros
y una lápida para tu alma!

De pie,
las catedrales, lloran
el rapto sigiloso de sus cúpulas
entre un concejo adusto de vitrales

mientras un avaro sino engarzado en sus columnas
Devuelven entre ornamentos un apócrifo eructo de medievales.

El vagabundo se apea y sigue su camino, hay gente más pobre que él que merece su hospitalidad (así lo dicen los pájaros) El templo seguirá atado a su destino y la roca caerá al amanecer en un tsunami de estrellas; mas aquél hombre caminará entre nosotros predicando el evangelio.

Comentarios

  • editado marzo 2008
    Me has dejado sin palabras y con un montón de dudas. ¿QUIÉN ES ESE VAGABUNDO?
    Tengo una sospecha, ya que el único que puede predicar el evangelio es Cristo o un discípulo suyo.
    Muy profundo tu texto.

    María
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