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Réquiem can in pace, manzanita

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

Réquiem can in pace, manzanita

Una niña de cinco años sale a su jardín y ve una manzana en el suelo. La coge y la mira. Alza la vista y recorre las largas ramas del manzano. Mentalmente imagina desde qué punto ha podido caer. Deja de nuevo la manzana con cuidado sobre el suelo, la mira una vez más, se da media vuelta y se va

Vuelve a los cinco minutos con un pegamento y un pincel, y ambas cosas las deja al lado de la manzana, y otra vez se va.

Vuelve de nuevo portando, como buenamente puede, una escalera. Paso a paso la descarga y la levanta hacia el árbol, con lo que queda apoyada en una rama. Sonríe, satisfecha. Se vuelve y se sienta junto al pegamento y la manzana. Coge el pincel, abre el bote, levanta la manzana y empieza a embadurnarla en la parte superior. Decidida, se aúpa y se da la vuelta y se va hacia la escalera. La sube con precaución y tranquilidad, alargando la mano con la manzana. A la altura de la rama, lleva la mano y logra pegar la manzana. Baja el camino de escalones. Una vez abajo, mira orgullosa su buena obra, pero sus ojos siguen el trayecto de la manzana, que de nuevo cae al suelo, ¡plof!

Nuestra niña ha regresado al jardín, y la manzana no se ha movido del sitio en que cayó. Trae ahora un rollo de cinta adhesiva en la mano, reluciente al Sol. Coge otra vez la manzana, vuelve a subirse en la escalera y, manzana en boca, desenrolla una larga tira de cinta que la pasa por encima de la rama. Con presteza, cruza el rollo a la mano, como si fuera un aro, y coge la manzana. La pone y empieza a envolverla con la cinta para dejarla pegada, muy cerquita de la rama. Acaba su nueva tarea y empieza a bajar. Ya abajo, se para, mira y sonríe, y ahora no sólo satisfecha, también feliz

El jardín se afecta por diversas meteorologías de los días y las noches, lluvia incluida.

De pronto, surge una noche de truenos y relámpagos, y otra noche donde una estación se ha confundido de época.

La pequeña vuelve de nuevo al jardín y ve algo tirado en el suelo. Le cuesta identificar que es su querida manzana, recubierta con una cinta sucia y desgastada. La manzana está de otro color. Eso le preocupa. La coge con sumo cuidado con ambas manos.

Una manzana encima de una almohada, tapada entera con una manta. En la mesilla hay un vaso con agua y una medicina que burbujea. La niña está a su lado, en su mano un termómetro, que hinca en la manzana, lo que hace traspasarla. Espera un poco y saca el termómetro. Lo agita y lo mira. Parece confusa. Coge un libro, lo abre, lo hojea y lo ojea; se intranquiliza. Se queda junto a la manzana con la cara tapada con las manos, ahogando sollozos.

En un jardín de una casa de campo, un niña de cinco años y una pala usada terminan de enterrar una manzana. Lágrimas escapan de los ojos de la niña. Una pequeña cruz, hecha con palillos pegados con pegamento figura donde la tierra ha sido removida. La niña se marcha con la cabeza gacha.

Pasan más efectos meteorológicos, tantos que se pierde la cuenta.

Pero la meteorología se cansa de discurrir.

Entre yerbas, donde cuentan que ha habido palillos pegados, un brote ha surgido de pronto y ha conocido por primera vez al rey Sol, lo que se puede interpretar que la voz de una niña, de sólo cinco años, pero amante de la Naturaleza, ha ido rogando desde su corazón. Éste no será el único Sol que conocerá y con ellos su vida compartirá.


A Chávez López
Sevilla ago 2026

 :)
 

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