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Finalmente me entregué

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado 15 de agosto en Erótica



Finalmente me entregué 

Desde siempre había pensado que cuando se tienen relaciones sexuales con uno son para toda la vida con el mismo, y ese mito lo desmitifiqué en mi primera vez.

Nos conocimos meses atrás, pero la atracción era demasiado grande en los dos. Cinco de las seis citas acababan en un NO por mi parte. No podía, todo me recordaba un pasado oscuro en el que había vivido mi madre e incluso de mi abuela.

Pero ¿qué puedo decir del pasado? Hasta hoy me tiene atrapada en sus garras con sabor a droga, con ojos humeantes de pasión y con lengua verdosa de mentiras. Era una niña, pero me había “tocado” mi padre, y me había quitado mi inocencia. Nunca lo vi más, y eso se lo agradecí de por vida a mi madre. Ella me había salvado de algo peor.

Pero “ocurrió” por fin en la sexta cita. Por parte de él no hubo Amor, ni bondad, ni comprensión. No fue como yo esperaba. Es una verdad catedral que todo lo relacionado con el sexo es un mito..

Sus manos manoseaban mi cuerpo, sus labios se enredaban en los míos, mientras nuestras salivas se convertían en una. Le quité la ropa con timidez. Él tiró de la mía como si fuese lo normal. Verlo desnudo no me causó miedo, ni dolor, ni risa tampoco. Verme a mí desnuda me pareció una ilusión.

No tuvo ternura, no jugó con mi sexo, sólo me poseyó y me rompió el himen, sin escrúpulos. Me dolió. Nunca nadie había penetrado mi hendidura secreta, hasta ahora.

—¡Ay, me duele! -susurré-. ¡Por favor, un poco de delicadeza!

Pero aquello fue una pesadilla, un horrible padecimiento. NO le había dicho cinco veces pero no eran autoritarios. Me oía, pero no me escuchaba; ciego de placer, como un animal. El malestar era insoportable, sin embargo, un ápice de gozo rodeó mi ser. Pero mis sentidos se nublaron y le pedía más. Mordí sus labios, como si fueran el único alimento que hubiera comido en años. Rasguñaba en su espalda y gemía en su oído izquierdo.

Pero súbitamente me quedaba inmóvil. Ni podía ni quería hacer nada. El dolor era insoportablemente placentero.

Traté de apartarme, pero su tieso y grueso miembro no salía de mi vagina. Seguía con ansia de dominar mi cuerpo a su gusto, a su puto antojo. Traté de liberarme de sus garras, de sus brazos, pero era más fuerte que yo. Jamás había comprobado, hasta ahora, la fuerza física que tenía para todo.

Me metía lo metía  y me lo sacaba sin piedad, sólo él dándose placer. Pero mi malestar, dulce y amargo, era cada vez más intenso.

Había cedido yo a sus violentos movimientos. Él estaba estático sobre mí. Algo me decía que había acabado todo, que ese martirio placentero había culminado, y con él el mito de la primera vez. Todas mis barreras habían caído. Todos los tabúes habían quedado hecho añicos. Por fin, me hacían mujer.

Y lo que es el súbito deseo del sexo, ahora sólo quiero volverlo a ver para acostarnos todas las veces que se le antoje, aunque la ternura y el Amor brillen por su ausencia. No estoy enamorada de él, pero mi vagina se ha enamorado de su pene.



A Chávez López
Sevilla ago 2026

 :)
 
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